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HISTORIAS, RELATOS & DISQUISICIONES

Lamento de María Magdalena


 

Y María Magdalena, loca de dolor, viendo al amado doblar, luego del tormento, su cabeza y morir, exclamó: “¡Oh, amado mío, que mueres solitario y abandonado!Te compadezco, pobre de tí!, has sido un iluso! ¡Hasta Lázaro, aquel que rescataste de los brazos de la Muerte, ha huido de tí!

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Homenaje a GABO-17 abril 2014


Me hiciste ver que la hojarasca movida por los vientos del tiempo es eso, materia arrastrada por las circunstancias, que viendo hacia atrás, pareciera dejar un rastro de destino prefijado, aun cuando el coronel no tiene quien le escriba, ni aun en esa mala hora de los funerales de la Mama Grande, omnipresente, todopoderosa, sembrando en las conciencias esos cien años de soledad, cuando se quedaba Isabel viendo llover en Macondo, recordando el relato de un náufrago y aquella sucia, la increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y de su abuela desalmada.

Que te enrostren: ” Eres el únGABOico hombre que, al despertar, no recuerda nada de lo que ha soñado” por tus ojos de perro azul o que no sepas nada, hasta que un caballo te patea en la frente, y oyes que el negro que hizo esperar a los ángeles te dice que la peina que buscas hace 15 años que ha desaparecido y sientes esa nostalgia que te hace desear cuando eras feliz e indocumentado.

Sabes que has llegado al fin, o al preludio del fin, a un otoño del patriarca, la inevitable crónica de una muerte anunciada donde te angustias, en  aquel  verano feliz de la señora Forbes, buscando el sexto cuchillo que falta para explicarte por qué vuelas de una habitación a otra. Sabiendo que no importa lo que suceda, el amor en tiempos del cólera te dará al fin la oportunidad de vivir lo que anhelas, no importa que sientas lo que un general en su laberinto, como noticia de un secuestro, por la bendita manía de contar o de vivir para contarla más bien, atormentado por lo que llamas esas  memoria de mis putas tristes.

Pero igual, no vengo a decir un discurso, sino como hiciste todo este tiempo, solamente lanzo una botella al mar para el Dios de las palabras.

Se deslizó serpenteante en el delgado cristal


Se deslizó serpenteante en el delgado cristal, mostrando su piel entre dorada, traslúcida y con destellos oscuros, dejando rastros de sus lágrimas descendentes  que raudas, se depositaban brillantes y puras, en el fondo.

Desde allí, ya formado el cuerpo, se inició la fiesta de aromas y fragancias que eran su carta de identidad, que describía su origen, su vida, el resultado de todas sus experiencias pasadas, la promesa de placer que destilaba directo hacia lo más recóndito de los recuerdos y lo más sensitivo del devenir.

Olor de campo, de melaza, a maderas de roble, que llegan en sucesivas y suaves  ondulaciones del aroma de almendras, café, chocolate, vainilla, frutas apasionadas, en un concierto armónico y preciso que te llama a acercar tu boca hacia el delgado cristal que contiene ese preciado tesoro, aun cerrado.

Llega el momento de experimentar su piel, su textura y descubrir si es seda, si es terciopelo, si es ámbar lo que conforma su cuerpo. La lengua acude gustosa al encuentro y se deja envolver por esa corriente de sensaciones e historias.

Luego del contacto, vivir la sensación, fijar  los recuerdos que ha despertado o los nuevos recuerdos que quedarán impresos como parte del momento, disfrutando y aquilatando  el placer de lo sentido.

Y quizás volver a repetirlo.

El elogio del buen ron.

EL HIJO DE STALIN


Está mi cuerpo lacerado por  las aberturas que han hecho las alambradas en mi piel, pero que no llegué a sentir, pues el alto voltaje con el que estaban cargadas, me hicieron perder toda sensibilidad, aunque recuerdo aún el olor de mi propia carne quemada que mi nariz logró percibir por unos instantes relampagueantes.

Tampoco sentí los cuatros disparos que el guarda del campo de concentración de Sachsenhausen dirigió  tardíos  a mi cuerpo, por más que le gritaba: “dispárame, dispárame cobarde, perro nazi” al saltar desde la ventana de la barraca Nº 3 del Campo Especial A, antes de tomar en mis manos la alambrada electrificada. La orden militar les mandaba disparar si alguno de los prisioneros se acercaba a la alambrada en intento de fuga. Pero ¿qué diferencia podría haber entre cuatro balas del Sturmgewehr calibre 7.92 traspasando mi cerebro, y 10,000 voltios calcinando todo mi tejido celular? Así que tuve que lanzarme a la alambrada, harto de todo.

Recuerdo que mi padre, duro y feroz, me había dado un duro golpe en la cabeza, a mí, un chico de 12 años en ese entonces, al  responderle en una discusión, que no le perdonaría el haberse casado con mi tía, una vez muerta, misteriosamente, mi madre. No era la primera vez que me humillaba así. Lo hacía con mi madre y lo hacía con mi tía, su nueva esposa. Más tarde, hurgando en su escritorio, encontré una Tokarev T-33 y la tomé decidido, apuntándome a la cara y apoyado en el mismo escritorio. Pero no contaba, a esa tierna edad, que la fuerza del disparo me iba a arrastrar mis manos hacia atrás, hiriéndome de refilón, la frente. Sobreviví. Tres días después, llegó en su uniforme militar a verme; no me saludó, pero me quedaba viendo fijamente mientras le decía a Nadezhda Alliluyeva, mi tía madrastra , que me consentía:

–          ¿Lo ves? No pudo ni matarse él solo, no sirve para nada.

Pero para probarle que también, como él, tendría el valor de matar y no temía a la muerte, ingresé al Ejército rojo, muy joven. Mi decisión me hizo ascender pronto y así cumplí varias misiones, siempre alejado, y procurándome alejarme de él. Ya era teniente de artillería, y realmente me alegré cuando mi división fue asignada a Vitebsk en 1941, como parte de las agitadas carreras para detener la invasión nazi contra el país. Me despedí de él por teléfono y le escuché decirme fríamente: “Ve y combate. Recuerda que para el poder rojo, todo soldado soviético en manos del enemigo, no es un prisionero de guerra, es un desertor”.

Pero me espanté de la  realidad que pude apreciar en el enfurecido frente de guerra: miles de jóvenes, casi niños, sin preparación, sin equipo, sin vestimenta, sin alimentos, sin apoyo logístico, mandados a sentir en su fresco rostro, el candente hálito del infierno. Era una masacre.

Y los que caían prisioneros de los nazis y por alguna circunstancia lograban escapar y regresar, ciertamente eran juzgados como traidores, deportados a Siberia o simplemente asesinados luego de juicios sumarios. Mi padre decía que ningún prisionero de guerra podía tomar las armas de nuevo, porque regresaban más deseosos de vivir, que de matar y podrían terminar de quinta columna del enemigo.

Ekaterina Svanidze, asi se llamaba mi madre, dulce y suave como una brisa del Volga en primavera, canturreaba en su oficio de sastre cuando conoció a mi padre, quien llegó a encargarle la confección de uniformes de combate. A pesar que mi madre hacía lo mismo para el ejército zarista, colaboraba con los aguerridos bolcheviques que lo combatían. Terminaron casándose, mientras mi padre andaba a saltos de mata en su clandestinaje. Ella nunca le levantó la voz. Callaba, bajaba la cabeza, callaba. Llegué a compararla con esos mansos corderos que apenas berrean cuando sienten al carnicero encima. De alguna manera, sin embargo, esa dulzura y mansedumbre me admiraba. Mi padre decía que era como ella, no como él. Quizás por eso me aborrecía, ver en mí, varón, algo del alma de ella.

Era una carnicería lo que estaba sucediendo en Smolensko, literalmente estábamos siendo triturados por las tropas alemanas. Una vez fue Napoleón, desde Francia. Esta vez era Hitler, desde Alemania, venciendo a la ciudad el 16 de julio de 1941. Resistimos hasta lo imposible. Al  menos mi padre tuvo tiempo de usar esa resistencia en Smolensko, para preparar a Moscú en su resistencia a la llegada de las hordas nazis.

Agotados, sin municiones, vencidos en la ciudad, el ejército y sus divisiones totalmente desarticulados, un camarada y yo decidimos quitarnos nuestros uniformes, enterrar nuestras armas y huir hacia el interior. Pero fuimos detectados, apresados, golpeados y torturados por los soldados alemanes. Y luego llevados prisioneros a diferentes campos de concentración en el territorio alemán. Oculté por un buen tiempo, mi rango y mi nombre: mi padre nunca me perdonaría que se supiese que su propio hijo mayor estaba en manos de los nazis, en territorio alemán. Además, convertido en prisionero de guerra, era de hecho un desertor, un traidor a la causa del partido y de la patria soviética. Y no valdría para él la resistencia heroica que hicimos, con miles de muertos y heridos, si el resultado final habían sido la derrota y peor, caer prisioneros de guerra.

El mendrugo de pan, llevado una vez cada 15 días, se me cayó de mis manos temblorosas y oí que sonó en el piso como si se tratase de una pieza metálica, al escuchar al oficial alemán acercarse  a la mesa y llamarme por mi nombre. Era previsible…alguno de los camaradas presos había decidido chivatearme con los alemanes, descubriendo que ese prisionero ya famélico, desgarbado, era el hijo mayor del gran Stalin. Habían transcurridos dos años de sufrimiento en esas prisiones.

Cual gato, al saber Hitler la noticia, debe haberse relamido los bigotes. Así fue. Me trasladaron a una celda especial, luego a otros campos de concentración más al interior de Alemania, mejoraron mi alimentación, me interrogaron por horas y días enteros sobre todo lo concebible sobre mi padre, sobre el partido, sobre el ejército, sobre las armas, ayudados por el hecho que conservaban intactos los archivos capturados en Smolensko.

Llegaron en filas interminables, expertos adoctrinadores pretendiendo convencerme de pasarme a las filas nazis y despotricar contra la Union Soviética, contra el Ejército Rojo, contra el partido y Stalin, mi padre. Trataron de obligarme a hacer llamados de rendición al pueblo soviético. No lo lograron. Pero entonces decidieron vestirme con el uniforme alemán, cargarme supuestas condecoraciones del ejército alemán, ponerme en conversaciones simuladas con altos oficiales y tomar fotografías como prueba de mi rendición y complicidad con los nazis. No podía evitar todo esto. ¿Qué hacer entonces?

Mandaron dos misivas a mi padre. Una de ellas,  firmada por mí, donde le relataba que estaba prisionero a la orden de Hitler, que me trataban bien y que deseaba regresar vivo a mi patria y junto a mi esposa, Yulia Meltzer. Ignoraba que mi padre, furioso con la noticia de mi prisión con los nazis, había hecho prisionera a Yulia y la había recluido por esos dos años, en un gulag en Lubyanka.

En la otra misiva, el ejército alemán ofrecía a Stalin devolverle sano y salvo a su hijo, a cambio del Mariscal Erich von Paulus, jefe de las fuerzas alemanas en Stalingrado, quien se había rendido el 31 de enero de 1943, ante el general soviético Vasili Zhukov y era el principal prisionero de mi padre.

No era difícil imaginar cual iba a ser el destino de von Paulus en manos de Hitler y el mío, en manos del gran Stalin, mi amoroso padre. Ambos habíamos sido vencidos, no por el enemigo, sino por la guerra, éramos prisioneros de guerra.

No fue la respuesta que dio mi padre a los alemanes, la fuerza que me hizo saltar desde aquella ventana hacia las alambradas electrificadas: él respondió a Hitler que él no tenía ningún hijo con mi nombre, y que no tenía caso canjear a un Mariscal, por un teniente. Al fin y al cabo, nunca olvidé aquella su frase de “no sirve para nada” en mi fallido intento infantil de acabar con mi vida y podía entender su posición.

Fue algo diferente lo que me impulsó.

Fue el intenso deseo de experimentar esa ausencia total de sensibilidad con la que mi padre parecía vivir, que solo la muerte puede dar. Fue el impulso de borrar ese susurro del canto de sastre de mi madre cociendo uniformes para los que iban a ir a matarse mutuamente. Fueron los gritos desesperados de los 22,000 polacos ejecutados en la masacre del bosque de Katyn en abril de 1940, incluidos políticos, oficiales del ejército, artistas, intelectuales, acusados de enemigos del poder soviético, condenados en una rúbrica de lapicero azul, con la firma de mi padre, Stalin.

Mi cuerpo lacerado por  las aberturas que han hecho las alambradas en mi piel, mis órganos hechos carbón, fueron incinerados y llevados a un sitio desconocido. Mis cenizas han fertilizado por años, calzadas de abetos, arces y abedules en Alemania. He quedado exiliado para siempre de mi querida tierra rusa.

Pero estoy tranquilo, comprendiendo al fin, aquel susurro tranquilizador de mi madre en sus labores de costura. Mi alma ha traspasado las alambradas …y a mi padre. Mi nombre era Yákov Dzhugashvili

(Nací en Georgia el 18 de marzo de 1907. Salté por la ventana el 14 de abril de 1943 en Sachsenhausen,  Alemania).

———

©Carlos A. Lucas Aráuz. Agosto 2013

El proyecto de la Gran Escalera a la Luna


Imagen en:http://litteraluna.blogspot.com/2009/09/escalera-la-luna.html
Imagen en:http://litteraluna.blogspot.com/2009/09/escalera-la-luna.html

El Gran Hermano, con su toga rojinegra, convocó a una sesión a sus súbditos y allegados, reuniéndoles en la plaza mayor de la ciudad. Era el lugar glorioso, donde se decidían de vez en cuando los grandes rumbos del reinado de TodosFelicesbonitosylimpios.

El reino de TodosFelicesbonitosylimpios se sacudió con el anuncio del Gran Hermano, pues debían ser grandes noticias las que se iban a recibir. Hay que decir aquí que el reinado de ese país de TodosFelicesbonitosylimpios,  se dividía en dos grandes grupos de pobladores: los que lucían calzón negro y blusa roja, y los que no.

Los que lucían calzón negro y blusa roja, varones y mujeres, tenían la virtud de esas grandes parvadas de estorninos de Irlanda, que no se sabe cómo, van todos en masa de un lado al otro, como si una mano invisibles los guiara. Ningún estornino que se mueve en la masa sabe adónde va, adonde lo guían, y menos, quien realmente lo guía, pero él va y se sincroniza con los de los lados, los de adelante y atrás. Es completa armonía de hermanos, de amorosos compañeros.

Aquí te enseño como se mueven los estorninos: http://pijamasurf.com/2009/11/sort-sol-300-mil-aves-sincronizan-vuelo-en-dinamarca/

Pues en las concentraciones de los hermanos de calzón negro y blusa roja, se oía la belleza estornina de los movimientos, gritos y cantos sincronizados, a una sola seña de la Hierofante que oficiaba al frente. La Hierofante era  la encargada de administrar, aplicar y vigilar el principio nacional de “todosbenditosytriunfantes”.

Con este principio, los pobladores calzón negro y blusa roja, sentían escalofríos en su cuerpo cuando la Hierofante levantaba su brazo izquierdo, o el derecho, o ambos. La Hierofante esparcía su encanto ayudada por una extraordinaria extensión capilar bajo sus brazos y los calzón negro y blusa roja decían que ni el orgasmo más completo podría igualarse a la sensación de plenitud y felicidad cuando muy ceremoniosamente la Hierofante, alzando los brazos, en estos actos de amor al prójimo, presentaba al Gran Hermano, el igualito a todos, pero diferente, envuelto en su toga también roja y negra y en calzones de boxeador azul y blanco. Lo cual los diferenciaba de los calzón negro y blusa roja y de los Otros.

Pero no hemos hablado de los Otros, los que no tenían el privilegio de lucir calzón negro y blusa roja. Ellos andaban el estómago al lado de la espalda. Tanto se les había comprimido del hambre. Pero la  ventaja era que bastaba que comiesen la mitad de un chícharo, el tendón de un pollo, el sudadito de un limón, para sentir una completa saciedad en su espalda. Es que por allí andaba ya el estómago.

Este milagro lo había logrado el Gran Hermano, con sus prédicas sobre que ya llegarían a la Tierra Prometida, lo cual exigía más sacrificios, puesto que el egoísmo consumista era la verdadera razón de la pobreza.

Murieron miles por esa razón, pero la Hierofante dijo que los que no resistían eran vendereino y al contrario, los que sobrevivieran, eran los  XXX, los hijos del siglo nuevo, de la tierra prometida que estaban “más allá del hambre, más allá del frio, más allá del calor, de la lluvia y del sol, mas allá de la vida y la muerte”.

A los sobrevivientes, a estos XXX le fueron dados, totalmente gratuitos, los calzones negros y blusas rojas que los identificaban. De esa manera, el estómago les regresaba a su anterior lugar. El milagro lo hacía un alimento especial, invento de la Hierofante, que consistía en una masa molida y precocida de de arroz, frijol rojo, aceite. Sólo se calentaba un poco y ¡zas!, se iba el hambre como por milagro.

Pero todo esto te lo cuento para que te hagas una idea de la alegría que sintieron hasta los Otros, junto a los calzón negro y rojo, al ser convocados a la plaza mayor. Allí estaban todos los súbditos del reino de TodosFelicesbonitosylimpios, viéndose las caras a ver cuál nuevo anuncio iba a hacer el Gran Hermano. En medio de cantos, risas grabadas, pirámides humanas, petardos, gritos de viva para la pareja real, comenzó el discurso del Gran Hermano:

–          Hermanos y hermanas, digo, herman@s! Hoy será un día de gloria y bendiciones para nuestro querido país, el país del amor, de la fraternidad, de la felicidad! Grandes bendiciones y victorias nos esperan!

Aquí a mi lado tengo a mi hermano secretario, este de pelo rubio y ojos azules…que nos ha traído a este otrooo…. que tengo a mi ladooo… queee viene del país hermanoooo ….de Estafandoestán… ¡Uuuun aplauso para eeeellos (Gritería, marimbas, música y flores tiradas al aire en esta parte).

Oigan bien: llegó la hora que podremos poner el estómago en su lugar…entraremos en la Tierra Prometida, donde sentiremos como flotamos, como volamos. Allí,¡levantaremos grandes piedras sin el menor esfuerzo.! Cuando demos un paso, será como 100 de los que damos aquí…nos desplazaremos a grandes distancias, sin cansarnos. El pueblo ya ni siquiera sudará, se terminarán sus sufrimientos! Nuestros cuerpos se volverán más ligeros, más fuertes. Es la Tierra Prometida…no, hermanos, es la Luna prometida, nos iremos a la Luna!!

Un silencio automático  cayó de bruces en la gloriosa plaza mayor. ¿La luna, realmente iremos a la Luna?  Fue el rumor que fue despedazando, a jirones, al silencio. Un rumor creciente.  La Hierofante tomó entonces  la palabra y comenzó a Gritar: ¡Gran Hermano!, Gran hermano, Gran Hermano!, ¡bendito y prosperado!

Ya te expliqué lo de los estorninos para que entendás como esa masa gritaba, cantaba, se agitaba de un lado al otro, pegaba brincos, alzaban los brazos, diciendo : ¡y qué…y qué…y que!

Y continuó el discurso:

-Los enemigos de este reinado, van a decir que cómo vamos a hacer esto….pues bien, aquí está el hermano de carne y hueso, que viene del lejano país de Estafandoestán…no es un fantasma…no es una aparición…el existe…está aquí!!! (Gritería, marimbas, música y flores tiradas al aire en esta parte).

-Los incrédulos, los que nunca hacen nada, solo protestar, los enemigos de la posibilidad que este pueblo salga de la pobreza, de la miseria, los enemigos de que el estómago regrese a su lugar, con dignidad, se van a quedar atrás.

-Nosotros seguiremos adelante con este sueño, el sueño de los pobres de calzones negros y blusa roja! Tenemos -derecho a soñar y a trabajar por nuestros sueños. Pues bien, nos iremos a la Luna Prometida! Les cuento que ya el hermano de Estafandoestán se subió al monte Garrotazo, el más alto de nuestro reino de TodosFelicesbonitosylimpios y vio que era factible hacer lo que vamos a hacer! ¡Construiremos el sueño de años de ir a la Luna…construiremos la Gran Escalera para subir a ella! ¡Dirán que estamos soñando!, ¡si calzones negros!, ¡si blusas rojas!, vamos a hacer realidad ese gran sueño!

La masa de los de calzones negros y blusas rojas y en medio de ellos, los Otros, llevados a la fuerza, estaban eufóricos con este anuncio. ¡La Luna! ¡Quién con dos dedos de frente no preferiría estar en la Luna, sintiendo esa sublime levedad del ser? Ese era el destino de todos los ciudadadanos, digo, ciudada@s del gran reino de los TodosFelicesbonitosylimpiosenses!

 Pasado el espasmo estornino de la masa, le tocó el turno al hermano secretario, que sacó unos papeles, se encajó unos espejuelos tipo Gepeto y explicó en su acento extranjero:

-Hemos hecho cálculos cuidadosos de esta gigantesca obra del Gran Hermano…haremos la  Gran Escalera, partiendo del punto más alto del reino, el Monte Garrotazo. La distancia de la cima del monte a la Luna, es de 385 mil kilómetros. Tomando en cuenta los dos palos de la escalera, necesitaríamos 770,000,000 metros de madera. Poniéndole un ancho de 0.10 m y espesor de 0.3 m, a estos palos, necesitaríamos 23,100,000 metros  cúbicos de madera. Que si lo sumamos a los travesaños cada 0.25 m, con 1 metro de largo (debe ser cómodo)x0.15 m anchox0.3 m de espesor, para 69,300,000 metros cúbicos de travesaños, necesitaríamos en total: 92,400,000 metros cúbicos de madera para la escalera.

Y tomando en cuenta que la madera ya en reglas rinde en nuestro reino un 27% respecto a la madera industrial y ésta un 48% respecto a la rolliza, tenemos 712,962,963 metros cúbicos necesarios de madera rolliza. Y tomando en cuenta que en nuestros apreciados bosques, don de Dios y regalo del Gran Hermano, un árbol promedio rinde unos 0.675 metros cúbicos, necesitaríamos cortar unos 1,056,241,427  árboles. Y si promediamos unos 60 árboles por hectáreas, necesitaríamos 176,040 kilómetros cuadrados de plantaciones de árboles para nuestro proyecto. Como no los tenemos, necesitaríamos irlos produciendo poquito a poco. Y hay que tomar en cuenta que los árboles estarían listos de cortar después de 25 años de sembrados. Eso quiere decir que ..hermanos calzón rojo y blusa negra, y los Otros, que también para ellos gobernamos, en apenas 300 años estaríamos cumpliendo nuestro sueño. Y calculamos que vamos a necesitar mano de obra sembrando árboles, cuidándolos por 25 años, cortándolos, aserrando, recanteando, despuntando, cepillando, volviendo a cortar, trasladando, clavando, subiendo cada vez mas alto!!!

Aquí el pueblo estaba en estado de éxtasis. Todos estorninos. Los petardos les estallaban en las manos a los encargados, extasiados por esta visión de trabajo, de progreso, de avance, de lucha contra la pobreza que el Gran Hermano estaba anunciando. El pueblo gemía, lloraba, brincaba de alegría, mientras la Hierofante levantaba sus brazos y las extensiones bajo sus brazos, impregnando de amor y felicidad a sus extasiados escuchas.

¡Tanta sabiduría, tanto cálculo exacto, hecho por el hermano secretario con indicaciones del hermano financiador del proyecto, el súbdito de Estafandoestán,  llevaban  al paroxismo del entusiasmo a los súbditos, perdón, subdit@s del reino de TodosFelicesbonitosylimpios.

¿Quién de los Otros podría oponerse al proyecto, podrían refutar esos cálculos?

Era indudable, la escalera de madera a la Luna era viable, era necesaria, era irrefutable y ninguna conspiración detendría ese proyecto de avance, de progreso, de felicidad.

Entre los Otros, algunos muy escépticos, se oyó la pregunta del pequeño Juanito: “Papá:¿quién va a sostener esa escalera, para que no se caiga?

Ejercicios en relatos breves-


Quizas a  la manera  de Alberto Sánchez A, especialista en Breviarios Bestiales.

 

LAS MIL Y UNA NOCHES

Después de 1,001 noches, Scheherezade le contó la última y verdadera historia al cruel sultán Shahriar: eran hermanos.

PREMIO

Tardó 365 días y sus noches en resumir el cuento a 20 palabras. Ganó. El primer premio era en centavos.

ARQUIMIDES SE LLAMABA

Encontró en la tina de baño su preciada alhaja perdida. Nunca adivinó lo famoso que llegaría a ser, al salir eufórico y desnudo gritando: “!Eureka!”

LA VERDAD DE NEWTON

Lo de la manzana fue un cuento corto: la verdad, había sido un cochino zanate.

DIOGENES

No se lo explicaba: si Diógenes fue admirado por ello, por qué a Roberto lo censuraron al gritar en las calles: “!busco un hombre!”.

ANTOINE LAVOISIER

Nunca se imaginó el efecto que iba a tener el lema que puso a la entrada de su negocio de reciclaje: “Aqui, nada se destruye, sólo se transforma”. Provocó una revolución energética.  

DARWIN

Era el más aventajado de los primates, así que lo que hizo fue escribir sus confesiones.  Su suerte fue haber podido esconder bien su cola. Y que nadie le ofreció una banana en sus conferencias.

MARX

Ante la represión, Carlos no tuvo más remedio que huir y cambiarse el nombre. Se puso Groucho y le fue mejor.

WEILHEIM REICH

En privado, ella le confesó que los orgasmos con él eran fingidos, ella sólo representaba un papel. Desencantado, él escribió su famosa obra: “El papel del orgasmo”.

Un breve cuento chino


CanalchinoNota: todos los nombres aparecidos en este relato, son ficticios, lo   cual no quiere decir que no existan. Cualquier parecido a alguna situación real es mera coincidencia y puntería.

Dicen que los políticos prometen cualquier cosa, por los votos:

-Un puente!

(Pero no hay río)

–    …No importa…¡les pongo el río!

(Pero no hay agua)…

– ¿Como que no hay agua?… pues la traemos…

– Bueno, no importa, de una vez, pues, ciudadanos de poca fe, ¡les pongo el puente, les hago el río, les traigo el agua, hago un canal húmedo, otro seco: un ferrocarril, una zona franca, un astillero, una carretera, una refinería, un satélite pinolero  y…y…y…!

(Pero no hay plata)

–   …No importa, le digo a una empresa china…

(Pero a ninguna le interesa)

–  ….No importa, yo hago la empresa china….

(Aparte, en voz baja):

–       Vé, vos,  Laureanó, Payó, váyanse a Hong Kong y fórmenme allá una empresa china para el Gran Canal. Hablen con el chinito del telefonito, el que ya saben, puej.

(Pero eso es ilegal)

. …No importa…ya van a ver…

(Aparte, en voz baja)

–       Vè, mujer, avisale a los diputados que me aprueben  ya a esta empresa china- nica-venezolana que nos va a hacer el puente, el río, nos va a conseguir el agua, un canal húmedo, otro seco: un ferrocarril, una zona franca, un astillero, una carretera, una refinería, un satélite pinolero  y…y…y…

(Pero eso llevaría mucho tiempo en hacerse realidad)

 –    No importa, mujer….lo que queremos son los votos, no las obras.

–       Apurate, Payooó, pilas, Laureanoó!

¿QUIEN ERA TITO?


Advertencia: este relato es de la vida real. Se cambiaron algunos nombres para proteger  identidades.

 

La abuela oyó en la radio, ese fatídico día de septiembre, que unas pandillas habían dado muerte a “Tito” en El Salvador y golpeada por la noticia, corrió donde su hija Valeria, la madre de “Tito”, a darle la mala noticia, Todo fue llanto y pesadumbre. “Tito” había partido hacia cuatro años a El Salvador (“allá se gana en dólares, como en los Estados Unidos”) en busca de nuevos horizontes y oportunidades.

“Tito” acostumbraba llamar por teléfono a su madre y su abuela algunos  fines de semana, a veces pasaban dos pero nunca tres semanas sin saber de él. Y últimamente, es cierto, ya tenia 5-6 semanas de no tener noticias suyas. Ese periodo de silencio coincidía con la noticia, era la explicación de ese prolongado y repentino silencio de “Tito”.

Recibida la noticia, doña Valeria comunicó a toda su parentela la terrible noticia. Todos se preocupaban: ¿y ahora, como hacer para traer a “Tito” desde El Salvador? Pero los hogares de los mas humildes son siempre los de los más generosos: confirmando de previo los gastos esperados, de peso en peso, en pocos días, familiares, amigos, conocidos, jóvenes amigos de “Tito”, y hasta una novia que había dejado con la promesa de volver para casarse, e incluso, de sus potenciales suegros que admiraban su tenacidad y dedicación al trabajo, todos, fueron juntando los casi 2 mil dólares que iba a costar el ir a traer los restos de “Tito”.

Cierto, “Tito” era muy tenaz al trabajo. Llegado a El Salvador, encontró trabajo con ayuda de otros nicas que le dieron el “tip” de presentarse a una bodega de alimentos donde estaban necesitando personal. Lo contrataron para inicialmente ayudar a estibar sacos, cajas, bolsas de arroz, frijoles, azúcar, sopas Maggi, salsas de tomate. “Tito”, con el tiempo, llegó a entender el movimiento de los inventarios y ayudó varias veces a descubrir errores u omisiones en los movimientos de las mercaderías de la enorme bodega. Asi logró  demostrar sus capacidades e interés en progresar y en menos de dos años, ya se desempeñaba con el kardex general , como asistente del responsable de toda la bodega.

Si situación laboral mejoraba, podía mandar remesas cada mes hasta Chinandega, se cambió a a un cuarto mas decente que el inicial donde había tenido que alojarse en la avenida Libertad. Pero en la nueva casa, había una simpática, amable y hermosa joven de la que con el tiempo, se fue prendando a medida que iban juntos a los cultos de los fines de semana. Poco a poco, la imagen de Esther,  la novia que había dejado hacía un par de años en Nicaragua, se iba diluyendo y se hacía más fuerte la presencia de Norma, la joven de su casa de hospedaje. Al fin y al cabo, ya se había dado cuenta que Esther salía al cine y a veces a paseos, con algunos amigos y amigas. Imposible que no tuviera enamorados y tal vez hasta novio, razonaba.

Cumpliendo sus cuatro años de haber llegado a El Salvador, “Tito” se estaba casando con Norma, en una ceremonia sencilla y breve, pues ella ya iba embarazada y se le notaba la pancita fácilmente.

“Tito” y Norma se hicieron de una pequeña casita y se mudaron juntos. Para evitar problemas de las llamadas y mensajes de Esther desde Nicaragua, “Tito” decidió vender su celular, sin cuidarse de hacer copias de sus números telefónicos. Dejó de llamar a su madre y abuela, unas, dos, tres…cinco semanas mientras pensaba como darles la noticia: tenía mujer ahora, un bebé en camino…ya no iba a poder seguir enviando dinero como antes, al menos por un tiempo, mientras afrontaba su nueva situación.

El único problema es que el barrio donde consiguieron la casita, quedaba en la franja territorial donde tres a cuatro pandillas juveniles se disputaban el control y presencia. “Tito” le llamaba “Nuevo Dimitrov” a su nuevo barrio, donde no había días sin peleas, balazos nocturnos, carreras, gritos, heridos y muertos. “Tito” le dijo a Norma, su esposa embarazada: “este lugar es peligroso y nos pueden fregar a  nosotros. Yo, por ser nica, extranjero o a vos, por estar conmigo, tenemos que ver dónde irnos, cómo conseguir un lugar más seguro”.

Esto lo conversaron varias veces. “Tito” se propuso estar listo para cambiarse de barrio antes que llegase la fecha de parto de Norma.

Pero “el destino marca un camino que nos tortura” como decía una de las canciones que Tito le oía cantar a su abuela, allá en Chinandega. No podía adivinar lo que le iba a suceder.

Valeria movió cielo y tierra para contactar desde Chinandega, con una organización humanitaria en San Salvador, que le ayudó a averiguar las circunstancias de la muerte de “Tito” en uno de los sórdidos barrios de esa ciudad y los trámites necesarios para sacar el cadáver de la morgue. Así se enteró, pues incluso le mandaron el recorte del periódico amarillista donde abundaban los detalles, que un grupo de desalmados, temprano en la noche, habían abordado a “Tito” pidiéndole una suma determinada por transitar en las calles del barrio, no siendo originario. Decía la nota que algunas veces, “Tito” les daba cierta suma, pero con el paso del tiempo, cada vez le exigían más. Y en esta ocasión, como no andaba la suma solicitada y protestó fuertemente contra ese pago, ya cansado de estar siendo esquilmado, decía la nota roja, el asaltado se lió a golpes con los malandros, pero más bien provocó una tunda de más de 5 contra él, moliéndolo a golpes, y al final, terminaron disparándole a quemarropa contra su rostro.

Los detalles de cómo fue su muerte incrementaron el dolor de doña Valeria, de su nerviosa abuela, de su hermana y demás familiares.

Esther, la novia chinandegana de “Tito”, ya le había advertido  a doña Valeria, su extrañeza que aquel no le contestase sus llamadas, ni sus mensajes por celular y sus correos electrónicos, enviados desde uno de los ciber cerca del parque central de Chinandega. Esther esperaba que “Tito” cumpliera su plan de casarse lo más pronto posible. Ya eran cuatro años de ausencia y Tito estaba sentenciado: o se casaban este año, o terminaba todo. Nunca supo la respuesta de Tito: de repente, éste dejó de comunicarse…extraño.

Doña Valeria viajó, contra todos los obstáculos hasta El Salvador, a recuperar los restos de su amado “Tito”. Fue espantoso tener que llegar a la Morgue, hacer el papeleo, tener que entrar a esa fría sala llena de depósitos, de gavetas, literalmente, donde tienen como en congelación, a los fallecidos, mientras llegan los familiares a reclamarlo. Y peor, al llegar al depósito marcado como “Tito”, donde le corrieron la gaveta, aunque le advirtieron de ser fuerte, pues el aspecto del difunto, con la paliza y el disparo en el rostro, era deplorable y sería altamente  doloroso. Doña Valeria, efectivamente, se desmayó cuando descubrieron el rostro del desdichado.

Casi una hora después, ya con tranquilizantes y reconfortada por las personas de la organización caritativa que tanto le habían apoyado, procedió a realizar, como efectivamente se hicieron, los trámites de retiro y traslado de los restos hasta Nicaragua.

“Tito” tuvo acompañamiento, rezos, misa de cuerpo presente y finalmente, cristiana sepultura en el cementerio de Chinandega. Era el fin de una joven vida, de alguien empeñado en salir adelante.

A punto de nacer su hijo, “Tito” había decidido junto a su esposa Norma, llamar también Tito a su vástago, pues ya sabían iba a ser varón. Tito había vendido su celular hacia 5 semanas antes del parto de su mujer. Como sabemos, el destino hace importantes las cosas pequeñas o aparentemente insignificantes.

En Chinandega, se sintonizan mejor algunas emisoras salvadores, que las de la misma Nicaragua. En una de esas radios, ese fatídico día de septiembre, es donde la nerviosa  abuelita de “Tito” escuchó la lectura de la nota roja sobre el atraco, golpes y muerte de “Tito”.

Cecilia, vecina de doña Valeria, hacía viajes a El Salvador y estuvo en la vela, rezos, misa y entierro de “Tito” en Chinandega. Pero caminando en uno de los mercaditos de El Salvador, casi se desmaya del susto cuando se topó con alguien igualito a Tito, del brazo de una mujer y ésta cargando un pequeño bebe en sus brazos, sentados y tomando sopa. ¡ El parecido era increíble! No pudiendo más, se acercó y le habló, diciéndole: “Hola” y dispuesta a comentarle su extraordinario parecido con un difunto de Nicaragua.

Pero no tuvo tiempo, cuando dijo “Hola”, el aludido se levantó alegre de la mesa, la saludó por su nombre y la abrazó, muy contento. Era el mismo “Tito”…pero..¿cómo, si ella casi lo había enterrado en el cementerio de Chinandega, hace unos meses!

Entre pequeños gritos e invocaciones, quedó aclarado que Tito estaba vivo, que no era el de la morgue, que se había deshecho del celular por estrategia amorosa, que no siguió mandando dinero por su casamiento y por la espera del bebé, que no se imaginaba que lo iban a dar por muerto, lo iban a llorar y a enterrar.

Aclarado todo, corrieron al teléfono más próximo a darle la buena nueva a Doña Valeria.

Así se enteró Norma de la existencia de Esther, la novia chinandegana de “Tito”;  asi se enteró  Esther que “Tito” la había engañado y que las lágrimas en su tumba fueron inútiles;  doña Valeria, que tenía nuera y ya era abuela, y de la ingratitud de la incomunicación de “Tito”;  así se enteré éste, que lo daban por muerto y enterrado y del dolor de su madre por ello. Y la vecina doña Cecilia, la del hallazgo,recogió material como para chismear por un par de años.

Lo único que nadie se ha enterado es, quién es la persona cuyos restos se trajeron desde El Salvador con tanto ajetreo y que recibió lágrimas de amor, rezos, misas, responso de cuerpo presente en la parroquia de la ciudad y descansa en una floreada tumba del cementerio de Chinandega.

Nota: Caso real, verlo en: http://www-ni.laprensa.com.ni/2013/01/02/portada/129211-lloro-enterro-a-desconocido

Cita en el Café d’Or


El inspector Andrés tuvo el cuidado de revisar debajo de la cama donde yacía el cuerpo, y allá, al fondo, arrastrado por el viento de la abierta ventana que jalonaba hacia dentro de la habitación el cortinaje nítidamente blanco y de encajes, estaba un pedazo de papel, arrinconado, como espantado de lo que tuvo que ser testigo y parte.

 Ordenó a uno de sus asistentes que buscase la forma de recuperarlo; éste lo hizo utilizando, torpemente, un rascador de espalda que extrañamente estaba tirado por allí y se la entregó:

Andrés notó el trazo sereno, claro, lento, de la escritura y procedió a leerla.

La nota decía:

Claudia: Fue para mí emocionante haberme por fin atrevido esa noche, en la recepción en la embajada, proponerte que saliéramos y que hubieses aceptado. Una cita contigo era un preámbulo para muchas cosas, lo intuía. No me olvidé los detalles: En el Café d’Or, a las cuatro de la tarde en punto, el viernes 23 de marzo. Pero como en todas las cosas más importantes de mi vida, consulto mis cosas con el I-Ching. Tiré los palillos como corresponde, procedí a leer su mensaje. Lo repetí, para estar seguro. Y lo confirmé después interrogando al péndulo y estaba claro. Decían los mensajes que tú y yo nunca nos encontraríamos. Que nunca sucedería que tu boca se uniese a la mía, que mi mano sintiese el calor y humedad de la tuya, que nunca podría ver mi silueta reflejada en tus ojos brillantes, negros, hermosos, que nunca nos podríamos desnudar el uno por el otro.

Si, Claudia, es cierto, teníamos una cita en el Café d’Or, a las cuatro de la tarde en punto, el viernes 23 de marzo…pero los palillos del I-Ching y para abundancia, mi péndulo, me confirmaron que eso no iba a suceder. No tenía caso.

Entonces, Claudia, no pude soportar ese veredicto fatal, contra mí, del destino y recordé que aun no había probado disparar la Smith&Wesson que compré hace algún tiempo, por lo que decidí, a manera de protesta, de rebeldía contra esas sentencias descabelladas de la Vida y el Destino, que a veces me han condenado a renunciar a mis sueños, lo que ya tendrás noticias cuando te lleven esta nota, que es mi última voluntad.

El Inspector Andrés respiró hondo y compungido, dándole la nota a su asistente:”Toma, regístrala y resguárdala como evidencia…es la nota más rara que he visto escrita por un suicida”, añadió, mascullando para sí.

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©Carlos A. Lucas A. Agosto 2012.

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