¡Hola, amor! Me duele la cabeza y vine a dar una vuelta por esta esquina a ver si te miraba y conversábamos. Pero no te encontré, así que te dejé este mensaje grabado, para que veas como me envuelve en estos momentos una nube de pesimismo y contradicciones de todo tipo. Y no me gusta cuando no estás porque es como “cuando callas porque estás como ausente”, dado que una palabra tuya bastará para alegrarme.

Sé que a veces no es bueno querer masticar tanto a la vida…pero me asombra ver cómo podemos  vivir sin saber nada de nada…y llenándonos de espejos y bisuterías y piedras de la suerte y horóscopos y sectas, apartando el rostro y el oído  a los que nos dicen los tuti-cuánticos que demuestran que estamos más rodeados de vacío, que de “algo”.

Y puedo considerar, si quieres, la posibilidad que seamos robots programados para pensar que gozamos de libre albedrío y nos ilusionamos con eso. Quizás nos pase lo que a Judas en la vieja Opera rock, “Jesucristo Superestrella”  al estilo del chillidito  “¿Por qué me has metido así a tus planes, sin contar conmigo, Señor?” Y eterno retorno una y otra vez.

Me gusta un relato de Krishnamurti donde habla de la vida como un juego y nosotros somos como esos juguetes de la película Toys: creemos que vivimos y tenemos aventuras y emociones cuando estamos a solas y logramos salir de nuestra caja de juguetes. Pero cuando viene nuestro dueño, automáticamente nos reducimos a simples marionetas, objetos desechables. ¿El universo es nuestro teatro de marionetas?  ¿Y en manos de quién estamos entonces?¿ O sólo es el vacío oscuro de la noche? ¿No hay un Cristóbal Colón que se aventure y nos acerque a un nuevo mundo? ¿Por qué siempre estamos esperando una mano que llegue desde fuera y nos rescate? Me estalla la cabeza. Lo cual debe ser un problema de cruce de nuestros circuitos de programación…en realidad, ¿estaba programado para pensar que me duele la cabeza de pensar que somos simples notas en un pentagrama de quién sabe qué?

Estoy pesimista, corazón. Quizás es la sensación de verte y sentirte lejana. No te alejes. He descubierto que hay algo que es rebelde a toda programación o toda construcción, plan. Que su sola sensación basta para resolver todos los misterios y todas las insuficiencias, todas las preguntas y hasta los dolores de cabeza: Es la sensación de necesitarte y sonreír cuando veo que te acercas y ver que también sonríes y mueves tus labios de esa manera para decirme que también me necesitas. Es descubrir que tú eres el universo en el cual deseo explorar, habitar, henchir y hacerme explotar. Y ver que te alejas…Por eso, quizá, me duele la cabeza.

Publicado en FB del autor: 17 de enero de 2012 a la(s) 21:50