Imagen en: https://www.amazon.com/Tartufo-el-impostor-Spanish-Moli%C3%A8re-ebook/dp/B00M68A59A
Imagen en: https://www.amazon.com/Tartufo-el-impostor-Spanish-Moli%C3%A8re-ebook/dp/B00M68A59A

Moliere en su obra de teatro  “Tartufo o el impostor” (1664), presenta más que una comedia, una radiografía y una denuncia política y moral, no necesariamente de un personaje sombrío, oportunista y timador, sino de la sincronía  del colectivo, de la sociedad en general, con personajes de esa ralea; ese fenómeno en el cual una parte de esa sociedad “bebe” y rinde pleitesía hasta sus tuétanos, a la imagen, a la virtualidad de personajes, que como el Tartufo en la obra, llegan a acumular un poder y una autoridad casi absolutas,  que a su vez les permite esconder la crudeza y realidad de sus sórdidos objetivos.

En cualquier sociedad, un “Tartufo” llega a cobrar vida y poder, solamente porque los demás, en esos extraños mecanismos humanos del fanatismo, ceden su progenitura por un simple plato de lentejas que les ofrece el timador, dando por real, lo inexistente y lo inexistente, por lo real.

En breves palabras, un Tartufo, desde su original marginalidad, logra acopiar y mantener su poder déspota, en la medida que el resto de la sociedad decide renunciar a la crítica, al desarrollo de las capacidades decisionales y percibe el absolutismo como la más cómoda  y menos exigente de las posibilidades de vivir en sociedad.

Los segmentos sociales alienados al poder de facto, en la obra de Moliere, están representados por el personaje de Orgón, el cual cree que el Tartufo déspota, explotador, opresor y aprovechado, un advenedizo venido de las más bajas capas sociales, es más bien un benefactor, una fuerza desinteresada y sacrificada que solamente busca el bienestar común. El Tartufo saquea, asalta, degusta, amenaza, pero los “orgones” venden y reproducen la ideología necesaria para que el colectivo no ponga en duda, para nada, esa “dedicación” y “decisión de sacrificio” por el colectivo, del déspota.

El Tartufo eleva a la categoría de herramienta de poder, el engaño, la simple apariencia, gracias a ese espíritu de oveja que le imprime  al conjunto social, que no oye, no ve, no piensa, no siente ni percibe para nada, la forma como el Tartufo les va despojando absolutamente de todo, quedando en sus manos hasta su propio honor y existencia y peor, el sentido común, la capacidad de discernir ente lo que le beneficia y lo que le perjudica.

El Tartufo, a través del cultivo de la lealtad, la fe y el fanatismo, va haciendo crecer el culto a su falsa personalidad, llevando a extremos de irracionalidad a los fascinados “orgones”. Orgón llega a afirmar sobre el Tartufo, en el texto de Moliere: “Sí, soy otro hombre después de oír sus pláticas”. Los “orgones”, ¡se sienten transformados y redimidos por los Tartufos!, aun cuando la ambición del Tartufo le lleva hasta pretender casarse con la hija de Orgón, mientras de hecho, mancilla a la esposa de éste.

Es imposible convencer a algunos sectores, de la cruda realidad del poder de un Tartufo: la propia madre de Orgón le increpa cuando éste duda de la integridad del Tartufo y se oye a duras penas en medio de este estatus a Dorina, la voz de la razón en el relato de Moliere, que por razón de su extracción popular, tiene un sentido más práctico de las cosas.

En Moliere, el Tartufo al final es descubierto, apresado, castigado. No sucede así necesariamente en la vida real: Hay tartufos que logran envejecer y hasta criar descendencia, no siendo suficiente contra ellos ni siquiera el reclamo semejante al de Orgón: “¡Pero te has olvidado, ingrato, que fui yo, por caridad, el que te sacó de la miseria!”, para convencer a un tartufo de abandonar sus fechorías.

Pero hay un ventaja, que es que un tartufo no es difícil de reconocer; cunden por doquier hoy en día: mientras el Tartufo literario ocupa la religiosidad y el nombre de Dios para el enmascaramiento de sus insanos propósitos, los Tartufos políticos, sociales e incluso institucionales, pueden ocupar las expectativas revolucionarias, reivindicativas e  incluso gerenciales para, con sus encendidos discursos y poses, su auto elogio, engatusar al colectivo sobre su papel de liderazgo desinteresado y sacrificado. Ellos viven sedientos de figuración, pleitesía, aplausos y ditirambos a sus egos, aun sin hacer méritos propios.

Vuelve a ver hacia los lados…¿Reconoces al tartufo mas próximo? ¿Seguro no eres tú mismo?

Anuncios