“¿Qué es eso, no había ya suficiente en los temas de las mujeres? ¿Ahora, lo económico también?”, pudieran exclamar, quizás con cierta razón, algunos sectores, dado el nivel de comprensión del tema, en referencia al nuevo estudio de la  CEPAL, bajo la autoría de Magdalena García[1], denominado “Estudio sobre la  Autonomía Económica de las Mujeres en Costa Rica, El Salvador y Panamá”, puesto que desde sus raíces originales, el feminismo tradicional, que ha sido el más visible, ha estado dando vueltas y vueltas, buscando su “esencia en sí” en el mundo de las superestructuras, evadiendo el análisis y el abordaje de lo estructural, es decir, de los elementos económicos de la explotación y la opresión que aparecen como discriminación, alienación, exclusión basados en el sexo y sus roles sociales.

Pero ahora, el que un organismo del “establishment” como la CEPAL nos recuerde la necesidad de esa vuelta a lo estructural en lo referente a la problemática de las mujeres, es reflejo que la civilización humana, mal que bien, ha logrado algunos avances (a pesar del escepticismo que nos cobija a algunos), haciéndonos recordar aquella vieja, pero pragmática y certera premisa, que dice: La ‘liberación’ es un acto histórico y no mental, y conducirán a ella las relaciones históricas, el estado de la industria, del comercio, de la agricultura, de las relaciones(…)[2]”.

 Tenemos que acotar, sin embargo, que la CEPAL no habla de “liberación”, sino de “autonomía”,  de las mujeres[3], enfocándose al propósito de “reducir asimetrías de autonomía entre hombres y mujeres” (sic.), más que a suprimirlas o llevarlas a su extinción, definiendo a la autonomía económica de las mujeres, como su “capacidad de generar ingresos y recursos propios a partir del acceso al trabajo remunerado en igualdad de condiciones que los hombres”.

Luego, no se refiere a lo sustantivo de lo económico, que es la propiedad de los medios de producción como tierra,  capital, medios de vida, sino a la mujer como agente social que depende o debería depender, de un empleo y un salario. Es una reivindicación democrática, simple, que no debería escandalizar a algún  liberal medianamente formado en su ideología.

Sin embargo, el “acceso al trabajo remunerado en igualdad de condiciones” tiene precondiciones que superar: Se requiere un desarrollo material y social que libere a las mujeres de sus sujeciones física, vivencial, política y económica[4], que le constriñen en esa versión moderna de la esclavitud.

Esas pre condiciones se refieren a logros tan liberales como el acceso a servicios de salud, las políticas y medios relativos al cuidado de niños y ancianos, apropiación de conocimientos y las habilidades, previsiones sociales para la vejez “y, en general, a todo aquello que conlleve a un desempeño productivo en condiciones de igualdad entre mujeres y hombres”. Tenemos que concluir aquí con la CEPAL, que sin esas precondiciones sociales y el ejercicio pleno de esos derechos, no es posible asegurar la igualdad de  concurrencia al mercado de empleo y salarios, entre hombres y mujeres, al menos en esos tres países de su estudio.

¿Por qué esos tres países?

En el año de 2014, con el acompañamiento de la División de Asuntos de Género de la CEPAL, los Gobiernos de Costa Rica, El Salvador y Panamá convergieron para  acordar avances en la Autonomía Económica de las mujeres. Eso fue posible por el grado de desarrollo institucional, de políticas y leyes en esos países[5], que favorecen la inclusión y el reconocimiento de derechos de género a las mujeres. Se desarrollaron procesos participativos inter institucionales e inter sectoriales, concluyendo en la firma de los Acuerdos para la Autonomía Económica de las mujeres” en los casos de Costa Rica y Panamá; El Salvador, al final, no firmó[6].

Cuantificando la autonomía económica de las mujeres

 La CEPAL se sirve de una batería de indicadores directos tales como: Ocupación, Ingresos; Seguridad social; Políticas de cuidado; Educación y otros, complementados con Indicadores de Contexto  como: Población (perfil demográfico), Producto Interno Bruto, Producto Interno Bruto per cápita, Estructura productiva, etc., que permitieron algunos hallazgos de interés, como que Costa Rica, por ejemplo, concentra más población en actividades de alta productividad (el 25% de las mujeres ocupadas y el 32% de los hombres) y que en El Salvador sólo el 4,5% del total de las mujeres ocupadas participan en sectores de alta productividad y 6,5 % de los hombres; en el caso de Panamá el porcentaje es de 5% y 3,5% respectivamente.

 Se confirma lo ya sabido o intuido sobre la situación opresiva de las mujeres: Las condiciones de desigualdad se mantienen o cambian de forma muy lenta; las tasas de participación económica de las mujeres son más bajas que las de los hombres y crecen lento en los tres países; las brechas de género en las tasas de desempleo se amplían ligeramente en Costa Rica, se cierran en Panamá y son más bajas para las mujeres de El Salvador; las diferencias de los ingresos de las mujeres y de los hombres, en detrimento de las mujeres, no logran remontarse a pesar de que éstas cuentan actualmente con más años de escolaridad; las mujeres siguen teniendo tasas muy bajas de pensiones y jubilaciones; aumentan los hogares en donde las mujeres son las principales aportadoras de ingreso; la cobertura de servicios de cuidado es baja y está estancada; hay algunos avances en las formulaciones de políticas, leyes y programas con cierto contenido reconociendo los derechos humanos de las mujeres, etc.

Como líneas políticas con cierto grado de avance en el tema de la autonomía económica de las mujeres en los tres países, pueden destacarse en el estudio de CEPAL, entre otras: asegurar el trabajo remunerado de calidad; la generación de ingresos; el cuidado como responsabilidad social; participación activa e igualitaria de mujeres y hombres en el acceso y control de los activos tangibles e intangibles (únicamente mencionado en los objetivos estratégicos de El Salvador); garantizar la incorporación de las mujeres al mercado laboral en condiciones de igualdad; cumplimiento de sus derechos laborales; incorporar dentro de las esferas económica, política, social y jurídica el reconocimiento y legitimación del trabajo doméstico no remunerado; la generación de iniciativas económicas alternativas, innovadoras y solidarias (mediante el acceso, uso y control de los recursos y los activos productivos y no productivos), tomando en cuenta las necesidades de las mujeres y sus esfuerzos por superar la pobreza.

 Hace falta un enfoque comunitario

 Un hecho relevante a señalar es que el abordaje del tema de la autonomía económica de las mujeres y su búsqueda de convergencias y acuerdos comunes entre los tres países centroamericanos, se materializó a inicios del año 2014, mientras al final del mismo año, el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA)  estaba aprobando su “Política Regional de Igualdad y Equidad de Género (PRIEG) que fija como su Eje 1 (de 7), el Objetivo de la Autonomía Económica de las mujeres[7].

Ambos hechos, aunque relativamente aislados, son parte de las condiciones del entorno centroamericano que hacen factible lograr más avances, con la suma creativa de objetivos y líneas, para dotarse de una buena plataforma de lucha, democrática, liberal, pero indispensable, si se incorporasen el resto de países centroamericanos y se concretizara como una Plataforma Comunitaria de Centroamérica para avanzar, mediante la autonomía económica, hacia mejores estadios de liberación de las mujeres centroamericanas.

Hace falta trabajar por ese enfoque comunitario: la opresión de las mujeres no entiende de fronteras.

———–

[1] Estudio sobre la  Autonomía Económica de las Mujeres en Costa Rica, El Salvador y Panamá. Diciembre 2015. Comisión Económica para América Latina-CEPAL. Naciones Unidas, México, D. F. Diciembre de 2015.

[2] Karl Marx y Friedrich Engels, La ideología alemana (1846)

[3] Tengo un problema conceptual con el logro-legítimo- de la “autonomía”: Un esclavo puede tener, como los aviones, cierto grado de autonomía, lo cual es bueno, pero no rompe su sujeción estratégica o dependencia al amo, o en el otro caso, al combustible que pueda cargar para el ejercicio de su autonomía de vuelo. Pero lograr “autonomía de vuelo”, es un avance básico para las mujeres.

[4] La CEPAL solamente habla de tres “Autonomías”, dejando de lado la Vivencial que aquí incluyo: Auto estima, afectividad, estrés, vulnerabilidad y dependencia síquica, sentido de seguridad y realización, factores de alta relevancia en la situación opresiva, especialmente doméstica, pero también política y social, de las mujeres de nuestro medio.

[5] Referencias sustantivas en el estudio de CEPAL fueron, en Costa Rica: II Plan de Acción 2012-2014 de la Política Nacional para la Igualdad y Equidad de Género/Instituto Nacional de las Mujeres, San José: Instituto Nacional de las Mujeres, 2011. En El Salvador: ISDEMU. Informe de la situación y condición de las Mujeres Salvadoreñas 2011 – 2012- Análisis a partir de la PNM. San Salvador, El Salvador. ISDEMU 2013. En Panamá: Política Pública de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres (PPIOM), Instituto Nacional de la Mujer (INAMU), Panamá, 2011.

[6] Los tres acuerdos se denominaron diferente: En El Salvador es un “Acuerdo Nacional hacia la Autonomía Económica de las Mujeres Salvadoreñas, 2014”. En Panamá es un “Acuerdo Nacional hacia la Promoción del Desarrollo Productivo a través de la Autonomía Económica de las Mujeres”. Costa Rica prefirió pronunciarse por una “Carta de Entendimiento hacia la Autonomía Económica de las Mujeres Productivas en Costa Rica”, acompañada por un Decreto Presidencial para establecer la Red Nacional de Apoyo para la Autonomía Económica de las Mujeres que fue suscrito por la Presidencia (Laura Chinchilla) y cinco ministerios de su gabinete.

[7] La PRIEG señala: “Objetivo del Eje 1: Autonomía Económica. Propiciar la remoción de los obstáculos institucionales, materiales y culturales que impiden a las mujeres centroamericanas y dominicanas el pleno goce de sus derechos económicos en condiciones de igualdad”.