“No es ganga ser Dios, inconmensurable, absoluto, excluyente, omnipresente,omnipotente, todopoderoso, sin límites.

¿Cuánto tiempo podrías soportar tú encerrado en tu cuarto, sin hablar con nadie, leyendo y releyendo tus libros favoritos, meditando,oyendo música, dando vueltas,levantándote, acostándote,sentándote, dando bocados, bañandote, acicalándote si quieres,escribiendo y volviendo a leer, a meditar,a oír,dar vueltas, a levantarte, acostarte, sentarte, dar bocados, etc., etc., etc., una y otra vez? Pero Tú solo. Sin ver ni hablar con nadie.

Y si sabes que tienes que hacer esto por el tiempo infinito, ¿de qué te sirve el poderío, el absoluto dominio de tu espacio y tiempo, si estás solo?

Ser Dios es Soledad. No contar con un semejante que te contradiga, o que te complemente, que te apoye o que te ataque, que te niegue o te afirme. Que te genere amor u odio. Que te ame o te odie.

Un Dios, es “uno que da vueltas solo en su cuarto”. Su sola existencia sería un absoluto absurdo. Alguien que vive en un cuarto de espejos, contemplándose a sí mismo una y otra vez. Impotente frente a sí mismo.

No es ganga ser Dios, porque la Soledad vendría a ser el Dios real.

La verdad, lo seguro es que, después de miles y miles de eones allí, los dioses deben atropellarse tratando de bajar del Olimpo, huyendo de su eternidad y sus absolutos, hacia este mundo terrenal, donde unos y otros vivimos enfrentados por lo que sea, amándonos y odiándonos los unos a los otros. Cuando los dioses se encarnan, se redimen a sí mismos, no a nosotros.Vienen aquí a pagar su pecado de absoluto y eternidad. Y a gozar de la irreflexiva sed de nosotros los mortales, por lo absoluto y la eternidad. A conocer que la verdadera conciencia solamente puede brotar de la diversidad y de las interacciones”.

En Masachapa, Nicaragua.