Imagen en:http://www.carloslmarco.com/nociones-sobre-psicologia/ingenieria-emocional-como-aumentar-tu-empatia/

En el vídeo adjunto, podemos apreciar una audaz charla en TED t, de Sam Richards de Estados Unidos, sobre EMPATÍA (capacidad de “ponerse en los zapatos del otro”). Richards es un profesor de Sociología y Criminología de la Universidad Estatal de Pennsylvania y se enfoca en temas de etnicidad.

El vídeo hace reflexionar sobre el efecto de abandonar un poco o un momento el mundillo personal (la zona cómoda) para proyectarse dentro de las mentes y cuerpos del otro, a fin de comprender mejor sus razones, su óptica, sus reacciones. Richards, en esta charla en TED, utiliza, de manera audaz, algo retadora, la reacción de rechazo inmediato que provoca en Estados Unidos pensar sobre Irak, Afganistán, lo árabe y llama a esforzarse en entender ese otro mundo.

Ese tipo de reacciones incluso irracionales, se observa en cualquier momento de nuestras vidas y es la leña que atiza el fuego de los fundamentalismos, el sectarismo, el atropello del derecho de expresión y demás derechos humanos de los “Otros” a los que consideramos anómalamente, diferentes a nosotros.

La empatía es la parte “diagnóstica” del altruismo. El altruismo viene a ser lo contrario del egoísmo, de ese sentido opresor y explotador del “Otro”.

El altruismo implica cierta vocación a sacrificar algo propio para beneficio de ese Otro, que es el “prójimo” en el que insistía Jesús el Manso.

Alemania, por ejemplo, está dando muestras de altruismo al recibir a miles de refugiados sirios. Esto, sin entrar por el momento, al análisis necesario, de cuáles son las fuerzas impulsoras de esta migración.

En Nicaragua y otros países con sistemas políticos semejantes, el altruismo  se evita por medio de un embadurnamiento de razonamientos simples, rebajándonos al concepto de “solidaridad”, que lleva implícita cierta actitud de asistencialismo hacia una víctima de algo, pero hacia la cual no ofrecemos ninguna solución de fondo, manteniendo nuestra situación privilegiada, de poder sobre el otro.

Esta  solidaridad regala un pescado, una teja de zinc a los sin techo, unas libras de frijoles. La solidaridad afianza el poder y el status quo. Refuerza el ego del “solidario” y hace dependiente y somete de hecho, al objeto de esa solidaridad.

El altruismo, en cambio, hace lo necesario para generar un empleo digno, un salario suficiente, para enseñar a pescar. El altruismo no es caridad, ni lástima, ni compulsión espontánea y brusca de sentimentalismos. Es la forma por la cual nos dignificamos los unos con los otros.