Marx &LincolnCarlos Marx y Abraham Lincoln fueron contemporáneos. El primero dejó un legado portentoso en teoría y práctica, enfocado a la liberación de la clase obrera mundial y a pesar que sostuvo el papel de la violencia política “como la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva”, nunca empuñó un fusil. Marx murió (14 de marzo de 1883) en la mecedora de su casa, rumiando aun las recientes muertes de su esposa e hija.

El segundo, Abraham Lincoln, como Presidente de Estados Unidos de América, fue el visionario abolicionista de la esclavitud de la población negra y dejó forjada las bases de una poderosa nación al defender firme y violentamente, la unión de los Estados que hoy la conforman. Dirigió una guerra contra los esclavistas y secesionistas de su país, hasta ganarla. Al casi terminar la guerra, murió asesinado (15 de abril de 1865) en un teatro en Washington, en el instante que tomaba la mano de su esposa.

Carlos Marx, reconoció el papel que estaba jugando Lincoln en la nueva nación de Estados Unidos, en su lucha contra el esclavismo,  en una carta dirigida a Lincoln (Noviembre de 1864), unos cinco meses antes que éste fuera asesinado. En la misiva, Carlos Marx saludaba “al pueblo americano” al haber re electo a Lincoln y agitaba en contra de “la oligarquía de 300,000 esclavistas” que pretendían “escribir la palabra ´esclavitud´ en la bandera de una rebelión armada” que había generado la primera revolución burguesa en el mundo, la primera declaración de los Derechos del Hombre, señalando que “la guerra americana contra el esclavismo inaugurará la era de la dominación de la clase obrera”.

Animosamente, en esa misiva Marx llama a Abraham Lincoln, “hijo honrado de la clase obrera, le ha tocado la misión de llevar a su país a través de los combates sin precedente por la liberación de una raza esclavizada y la transformación del régimen social”. En este periodo (1863-1865), Marx estaba en la fase final de su obra cumbre El Capital.

No hay muchos indicios que Lincoln haya leído la carta de Marx y menos, que le haya respondido directamente. Pero seguramente Carlos Marx, al momento del envío de su misiva,  ya conocía lo expresado por Lincoln en su breve (300 palabras) pero trascendental Discurso de Gettysburg del 19 de noviembre de 1863, cuyos enunciados se mantienen vigentes en toda lucha democrática amplia y en toda aspiración humana que ha visto el sacrificio de la vida, la sangre y los sufrimientos de los luchadores, ante lo cual,

“ (…) Somos, más bien, nosotros, los vivos, quienes debemos consagrarnos aquí a la tarea inconclusa que los que aquí lucharon hicieron avanzar tanto y tan noblemente. Somos más bien los vivos los que debemos consagrarnos aquí a la gran tarea que aún resta ante nosotros: que de estos muertos a los que honramos tomemos una devoción incrementada a la causa por la que ellos dieron la última medida colmada de celo. Que resolvamos aquí firmemente que estos muertos no habrán dado su vida en vano. Que esta nación, Dios mediante, tendrá un nuevo nacimiento de libertad. Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la Tierra».

Sueños inconclusos el de ambos. La abolición de la esclavitud de la población negra del uno no condujo a la liberación del trabajo asalariado del otro. Y el llamado a cumplir que “estos muertos no habrán dado su vida en vano” siguen más que pendiente no solo en los mismos Estados Unidos (el racismo aun parece ser parte del ADN de esa nación, por ejemplo), sino en toda revolución que no ha conducido a los sueños de esos muertos. Aun el gobierno ni es del pueblo, ni por el pueblo, ni para el pueblo.