Leopoldo López, uno de los políticos que se disputa el liderazgo de oposición en Venezuela y que lleva mas de un año preso, prácticamente sin cargos y sin derechos legales ni humanos para su defensa, ha hecho un llamado a una nueva demostración de fuerza anti régimen planteando algunos puntos de demanda inmediata, una movilización nacional para el próximo sábado 30 de mayo (2015) y declarándose en huelga de hambre indefinida, junto a otros dirigentes encarcelados en la misma situación (hay un total de 70 presos políticos desde febrero 2014).

Encarcelado e incluso aislado desde esa fecha, López  hace un llamado desde su prisión en Ramo Verde, a que “salgamos de la mano, como hermanas y hermanos, sin distingo de ideología o afiliación partidista para demostrar que estamos del lado del cambio para Venezuela. Salgamos en paz y en democracia”, dice.

Desde la muerte del fundador del Estado Bolivariano, cuya herencia política le ha quedado demasiado grande a su designado Nicolás Maduro, Venezuela no ha logrado ni un minuto de estabilidad ni en lo social, ni en lo político, ni en lo económico. De hecho, al llamar el Presidente Maduro “guerra económica” a esta inestabilidad de todo el sistema, ha creado un clima bélico haciendo llamados a la defensa de la patria ante una supuesta invasión militar de Estados Unidos y una complicidad interna de su oposición política a la que reiteradamente, llama “golpista”, como si de todas formas no tuviese control sobre sus propias fuerzas armadas.

Por lo tanto, es casi seguro que Maduro y su élite de poder sólo visualicen como amenaza a la seguridad nacional, la demostración de fuerza que pueda lograr la movilización popular del sábado próximo y la huelga de sus presos políticos, tomados como rehenes del gobierno, para precisamente evitar o restar fuerza a ese tipo de demostración.

Da la impresión igualmente, que este llamado de Leopoldo López a la movilización popular combinada con una medida personal de alto riesgo como la huelga de hambre,  es una presión para reposicionar su liderazgo frente a la relativa pasividad y acomodamiento de los otros líderes de oposición como Henrique Capriles y Corina Machado, diputada electa por voto popular y defenestrada sin más por el poder madurista. Al momento, no se conocen sus posiciones ante el llamado de Leopoldo López.

Se avecina entonces en este cortísimo plazo,  una articulación de hechos que puede agravar la situación ya crítica para el pueblo venezolano: La violencia es la más fácil expresión del encuentro de dos fuerzas con escaso margen de tolerancia mutua, con el agravante que una de ellas, el gobierno, tiene a su favor todos los recursos organizativos, especialmente fuerzas de choque bien aceitadas, capacidad de inflitrar con provocadores a esas movilizaciones,  la fuerza policial, la militar, la judicial y penal, para la justificación de cualquier uso de la violencia contra las expresiones de los manifestantes.

Por el lado de Leopoldo López, su huelga de hambre constituye de hecho, una medida algo desesperada y riesgosa. La movilización incluso se podría dar de manera pacífica y sin incidentes importantes y sin forzar al gobierno a aceptar los puntos inmediatos planteados por López. ¿Continuará su huelga de hambre en esas condiciones? ¿Tiene efecto en la capacidad de reflexión y madurez del gobierno…madurista?

Según indicios, ante el vídeo filtrado, la reacción del gobierno de Nicolás Maduro ha sido trasladar de la prisión de Ramo Verde a Leopoldo López y sus acompañantes  y llevarlos con rumbo desconocido. Con esa medida, la huelga de hambre de los presos políticos pierde algo de impacto mediático, pero se incrementa el riesgo de salud y seguridad de los prisioneros, lo mismo que el grado de responsabilidad del gobierno sobre ello. La explosividad social y política que puede derivar de cualquier error o medida en esas circunstancias, es inimaginable, como lo fue la reacción popular en 1978 con el asesinato de Pedro J. Chamorro por los Somoza en Nicaragua.

Una ruptura violenta de ese tipo no conviene cuando hay una polarización todavía muy acentuada en el seno del pueblo, así como rencores, frustraciones y odio político faccional de relativa profundidad en ambos bandos. Ya hubo al menos 43 venezolanos y venozolanas muertas en la movilización de febrero del 2014 y esos 70 “acusados” como instigadores. Esta violencia no debería de volver a suceder en Venezuela.

Claro que hay un escenario político que puede traer esperanzas y es que entre otras medidas de distensión, el gobierno venezolano dé curso a las demandas concretas formuladas por el líder de Voluntad Popular (VP): 1) Libertad inmediata de los presos políticos; 2) Cese de la persecución, la represión y la censura y ; 3) fijar fechas de las próximas elecciones parlamentarias, con vigilancia de la OEA y la Unión Europea.

La soberbia de los poderes que se sienten absolutistas indica que es muy remota una salida de distensión de ese tipo. Pero debería recordarse que ante explosiones de ira popular, esa soberbia del poder omnívodo se rompe como una frágil popa de jabón.

Ojalá priven los intereses de todo el pueblo de Venezuela, en estos movimientos de sus liderazgos políticos.