No es uno, son dos videos (Ver aquí) donde aparece Nelly Márquez de Alonso, fundadora y Directora del Jardín Infantil María Montessori de la ciudad de Managua, maltratando física y verbalmente a dos pequeñuelos, una valiente niña que aun siéndolo, no se doblega ante la agresión y otro travieso, a la que la “educadora” califica, sin  más de “autista”, al que le pone un basurero, de sombrero.

Según algunas fuentes, el método de enseñanza Montessori se basa en que “las mejores predicciones del éxito futuro es cuando se tiene un sentido positivo de la autoestima. El programa Montessori basado en la propia dirección, actividades no competitivas, ayuda al niño al desarrollo de la propia imagen y a la confianza para enfrentar retos y cambios con optimismo”.

Pero esta señora Nelly Marquez de Alonso, fundadora y directora del Jardín Infantil no sólo ha cometido una serie de delitos de consecuencias penales, especialmente por las violaciones al Código de la Niñez, no sólo ha desvalorizado su centro y la franquicia que utiliza, sino que ante la ulterior visita de los inspectores del Ministerio de Educación de Nicaragua, que visitaron el centro para enterarse de la situación, ha mostrado una desfachatez y un cinismo tal, que raya en lo absurdo.

Ha declarado, justificando el hecho -y aceptándolo, para dolor de cabeza de sus futuros abogados- que el video sin embargo, no muestra que la niña había llegado tirando las cosas, llorando y gritando al colegio, por lo que la reprendió. “No es pegándole, es un toquecito apenas”, se justifica. Todos vemos en el video como golpea una y otra vez, en la cabeza, a la niña, la arrastra hasta un rincón y la amenaza.

Sobre el trato humillante y agresivo al otro niño, esta señora relató que el menor solía tomar cosas de la basura y se las comía. Fue entonces que le dijo: “Si está comiendo la basura, lo voy a declarar el rey de los basureros, porque los niños no comen basura… entonces se le puso (el cesto de basura en la cabeza) y él tranquilito, no hubo problema… Es llamada de atención, yo no lo veo como maltrato”. ¿Cuántos otros niños habrán recibido este tipo de maltratos en ese centro?

Y quizás los padres de los menores tomarán algún tipo de acción legal contra estos abusos, quizás no. Y quizás pueda entenderse que los empleados, asalariados de este tipo de personajes, acudan en su defensa minimizando el tipo de daño, justificando y culpabilizando a las mismas víctimas de la agresión. Al fin y al cabo, nuestras escuelas, colegios y universidades siguen siendo una reproducción fiel de los sistemas cuartelarios donde la docilidad absoluta, la ausencia de pensamiento  crítico, la complicidad con los agresores y la doblez frente al poder, nos convierten en simples fichas de un engranaje de la mediocridad y el servilismo.

Es lo que está sucediendo con el caso del Dr y teniente Yadder Montiel, donde la “maestra” que es la jerarquía militar del ejército nicaragüense, golpea en la cabeza, centro del pensamiento humano, desde donde emanó el lamento, la expresión humana de sensibilidad ante  la represión policial y militar contra los campesinos de El Tule. El Fiscal militar ha pedido la pena máxima, dos años de cárcel por esa “la falta de decoro” del Dr. Montiel, de manifestar su solidaridad humana ante los heridos de El Tule. No es el juramento hipocrático el que debe regir a un médico en el ejército, es la docilidad ante los jerarcas del actual poder político-económico-militar-familiar

Y en otro caso relevante, recordemos a un pedófilo en serie, el sujeto  William James Vahey, quien no solo laboró impune en el “prestigioso” Colegio Americano Nicaragüense, sino que al descubrirse sus delitos, incluyendo fotografías que tomaba a los menores que abusaba, recibió el apoyo de su directora, Gloria Doll, para largarse impune del colegio y del país. Sin embargo, Vahey no soportó que el FBI le notificase, al llegar a Estados Unidos, que estaba sujeto a investigación por estos delitos y el 22 de marzo del 2014, se suicidó en un hotel de Minnesota. La Junta Directiva del Colegio, en su mayoría padres con hijos en ese colegio, en todo momento trabajó, como la directora Doll, para acallar las investigaciones y el escándalo.

Este tipo de complicidades de facto, que son similares a las justificaciones de las madres cuyas parejas abusan de sus propias hijas o hijastras, es ya un anti valor muy enraizado en la conciencia nicaragüense: Arrastrarse ante el poder que abusa, viola, agrede, ofende, humilla, hiere y mata, es la medida del éxito en Nicaragua. Nos estamos convirtiendo en una sociedad de reptiles, sapos y batracios.

El poder nos quiere domesticar, someter, disciplinar, “con unos golpecitos apenas”, como argumenta en su caso y en su esfera de poder, doña Nelly Marquez, como lo hace el Fiscal Militar que impone un indecoroso decoro, como lo hizo la Directora Doll y los padres de familia del Colegio Americano.

Pero ojo, la valentía de la niña agredida es una muestra de esperanza. No todo está perdido ante un poder que nos quiere poner de sombrero, el cúmulo de sus propias basuras y desperdicios. Basura quieren en nuestras cabezas, no cerebros, no mentes, no sensibilidades humanas como las de Dr. Montiel. Aun cuando seamos arrinconados, chillemos, protestemos, no aceptemos su agresión, tomemos en cuenta lo que grita, firme y valiente, la niña del Montessori : “no voy a respetar” a un poder abusador, violento y agresor.