8 marzoEn muchas partes del mundo, Nicaragua no es la excepción, la lucha por el reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres se percibe como un riesgo para los “derechos” de los poderes establecidos. En realidad, el 8 de marzo es sólo una pausa para recordar la permanencia infinita de esta lucha: la humanidad nunca podrá prescindir de lo específico femenino (que es donde se renova como humanidad) y de su significancia social, politica, económica en tanto género.

La humanidad no puede aspirar a un régimen de libertades, si hay seres humanos privados de las suyas. A la cabeza de decenas de esos sectores aun no reinvindicados, están las mujeres. No habrán hombres libres, si no hay mujeres libres. No pueden nacer todos los hombres iguales, si no nacen todas las mujeres, iguales. Los derechos y la libertad de las mujeres son la medida de los derechos y libertades del ser humano, de la sociedad. No pueden haber hombres libres, mientras no se hayan emancipado de su dominio, control y represión contra los derechos de las mujeres.

Así como un régimen liberal y de libre empresa era incompatible con el régimen de esclavitud y terminó aboliéndolo, a veces a precios enormes, asimismo en la era actual, la democracia es incompatible con un régimen de dominio y cercamiento de los derechos humanos de las mujeres y de las niñas: a la vida, a la no violencia,  a la salud especializada, a la libre concepción o no, al aborto, a la educación y trabajo, a la no segregación ocupacional o salarial, al liderazgo de todo orden, a la participación política activa, a la autonomía económica, al acceso y propiedad de los medios de producción, al ejercicio de su propio poder como sector social, a la búsqueda libre de su felicidad.

La positiva meta de lograr lo mas pronto posible la paridad entre hombres y mujeres, como se lo ha fijado ONU-Mujeres (“Planeta 50-50 antes de 2030”)[1] ante la lenta velocidad de logro hacia la equidad e igualdad, es sin embargo, una meta limitada, por su carácter eminentemente cuantitativo: hay mujeres en el poder, como ejemplo en Nicaragua, que más bien se constituyen en frenos o factores represivos de esas reinvindicaciones y justifican los status quo o las regresiones, bajo los típicos y tradicionales razonamientos del patriarcado decimonónico.

Por lo tanto, la lucha de las mujeres también debe ser especialmente activa en el terreno formativo, educativo, informativo, de formación de opinión publica pues en las mentes de hombres y mujeres es donde se libra buena parte de esas batallas por sus derechos. Es lo permanente e infinito, de los 8 de marzo.

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[1] “En su mensaje en ocasión del Día Internacional de la Mujer 2015, la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres Phumzile Mlambo-Ngcuka asevera que la paridad de género debe lograrse antes de 2030, a fin de evitar el lento ritmo de progreso que condena a las niñas y los niños que nacen hoy a esperar 80 años antes de ver un mundo con igualdad”. – Ver en: http://www.unwomen.org/es/news/stories/2015/3/executive-director-message-for-iwd-2015