Como hermanas siamesas nacidas en el aborto de 1898, Cuba y Puerto Rico comparten casi las mismas banderas
Como hermanas siamesas nacidas a pesar del intento de aborto de 1898, Cuba y Puerto Rico comparten casi las mismas banderas.

Actualmente, Puerto Rico es un “Estado Libre Asociado” a Estados Unidos (EE.UU.), es decir, no es un país extranjero respecto a éste, pero tampoco es un Estado “doméstico” como Alaska o Hawai. Simplemente le pertenece, no es parte de EEUU.

Este estado híbrido de vinculación respecto a EE.UU., no se ha basado nunca en una decisión soberana del pueblo portorriqueño, sino que es secuela del práctico secuestro que sufrió producto de la invasión que la gran potencia realizó el 25 de julio de 1898, cuando la incipiente nación isleña estaba luchando por emanciparse de España. Como resultado de esa intervención militar, Puerto Rico, nunca ha podido constituirse como un Estado Libre, Soberano e Independiente; el único caso al sur del Río Bravo.

Precisamente, las primeras colonias en lograr su independencia en Las Américas, fueron las iniciales 13 que fundaron la nación de Estados Unidos de América (1776). Esta emancipación temprana no podía menos que marcar el ejemplo a seguir, por el resto de colonias de América sometidas a España y a otras potencias europeas. Los movimientos independentistas contra España, en general, arrancaron en Las Américas por allá en 1808, coincidiendo con el movimiento independista de los españoles alzados contra la invasión que a su vez, sufría España por parte de Francia (Napoleón Bonaparte).

Estados Unidos, al independizarse en 1776 de la monarquía británica, arrancó con una ventaja estratégica: conformarse como una unión de Estados con una visión común, cosa que no pudo lograr Simón Bolívar con el grupo de ex colonias españolas, a pesar de sus intensos afanes entre 1810 y 1830.

Pero sucede que EEUU había nacido con una profunda como efectiva compulsión expansionista: adquirió Louisiana (1803), aprovechándose de las rivalidades entre Inglaterra y Francia; entre 1811 y 1821 (mientras México y Centroamérica se independizaban de España), se anexó Florida. En 1812, le declaró la guerra al Reino Unido, disputándole su control sobre el territorio de Canadá. A pesar que los ingleses lograron invadir en cierto momento Washington, Nueva York y Nueva Orleans, la disputa territorial no avanzó a más, luego de un acuerdo de paz. En 1840 (año en que fracasaba el proyecto de Federación Centroamericana), le tocó el turno a los Estados de los hoy Texas, Oregon, California y Nuevo México. En 1854, mientras Nicaragua iniciaba su guerra civil que iba a convertir a un mercenario estadounidense en una pesadilla anexionista, EEUU se apropiaba de las Islas Hawai y otras posesiones en el Pacífico. Más adelante, en 1867, Estados Unidos le compró a la Rusia zarista, el territorio de Alaska y entre 1897-1898, como hemos mencionado, le hacía la guerra a España por sus dos últimas islas en el Caribe.

Ya EEUU se había echado al mar, tirando su larga vista hasta los mares de Japón y China: En 1848 firmó un tratado comercial con China, y en 1854 el Comodoro Matthew C. Perry y sus amenazantes “barcos negros”, obligaron a Japón a integrarse, contra su voluntad imperial y autárquica, al intercambio comercial con Estados Unidos.

El descubrimiento de oro en California (1848) giró la vista corta de EEUU hacia el Caribe y Centroamérica y le hizo reflexionar sobre la necesidad de encontrar un pase rápido del Caribe hacia el Pacífico, lo que condicionó la historia no sólo de Nicaragua, Panamá y Colombia, sino del conjunto de islas caribeñas en ese trayecto: Resulta que España todavía tenía posesiones coloniales en Cuba y Puerto Rico, dos islas muy cerca del territorio continental de EEUU y que en ambas naciones, se estaban dando fuertes movimientos armados independentistas.

España, como efecto de las presiones entre 1892 y 1895 de la lucha independista cubana (encabezada por José Martí, el general Máximo Gómez, Antonio Maceo y los mambises), se vio forzada, en el año de 1898, a reconocer a Cuba, el status de Estado Autónomo. Estados Unidos vio en esto una señal de debilidad de parte del imperio español y un crecimiento de una amenaza potencial representado en los movimientos independentistas de las dos islas y decide hacer una demostración de fuerza enviando al acorazado Maine a fondear en la Bahía de La Habana, sin permiso ni de los españoles, ni de los cubanos.

En extrañas circunstancias, el Maine explota y se hunde, con el resultado de cienes de marinos muertos y heridos. EEUU declara de inmediato la guerra a España, haciendo un doble movimiento, al bloquear las acciones de los independentistas cubanos y aprovechando a las fuerzas mambises en los combates contra España.

Esta guerra de unos cuantos meses, le deja de rédito a EEUU (Tratado de París en diciembre de 1898), la cesión de España de sus posesiones en Cuba, Puerto Rico, Filipinas y las Islas Guam, en el Pacífico.

Cuba permaneció ocupada militarmente por EEUU hasta 1902, cuando se le permitió una independencia relativa, pero imponiendo en la Constitución cubana, la Enmienda Platt, mediante la cual  EE.UU. se reservaba el derecho a intervenir e invadir cuando lo considerase apropiado a sus intereses.

No sucedió igual en Puerto Rico, que invadido desde el 25 de julio de 1898 por los marines, mira cercenado históricamente su derecho a la independencia y soberanía. Desde esa fecha, los marines estadounidenses no han cesado de pisar con sus botas, el suelo portorriqueño y las generaciones portorriqueñas han nacido y crecido en medio de ese marco de protectorado o anexión parcial a EE.UU.

Es una situación que trasuda todo el sistema económico, político, la ideología, la idiosincrasia nacional, la cultura, pero en una especie de limbo: Puerto Rico no ha sido anexado como Texas o California, no es el Estado 51 de la Unión. Tiene ciertos deberes, pero no tiene acceso a muchos derechos. Un “Estado Libre Asociado” provoca una crisis de identidad mayúscula: un portorriqueño ¿es ciudadano estadounidense o qué? ¿Son verdaderamente ciudadanos libres?

En diversos ejercicios plebiscitarios (1967, 1993, 1998, 2012), la población de Puerto Rico ha venido variando la percepción de su situación y la visualización de nuevas respuestas, dejando claro a lo largo de esas consultas, que no acepta seguir alargando esa situación humillante, colonialista, de estar constituido como “Estado Libre Asociado” y dejando sólo dos opciones antagónicas: o convertirse en el Estado 51 de Estados Unidos (cosa que EE.UU. no se sabe si demanda o acepta) o constituirse como un estado libre, soberano e independiente.

Los resultados plebiscitarios corrigen en mucho lo expresado por el independentista portorriqueño Rubén Berríos ante la Tercera Cumbre 2015 de la CELAC: Si bien es cierto que en la primera pregunta del Plesbicito de 2012 (“¿Está usted de acuerdo con mantener la condición política territorial actual?”) el 54% de los votantes rechazaron seguir en el status de “Estado Libre Asociado”, en la segunda sobre las opciones, solamente el 4% de los votantes, opinaba por la independencia total, mientras casi un 45% opinaba por una anexión total a EEUU.

Elecciones en Plesbicito 1967 1993 1998 2012
Ser un Estado de EEUU(Estadidad) 39.0% 46.3% 46.6% 44.6%
Independencia total 0.6% 4.4% 2.6% 4.0%
Estado Libre Asociado-ELA/ELA Soberano 60.4% 48.6% 0.3% 24.3%
Otros cómputos 0.7% 50.5% 27.0%

Fuente: http://electionspuertorico.org/home_es.html

A lo largo de estos plebiscitos, se observa como ha venido decayendo de manera brusca la opinión de seguir indefinidamente en el mismo estatus de “asociación” con esa potencia, mientras se mantiene muy fuerte la opinión de la anexión total a EEUU (Estadidad)  y crece, aunque muy lenta y débilmente, la opinión sobre la independencia total.

Eso nos lleva a concluir que antes que una acción conjunta de la CELAC, de las Naciones Unidas o incluso, de alguna acción unilateral de EEUU renunciando a sus derechos de posesión sobre Puerto Rico, le toca al movimiento independentista de ese país, convencer y movilizar a su propio pueblo, variar sensiblemente esa percepción popular que se refleja en dichos plebiscitos.

El apoyo externo a un pueblo en lucha por su identidad e independencia es fundamental e imprescindible. Pero toca al pueblo portorriqueño levantar sus propias banderas de libertad, soberanía e independencia para que esa lucha sea exitosa. Y en eso, hay mucho por hacer todavía.