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2015 es un año pre electoral en Nicaragua, un país como pocos en el mundo, que ha podido pasar en pocos años, del drama de una dictadura generacional (1934-1979), a una triste comedia de 9 ex dirigentes estudiantiles “revolucionarios” que habían luchado durante 20 años… para aguantar en la pista de los hechos, sólo 10 años (1979-1989) en el poder, para pasar luego a la tragi-comedia de tres sucesivos lideres “opositores” que hicieron todo lo necesario (1990-2005) para el regreso de los anteriores (2006), hasta llegar al presente sainete del liderazgo, ya no de nueve, sino de dos eclécticos trasnochados que prometen el oro y el moro, mientras al estilo del mercado oriental, confunden a los ingenuos que apuestan donde está la pelotita del desarrollo debajo de las chapas metálicas del partido-empresa que gobierna al país y que hacen todo lo posible para eternizarse como otro poder generacional.

El 20 de julio del 2007, Hugo Chávez Frias y Don José D. Ortega colocaron la primera piedra de lo que  sería el complejo industrial “El Supremo Sueño de Bolívar” en Miramar, Pacífico de Nicaragua, una refinería de petróleo que procesaría 150 mil barriles diarios, con capacidad de almacenaje de 1 millón 800 mil de barriles, incluyendo un oleoducto desde el Atlántico nicaragüense. Se dijo que la refinería estaría en plena operación en el 2015. Siete años después, las obras no han pasado del cercado perimetral, la construcción de planteles y la excavación de las bases donde irían los tanques. No obstante, el gobierno aun menciona el proyecto como algo inmediato a realizar, con el aplauso de sus masas, que llenas de fe, esperan y esperan por ese supremo sueño.

En Nicaragua, se piensa que el desarrollo es un asunto de suerte, como ganarse el premio mayor de una lotería, un crucero por el Caribe en una rifa de detergentes o recibir regalos navideños de un Santa Claus y un Niño Dios que no se sabe por qué lo harían…O dos taburetes de cobro a cada lado de una zanja.

Relata un colega salvadoreño, que asistió con otros centroamericanos, a las celebraciones de la “Purísima”, tradicional ronda de rezos, cantos y golosinas en honor a la Virgen María, a ver los altares de los ministerios y entes del gobierno FSLN en una de las avenidas que terminan en el Lago de Managua. Una fila interminable de personas, paciente y ordenadamente pasaban delante de los altares a recibir “regalos” de los funcionarios de gobierno. Un colega guatemalteco, admirado, dijo: “¡Qué bien! El gobierno nicaragüense regala a la gente, arroz, aceite, frijoles, panas plásticas, que si bien no resuelven el problema de la pobreza, pues en algo alivian”. El colega costarricense, meneando la cabeza, le respondió: ”Es cierto. Pero en mi país, en cambio, no regalamos nada de eso, porque creamos oportunidades de trabajo para que la gente con su empleo y un buen salario, tenga la capacidad de comprarlos siempre, en vez de esperarlo como regalo anual”.

La mediocridad, el individualismo ramplón, el trabajo fácil y peor aún, el no-trabajo, reinan por doquier. Es una especie de sistema extorsionador: si querés que la cosa funcione como debe, tenés que pagar extra, regalar algo o soportar esos valores.

Fui a la Policía de Tránsito de Managua a renovar mi licencia de manejo ya vencida. No lo pude hacer, pues la había sacado en León. En León me dijeron que no podía renovarla porque yo vivía ahora en Managua. Fue inútil explicar lo que me habían dicho en Managua. Decidí entonces solicitar el traslado de la licencia a Managua. Llegué un viernes la próxima vez a León, a las 3:35 pm; me dijeron que regresara el lunes siguiente, pues las oficinas cerraban a las 4:00 pm y no habría tiempo de iniciar el papeleo. Pude regresar hasta el mes siguiente, cargando con las respectivas constancias. Pero me dijeron que el examen de la vista en la Cruz Roja se había vencido el día anterior. Llegué a la Cruz Roja a las 12:15 pm y me dijeron que ese examen se hacía solo en la mañana, pues la especialista no estaba de tiempo completo. Seis meses después regresé a León; se había maximizado mi espíritu pragmático y comencé a repartir sobornos a troche y moche. Todo fluyó en pocas horas.Con todo, la licencia en Managua la recibí hasta un mes después. El proceso se llevó en total, nueve meses.

El desorden, en Nicaragua, se ha convertido en la fuente del derecho. Mientras por un lado, para todo hay procedimientos, normas, reglamentos que cumplir, esto es discrecional y relativo, según las conveniencias.

En la entrada principal de Metrocentro, uno de los “mall” de Managua,  una larga fila de taxis bloquean el acceso, haciendo imposible a todo vehículo, incluidos ellos mismos, penetrar a las instalaciones y provocando un cuello de botella en la salida de una rotonda. En las aceras, decenas de pequeños negocios han comprado a la alcaldía de la ciudad, el derecho a instalarse sobre la acera peatonal, obligando al público a esperar buses o caminar en la mera calle, estrechada por la larga fila de taxis esperando captar pasajeros. Cualquiera que proteste contra ese desorden, es bombardeado por insultos y recibe discursos sobre el derecho humano al trabajo, no importa que sea ejercido en base a ese estado caótico

Las soluciones simplistas, que son la moda en Nicaragua, no atienden para nada, sus efectos de corto y largo plazo.

Samuel Santos, uno de los alcaldes sandinistas en Managua en los años 80, ha pasado a la historia igual que el viejo enemigo de Sandino, José María Moncada, quien en 1926 ordenó tirar las aguas negras de la ciudad al Lago de Managua: El flamante alcalde sandinista simplificando también las cosas, resolvió el problema recurrente de la inundación de un par de barrios de Managua, desviando las voluminosas aguas provenientes de las alturas despaladas de Jocote Dulce, San Isidro de la Cruz Verde, El Crucero, hacia Tiscapa, una laguna cratérica de 10 mil años de formación, 15 hectáreas de espejo de agua y una profundidad de hasta 42 metros, ubicada en pleno centro de la ciudad. Hoy en día, esta es una masa verde de aguas estancadas, contaminadas con toneladas de basura, plásticos, restos de animales, lodo, podredumbre y demás. La aplicación de ozono, de microrganismos, el efecto de un surtidor que trata de oxigenar las aguas, se enfrentan inútilmente, al flujo interminable de los dos cauces de desagüe construidos que descargan a esta laguna, 2.5 millones de kilómetros cúbicos de aguas contaminadas y basura, por mes.

La inversión de valores en Nicaragua en ese poco margen de años, no sucede sin una razón, sin un fenómeno raíz de esos efectos. Y es que dados aquellos sucesivos cambios de sistemas de poder mencionados al inicio, se comprueba que en realidad, aquí no ha habido ninguna lucha ideológica, ningún choque de ideologías justificando uno u otro sistema. Aquí el conservatismo, liberalismo, sandinismo, socialismo, comunismo, socialcristianismo, et.,  no son ideologías, son justificaciones para los mismos desmanes.

Resulta que hemos cambiado varias veces de sistema social, político y económico tan fácil y rápidamente, que los mismos se han vuelto una especie de guardarropa de nuestro comportamiento social y político. Los sistemas y la ideología no son la matriz generadora que nos hace ser como somos: son nuestro disfraz.

Pero ¿qué impulsa esta ductibilidad de la ideología y de los sistemas que las generan o que las siguen? ¿Qué hace que sean una especie de muda, según las circunstancias? ¿Cuál es nuestro cuerpo de ideas para interpretar y transformar nuestro mundo?

En la introducción de Richard  Armour al libro “Historia de la estupidez humana”, de Paul Tabori, se dice: ”Algunos nacen estúpidos, otros alcanzan el estado de estupidez, y hay individuos a quienes la estupidez se les adhiere. Pero la mayoría son estúpidos no por influencia de sus antepasados o de sus contemporáneos. Es el resultado de un duro esfuerzo personal”. La estupidez, dice Tabori, “ha sobrevivido a millones de impactos directos, sin que éstos la hayan perjudicado en lo más mínimo”.

Es la estupidez, la ideología trascendente a todas las ideologías en Nicaragua; la estupidez ha pasado a formar parte de la idiosincrasia nacional. Es la madre de todas las ideologías. Las ideologías son perecederas. La estupidez se eterniza. Y es contagiosa. Un arma de descomposición masiva.

En la ciudad de Masaya, alguien decidió instalar las pilas sépticas de la ciudad, en el borde exacto de la bella laguna de Masaya. Cada periodo de lluvias, las pilas se rebalsan cayendo en cascada color tierra, hacia las aguas de la laguna, la cual ya no sirve ni de balneario.

En Managua, la laguna de Asososca, fuente de agua potable de la capital, alberga en su exacto borde norte, la refinería de petróleo que genera diésel, gasolina, kerosene, benceno, aslfalto y demás derivados o subproductos. Nadie sabe cuánto de este coctel se infiltra hacia la fuente de agua potable.

Los hechos son tozudos, pero la estupidez separa al fenómeno, de su percepción, haciendo aparecer lo imaginado, como lo real y a lo real se le llama “imaginación”, u “odio de derecha”. No basta que los hechos se vean, se midan, se sientan, lo sustantivo es lo que creamos ante esos hechos, la imaginación que nos hagamos sobre esos hechos.

A las 11 de la noche del 6 de septiembre del 2014, un espantoso estruendo sacudió la parte oriental de Managua, cerca del Aeropuerto Internacional A.C. Sandino. Una comisión interinstitucional del gobierno sandinista explicó que la explosión se debió a la caída de un meteorito, aun cuando absolutamente nadie vio de previo ninguna luminosidad descendente en el sitio. El geólogo William Martínez dijo que en el cráter de 12 metros, había “señales de espejo”, como producto de la fricción del meteorito en las paredes del suelo. El asesor Wilfred Strauch, vocero, junto a la Primera Dama de Nicaragua, del INETER en la cadena de sismos de la Punta Chiltepe, “dado el ruido que produjo”, declaró que indudablemente era un meteorito. Humberto García, del Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional, señaló que el meteorito podría ser un fragmento del asteroide 2014RC (que pasó 13 horas antes a 40,000 kilómetros de la tierra). Cuando alguien excavó para ubicar los restos del meteorito, uno de los científicos nicaragüenses declaró que probablemente el meteorito era de hielo y  por eso no se había hallado nada. Los Managua vivimos felices sabiendo que al menos el cielo nos mandó algo de manera directa, aunque no sepamos si en realidad lo que provocó ese cráter cerca del aeropuerto, fue la explosión de algún depósito de municiones del ejército.

En su libro, Tabori no aborda la estupidez como un resultado de alguna limitación física del cerebro, una discapacidad, sino como una actitud, una filosofía adoptada por los sujetos, una subutilización de sus capacidades racionales, decidida voluntariamente por el propio sujeto. La estupidez, como fenómeno individual y social: “coarta la sensatez del poseedor de ese cerebro, que le impide reconocer las causas, las conexiones lógicas que existen detrás de los hechos y de los objetos, y entre ellos”.  Un estúpido, citando Tabori al doctor Feldmann, es “a quien la naturaleza ha suministrado órganos sanos, y cuyo instrumento raciocinante carece de defectos, a pesar de lo cual no sabe usarlo correctamente. El defecto reside, por lo tanto, no en el instrumento, sino en su usuario, el ser humano, el ego humano que utiliza y dirige el instrumento.”

Y como hemos visto en los breves casos descritos, la estupidez no es un síntoma de la ignorancia: hombres y mujeres científicos y letrados pueden caer en estupideces.

Un “sabio” juez de Managua, decidiendo un caso de violación (caso de Fátima Hernández, de 24 años), sentenció que el acusado, el sujeto Farington A. Reyes Larios, era beneficiario de importantes atenuantes en su culpabilidad: había sido víctima del “arrebato erótico provocado por la ingesta alcohólica” que había tomado junto a la víctima y además, ya sufría mucho por “el daño moral y la pena natural que habrá sufrido el acusado ante sus compañeros de trabajo y ante las personas de su entorno familiar y social”(sic.!!!). (Ver: Sentencia del Tribunal de Apelaciones de Managua, Sala Penal número 2.Del 8 de noviembre del 2010).

Dice por su lado, Tabori: “Hay hombres (y mujeres, hay que aclarar) estúpidos que poseen amplios conocimientos; el que conoce las fechas de todas las batallas, o los datos estadísticos de las importaciones y de las exportaciones puede, a pesar de todo, ser un imbécil(…). En realidad, la extraordinaria abundancia de conocimientos a menudo disimula la estupidez, mientras que la sabiduría de un individuo puede ser evidente a pesar de su ignorancia”.

El Rector de Rectores en Nicaragua, Ing.Telémaco Talavera, declaró en una ocasión, sobre el proyecto del Gran Canal Interocéanico surcando el Lago Cocibolca, que al no haber la profundidad necesaria de 30 metros de agua en dicho lago (con una profundidad media de 13 metros), sería necesario dinamitar la roca del fondo del lago. Eso provocó un revuelo en algunos círculos. Decidió rectificar, diciendo que ya no se iba a dinamitar, sino a hacer una zanja dragando el lodo, limo y basura del fondo del lago para que puedan pasar los buques Grand PostPanamax. O sea, un canal interoceánico con paredes de lodo. Todos los allegados al gobierno, aplaudieron satisfechos, semejante genialidad.

2015, año pre electoral en Nicaragua, quizás sea un momento cumbre en que al fin recuperemos nuestra racionalidad como individuos, sociedad, nación. Darnos cuenta que nuestros hechos no sirven para clasificarnos como reaccionarios, revolucionarios, comunistas, liberales, conservadores, sandinistas, etc., sino como gente pensante y racional o gente estupidizada, burocratizada, sin pensamiento en el sentido que habla Tabori. Citando éste al Dr. Feldamann, discípulo de Freud, refiere que la estupidez es esencialmente miedo. Y el miedo, decimos nosotros, es la resistencia a pensar por uno mismo, a tomar decisiones y asumir responsabilidades. Vencer el miedo es la única manera de vencer a esta estupidez nacionalizada que nos ahoga.