Imagen en: http://isamis2012.blogspot.com/2013/10/el-papa-convoca-un-sinodo-de-obispos.html
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La Iglesia Católica , en nuestro medio, es un factor relevante a considerar por su efecto en esa triada distorsionada y desequilibrada que a su vez , determina gran parte del comportamiento social, como lo ha planteado el bogotano Antanas Mockus: la ley, la cultura y la moral.

Son tres ejes en las que la Iglesia Católica tiene una experiencia ya en marcha a hacia los tres mil años. De ninguna manera despreciable.

El Sínodo de Obispos que se ha iniciado, abordará temas sustantivos respecto a la situación de las familias católicas. Se intuyen avances en una tolerancia teológica y moral mayor con las personas divorciadas, con las personas de otras opciones de sexualidad (obviamente con la aplicación de los respectivos recorridos penitenciales).

Esto podría, aun partiendo de esa caracterización base de “culpables” y “transgresores”, una mejor tolerancia social, elevamiento de la autoestima y disminución de la violencia contra algunos de estos sectores.

Precisamente, en este aspecto, es vital el tema de la violencia familiar, pues “son las mujeres y los niños quienes sufren violencia y abusos”, como consecuencias del abuso de alcohol y drogas, la práctica de juegos de azar, consumo de pornografía y de “otras formas de dependencia sexual y de las redes sociales”, según el documento base que se ha conocido.

El Papa Francisco ha llamado a los obispos, acudiendo a un algo extraño término para muchos, a hablar con “parresía”.

Parresía, según referencias, un termino griego utilizado al parecer originalmente por Eurípides, es explicada por Foucault como “una actividad verbal en la cual un hablante expresa su relación personal a la verdad, y corre peligro porque reconoce que decir la verdad es un deber para mejorar o ayudar a otras personas (tanto como a sí mismo). En parresia, el hablante usa su libertad y elige la franqueza en vez de la persuasión, la verdad en vez de la falsedad o el silencio, el riesgo de muerte en vez de la vida y la seguridad, la crítica en vez de la adulación y el deber moral en vez del auto-interés y la apatía moral”.

El Papa Francisco ha dicho: “Esta es una condición básica general: Hablar con claridad. No digas: No puedo decir esto, si lo hago van a pensar mal de mí. Hay que hablar libremente de todo lo que crees .Tras el último Consistorio en febrero de este año en el que hemos hablado acerca de la familia, un cardenal escribió lo siguiente: ¡Qué lástima! Algunos cardenales no se atrevieron a decir algunas cosas por respeto por el Papa, pensando que tal vez  él pensaba de manera diferente.…Esto no está bien”.

Es entonces, el llamado a usar un lenguaje que por ser descarnado, puede ser duro, tener consecuencias, pero refleja la verdad sinceramente percibida por el hablante, lenguaje desnudo. Es la comunicación desprovista de retórica o consideraciones. “Hablar a calzón quitado” en el coloquio nicaragüense o latino.

Hablar de Ley, Cultura y Moral, en nuestro caso, exige esa Parresía, porque la falta de armonía e incluso contradicción entre lo que establece el Estado de Derecho, lo que determina la Cultura, lo que manda la Moral, padece de un total desalineamiento, por esa filosofía pragmática y acomodaticia del “vale todo” donde todo se justifica, para cualquier cosa.

Sólo ese llamado al hablar descarnado, sincero y directo de nuestros problemas, es ya un aporte positivo  de ese evento convocado por el Papa Francisco.

Mientras estos esfuerzos como el Sínodo de Obispos generen efectos de mayor inclusión, menos violencia familiar y social, mas valentía en la libertad de expresión, mas capacidad de escucha y tolerancia a las diversidades entre unos y otros, tienen que ser bienvenidos, al margen de otras graves complicidades de esta Iglesia a la misma situación que va a criticar y que esta obligada a corregir, urgentemente.