Nicaragua es todo un país, que ha estado siempre sujeto, como maldición aparente de la historia, a la voluntad de una poca cantidad de hombres desde su propio nacimiento como nación y república. No ha visto el funcionamiento del poder desde otra óptica. Hace 35 años, al caer un dictador basado en el linaje,  se vio multiplicado de pronto por otros 9 dictadores, exguerrilleros la mayoría, que se guardaban las espaldas los unos a los otros y que procedieron a dividir entre 9, el poder y el presupuesto estatal.

Hubo poquísimos casos de comandantes guerrilleros en el poder que manifestaran inconformidad o actitud crítica ante la evolución del poder, como es el caso del comandante guerrillero Edén Pastora, que sin embargo, más adelante, ya viejo y en estado de calamidad económica, se tuvo que someter al nuevo caudillismo de Don José, ya en el poder de nuevo, que logró en ese lapso de tiempo, liquidar o neutralizar los liderazgos de los otros 7 comandantes principales. (Uno de los 8 restantes, falleció de causas naturales).

Los 7 comandantes-dictadores-ex guerrilleros, perdido el poder en las elecciones de 1989, desde 1990 comenzaron a desgajarse del movimiento centrípeta, que desde la llanura, ejercía Don José para asegurar el control total de un activo nada despreciable después de 10 años en el poder: el partido político a nombre del cual estuvieron gobernando.

En estos movimientos de control de Don José, una de sus armas secretas en el trabajo de neutralización de los otros liderazgos, fue y ha sido desde entonces, su compañera de vida y más adelante, esposa ante la ley y la Iglesia Católica, doña Rosario, quien de hecho, a pesar de su aparente sumisión típica de los matrimonios burgueses, ha llegado a ejercer un poder político decisivo a todos los niveles del Estado, gobierno, partido y familia.

Desde el año 2007, no hay en Nicaragua signos de inconformidad o rebeldía o cuando mucho, algunas luchas o movilizaciones se convierten en conatos de poca duración, como las protestas de los jubilados del seguro social, por ejemplo. Las huelgas, uno de los instrumentos más afectivos en la lucha social y en la política,  son una especie de fósil para algún museo, si acaso: De hecho, desde el año 2007, según datos del Ministerio del Trabajo, apenas ha habido, unas seis huelgas afectando en total, a menos de 1,200 trabadores. Un promedio de casi una huelga anual, a un promedio de 200 trabajadores en huelga por año. Inmovilidad

Es como si la clase obrera, las clases campesinas, los gremios combativos como el de los maestros o el de los estudiantes, de hecho, hayan desaparecido. No hay ni clases trabajadores, ni siquiera clases populares, segmentos de clase media, que estén activas y en oposición efectiva al gobierno en ninguna de ambas dimensiones, la económica y la política.

En el entorno, se da una especie de repetición incesante y monótona de los slogans y mantras de la nueva religión y misticismo sesentianos con los que el dúo en el poder, Don José y Doña Rosario, mantienen el control necesario, mientras hilvanan pacientemente sus nuevos planes de continuismo y de enriquecimiento personal y  familiar. Y mientras el pueblo nicaragüense, repite una y otra vez sus esperanzas, su fe en el futuro, como la referencia aquella de la película francesa La Haine (El odio), que cita la historia de un hombre que cae desde un piso 50 y que lleno de fe, el tipo según va cayendo, se repite sin cesar, para tranquilizarse: ‘Hasta ahora todo va bien. Hasta ahora todo va bien. Hasta ahora todo va bien’”……Pero lo importante no es la caída. Es el aterrizaje, como se sentencia en la película.