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1. El rostro de Nicaragua que Cristóbal Colon “descubrió” el 12 de septiembre de 1502, fue el de su Costa Caribe. 512 años después, ese rostro Caribe continúa siendo desconocido para la Nicaragua poscolonial.

2. Los pueblos mayangnas y mískitos, ya eran tales, antes de la existencia del pueblo nicaragüense como tal. Estos pueblos ya estaban cuando pasó por allí, Don Cristóbal Colón.

3. Los mayangnas y mískitos son pueblos con sus propios idiomas, que están vivos, en uso y evolución. En cambio, el pueblo nicaragüense como tal, adoptó el idioma de sus conquistadores, los españoles.

4. Mayangnas y mískitos tienen una arraigada cultura propia que les da su vínculo de pertenencia e identidad. Ellos transmiten de boca a oído, su propia historia y cosmovisión. Del lado del pueblo nicaragüense, la original cosmovisión de sus comunidades indígenas, ha dado paso, con el mestizaje, a la adopción casi total, de la cosmovisión de su conquistador.

5. Todos estos factores: el idioma, la cultura propia, la territorialidad, la historia y cosmovisión compartidas y heredadas por generaciones, su vínculo a sus ancestros, hace que estos pueblos, conformen asimismo, una unidad de identidad y pertenencia, la nación. Hay una nación mískita y hay una nación mayangna.

6. Los pueblos mayangnas y mískitos, constituyen naciones a lo interno de las fronteras de Nicaragua, desde antes de la conformación del Estado nacional. Como tales, deben ser respetados y tratados, especialmente de parte del Estado nacional.

7. Apartando los pasos en oleadas de empresas extranjeras, basadas en industrias extractivas o de plantación (caucho, chicle, mineras, madereras, pesqueras) que en algún momento generaron empleo y cuasi salarios para la mano de obra indígena, Nicaragua nunca ha asumido la responsabilidad de llevar por esa vía, del empleo y los salarios, a mejores estados de bienestar a los pueblos mayangna y mískito.

8. Ante esta situación, prolongada desde la conformación del Estado Nacional nicaragüense, los pueblos indígenas de la costa Caribe, han sobrevivido por generaciones, extrayendo su alimento vegetal (plátano, arroz, tubérculos) con labranza mínima y rotativa; su proteína animal, de la carne de aves, peces, mamíferos a los que ha tenido que salir a cazar, a extraer de su medio natural; sus medicinas de hierbas, lianas, cortezas extraídas del bosque-su farmacia natural-; y hasta cierta época, sus vestidos y una gama de utensilios de diverso uso.

9. De allí que, en Bosawás en particular, no solo es la destrucción de la selva y el entorno, sino que se trata de un daño irreversible al modelo de sobrevivencia de miles de personas, mujeres, niños, ancianos, hombres mayangnas y mískitos, principalmente, que dependen del bosque para poder vivir. El ecocidio en Bosawas conduce al genocidio social y biológico, de los pueblos mayangnas y mískitos. El pensamiento y la práctica colonialista interna nicaragüense, son los responsables.

10. El pensamiento colonialista es intrínseco en Nicaragua, al Estado nacional, respecto a las naciones y pueblos indígenas de su costa Caribe. El Estado de Nicaragua impone la visión errada y peligrosa, que representa a una sola nación y pueblo.

11. El Artículo 8 de la Constitución de Nicaragua define que el pueblo de Nicaragua “es de naturaleza multiétnica”. El uso de esta ambigua categoría de “etnia” en ese marco constitucional, evita el tratamiento directo de considerar a los pueblos mayangnas y mískitos como unidades y realidades sociales distintas a lo “nicaragüense” o al menos, entidades plurinacionales agrupadas en un concepto y categoría integrante.

12. De referencia para ubicar lo limitado del concepto “etnia” en la Constitución de Nicaragua, podemos ver en los primeros artículos de la Constitución boliviana, el tratamiento más incluyente y empoderante de la presencia de los pueblos y naciones indígenas autóctonas (subrayado propio):

Arto.1. Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías (…).

Artículo 2. Dada la existencia precolonial de las naciones y pueblos indígena originario campesinos y su dominio ancestral sobre sus territorios, se garantiza su libre determinación en el marco de la unidad del Estado, que consiste en su derecho a la autonomía, al autogobierno, a su cultura, al reconocimiento de sus instituciones y a la consolidación de sus entidades territoriales, conforme a esta Constitución y la ley.

13. Romper con la visión colonialista, dominante, interna, que nos hace interpretar la presencia de estos grupos sociales “indígenas” como un mero fenómeno étnico, que se quiera o no, lleva intrínseco el tema racial o cuasiracial (a pesar que se suelen mencionar en su explicación, lo cultural, la lengua, el costrumbrismo específico), es una dura tarea política. Y un primer paso de una nuevo acercamiento a esta realidad social y de poder político.
14. Todo este marco de referencia perfila a Nicaragua como una entidad invasiva y dominante, que además, saquea y destruye, desde hace cienes de años, los recursos naturales territoriales y manteniendo en la más primitiva de las pobrezas, a sus pueblos autóctonos, especialmente a mískitos y mayangnas, eludiendo o reprimiendo sus derechos políticos a expresarse y actuar como naciones, como realidad plurinacional.

15. El régimen de autonomía de las comunidades de la costa Caribe, ha sido papel mojado por el despojo y esa repartición colonialista impulsada y permitida desde el Estado, que ha incluido recientemente, el campante reparto de las tierras indígenas en función del hipotético canal interoceánico, al estilo del reparto del oeste usaamericano por los colonos venidos desde Inglaterra y Europa, con la práctica invasora, violenta, contra los territorios mayangnas y mískitos. En pleno Siglo XXI, en el frente de choque inmediato, Bosawás, hay colonos nicaragüenses tomando tierras, socolando bosques, abriendo carriles en lo profundo de la selva, agrediendo a estos pueblos de su costa caribe.

16. En Bosawás, no hay otra salida en lo inmediato, más que operar, en coordinación con los líderes mayangnas y mískitos, el desalojo total de los invasores de Bosawás. Es la única salida, de menor costo y de urgencia.

17. El Estado de Nicaragua debe preparar un plan de atención y reubicación a las familias de invasores a desalojar de inmediato de Bosawás.

18. La imparable invasión y agresión en Bosawas, está haciendo de mayangnas y mískitos nuestros propios “palestinos” y de nosotros, sus “sionistas”: Los sionistas derriban casas palestinas en los territorios ocupados. Los nicaragüenses ocupantes de Bosawás derriban árboles y modos de sobrevivencia mayangnas y miskitos.

19. La guerra de hecho y la sangre mayangna y mískita derramada hasta la fecha, no pueden ser objeto de broma ni de sorna de nadie. Ya han muerto indígenas y uno que otro invasor “mestizo” por este conflicto que tiende a agravarse. Es irresponsable e inhumano minimizar este problema pero también lo es no reconocer el derecho a la autodeterminación de estos pueblos, incluido el derecho a resistir activamente este nivel de agresión y amenazas de parte del Estado de Nicaragua y su poder criollo, del ”Pacifico”.

20. No se debería llegar al extremo que hasta que los indígenas se organicen y se alcen en armas, Nicaragua se dará cuenta de sus errores, tropelías contra los territorios de las naciones mayangnas y mískitas.

21. Es irónico que el rostro caribeño de Nicaragua, el único que vio Colon, siga siendo hoy en día, un rostro desconocido para el resto de esa Nicaragua, olvidadiza, despreocupada, colonialista y violenta.