Avis Cana Montelimar

 

En esas rocas de la playa de  N., estábamos sentados, pero luego Avis Cana se retiró  un rato del pequeño grupo. Estaba contemplando el mar y luego se acercó. Sabiendo que algo traía de esos instantes, le preguntamos: “¿Y?”

– Nada- dijo-sólo  apreciando la inmortalidad del cangrejo, viendo cómo se desplaza en esas rocas, jugando con las mareas. Y divisando aquel faro al fondo, solitario frente al mar. Como lo estoy yo y están ustedes.

Estaba pensando-dijo,  y todos ya pusimos atención- en ese relato sobre Hunahpú e Ixbalanqué, dioses gemelos mayas. Hay algunas mitologías que hablan de dioses gemelos.

Y si el Universo fuese obra de dioses gemelos, el Dios A y el Dios B, como en el juego de la pelota, uno gana y otro pierde, vuelven a jugar y otro gana y el otro pierde, y así….para no aburrirse en esa soledad eterna. Y nosotros somos las fichas que ellos juegan, para llevar un puntaje; el que tiene más fichas al final, gana. Como los que están en prisión, que juegan y juegan y juegan.

No hay allí ni bien ni mal, solo el juego de los dioses gemelos. Nosotros, nos movemos de un lado al otro, movidos por las fuerzas del Dios A o del Dios B, según. Y en nuestros movimientos, algunos dicen: “Fuerzas poderosas nos mueven, las del Bien y las del Mal”. Y en seguida añaden: “Nuestro Dios A es todopoderoso y lucha contra el Dios B, que nos quiere destruir. No debemos seguir las voces del Dios B”. Y una parte de nosotros, nos organizamos y al frente se ponen algunos especialistas que dicen conocer al Dios A y que dicen hablar  con él y por lo tanto, son sus voceros. Ellos nos dicen qué hay que hacer en el juego, para que A gane sobre el perverso Dios B.

Pero todo juego llega a su final y a veces gana A, a veces B, de eso se trata, que no se sabe quién va a terminar ganando. Pero en realidad no importa, pues el juego vuelve a empezar.

Y en el nuevo juego, puede ir ganando B y perdiendo A. Y en ese caso, sucede que nosotros, nos movemos de un lado al otro, movidos por las fuerzas del Dios B o del Dios A, según. Y en nuestros movimientos, algunos dicen: “Fuerzas poderosas nos mueven, las del Bien y las del Mal”.

Y en seguida añaden: “Nuestro Dios B es todopoderoso y lucha contra el Dios A, que nos quiere destruir. No debemos seguir las voces del Dios A”. Y una parte de nosotros, nos organizamos y al frente se ponen algunos especialistas que dicen conocer al Dios B y que dicen hablar  con él y por lo tanto, son sus voceros. Ellos nos dicen qué hay que hacer en el juego, para que B gane sobre el perverso Dios A.

Y así, como esos en la prisión, jugando una y otra vez. Y nosotros teorizando sobre las fuerzas poderosas que nos mueven. Pero bueno, no hay que olvidar que hay algunos de nosotros que decimos: “No hay tales de Dios A o Dios B, ¡patrañas!; somos autosuficientes y gozamos de libre albedrío; somos obra del caos y del desorden, no hay fuerzas para allá o para acá, todo es un soberano desorden”.

¿Qué podemos decir ante todas estas posibilidades? Creo que nada. Todas las teorías son posibles, todas las teorías resultan ciertas, de alguna manera. Algunos dicen que hemos perdido la visión del tercer ojo, que es el que nos permitiría conocer y entender todo este universo en el que vagamos como bola de billar disparada de ningún lado a ningún lado.

Hasta aquí calló Avis Cana y vino un burumbumbum de opiniones, preguntas, disertaciones sobre todas las posibilidades existenciales, que nos llevaron más de tres horas de hambre, porque nadie se acordó de la hora de la cena. Nos retiramos entonces, a buscar que comer.

Y allá, en el horizonte, tan lejano como ya oscuro, estaba, brillante y altivo, un cíclope escudriñando hacia la profundidad del mar, con su único ojo.