La Academia Española de la Lengua se ha decidido por fin, a incorporar (para octubre 2014), a 300 años de su existencia, el término de “femicidio” en su diccionario. Eso está bien, pero…¿no es “feminicidio”?

FEMICIDIO Y FEMINICIDIO: NO SIGNIFICAN LO MISMO NI SE ESCRIBEN IGUAL

En un comentario, Elisenda Panadés[1], aclara la importante diferencia ideológica, conceptual, entre ambos términos:

El “femicidio”, en castellano un término homólogo a “homicidio”, sólo se referiría al asesinato de mujeres, mientras que “feminicidio”, definido por Lagarde[2], incluiría la variable de impunidad que suele estar detrás de estos crímenes, es decir, la inacción o desprotección estatal frente a la violencia hecha contra la mujer.

Es decir, la primera acepción no reconoce el entorno, la lógica, la cultura de odio implícita en el asesinato de mujeres, en esa indiferencia, desprotección absoluta de los crímenes contra las mujeres que azota a nivel mundial y en nuestro caso, a Nicaragua, especialmente en el último trimestre de este año del 2014.

En la Ley 779 de Nicaragua, si bien se usa el término restringido de “femicidio”, al tipificar el delito, en el Artículo 9, se dice:

Art. 9    Femicidio

Comete el delito de femicidio el hombre que, en el marco de las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres, diere muerte a una mujer ya sea en el ámbito público o privado, en cualquiera de las siguientes circunstancias (…).

En el subrayado “en el marco de las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres” se resuelve de alguna manera hacia el concepto más amplio, referido a esa situación de desigualdad de poder, así que desde el punto de vista legal, en Nicaragua, los términos “femicidio” y “feminicidio” serian sinónimos.

Sin embargo, en referencia al uso  de nuestro idioma, la restringida-e interesada, por sesgada-definición de la RAE- elimina el enfoque que conceptualiza que los asesinatos de mujeres no son el simple asesinato u homicidio de una mujer[3], sino una expresión de una actitud, un pensamiento y una práctica dañinas por el simple hecho de ser mujer.

La RAE continua no solamente conservadora en sus definiciones en estos temas, sino abiertamente proclive a no dar  paso a los reconocimientos de los derechos humanos de las mujeres. Basta señalar que aun define lo “femenino”  como “débil, endeble”. Y como anota Elisenda Panadés:

 “la RAE es una institución inminentemente masculina: en los 300 años de su historia sólo ocho mujeres han estado entre sus miembros, y de sus 43 actuales sólo siete son mujeres”.

Marcela Lagarde
Marcela Lagarde instaló por primera vez e impulsó la utilización de la categoría “feminicidio”. Imagen en http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-243559-2014-04-07.html

 Sin embargo, Marcela Lagarde, la original traductora conceptual del término, se declara satisfecha por el pequeño paso de la RAE:

Me conmueve también, porque en esta misma computadora escribí por primera vez esa palabra con la emoción de estar definiendo teórica y políticamente el feminicidio. Quise que no se confundiera con homicidio y se pensara que era la feminización de esa palabra; que fuera parecida y diferente para incluir los crímenes misóginos contra mujeres y, de manera central, la enorme tolerancia social y del Estado a la violencia contra las mujeres y las niñas, con las consecuencias de impunidad e injusticia”.[4]

 Como se ha señalado arriba, en el caso de Nicaragua, desde lo jurídico seria indiferente el uso de ambos términos, pero conceptualmente seria mas conveniente, por asuntos educativos, formativos y de género, referirnos más bien al feminicidio, mientras este fenómeno se siga expresando como una de nuestras enfermedades sociales mas graves

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[1] http://www.espanol.rfi.fr/cultura/20140410-feminicidio-entra-en-el-diccionario-de-la-rae

[2]Marcela Lagarde, antropóloga mexicana, de acuerdo a la nota, es quien tradujo y reformuló el término inglés de “femicide”, conceptualizado por primera vez en 1976 por Diana Russel y revisado en 1992 junto a Hill Radford, definido como “el asesinato misógino de mujeres cometido por hombres”.

[3] Por ejemplo, en un accidente de automóvil, alguien podría atropellar mortalmente a una mujer y a menos que se probase lo contrario, se podría  suponer que no hubo odio por la mujer o misoginia en ese acto, por lo que no caería en las tipificaciones de la Ley 779.

[4] Ver en Pagina 12: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-243559-2014-04-07.html