Mercedes Moncada

Los asesinos de Sandino, primero escondieron su cadáver, pero años después tiraron sus cenizas al vertedero de basura de la ciudad: El Lago de Managua. (….). Aquí está disuelto Sandino; pienso si convertirá el  contenido a su contenedor. Si estará el Lago Xolotlán poseído  por él, por Sandino. Si esto es cierto, entonces este lago es toda Managua (…) porque aquí  han llegado desechos de todos nosotros”

 Estas palabras de la cineasta Mercedes Moncada en el inicio de su documental “Palabras mágicas (Para romper un encantamiento)”(2012), nos introducen rápido a  su relato de ese proceso que arranca en Nicaragua, desde la epopeya de la lucha popular primero contra la dictadura somocista (1979), pasa por la ambición de llevar a cabo una revolución “antiburguesa y anti imperialista”, para caer de bruces en el más vulgar de los escenarios: el sistema reflota y con el dictador y los luchadores heroicos y soñadores ya muertos, surgen los mismos nuevos ricos, junto a los nuevos mismos ricos: todos eran los mismos, “siempre lo fueron” como esa gigantona acicalada e impasible que Mercedes ocupa de referencia a lo largo de la tragedia-comedia-tragedia de su relato.

El documental es en realidad, una catarsis personal de Mercedes, donde los recuerdos de su niñez y juventud, vienen con humo de vertedero, agua sucia del lago de Managua y sus fétidos cauces, zopilotes prestos a la carroña que son el marco permanente, a una historia tan heroica al inicio, como al final, inútil, para terminar en el punto de partida, el desencantamiento.

Es un giro en redondo donde la historia parece que se mueve, pero en realidad no fluye, a la semejanza del Lago de Managua, que casi es el protagonista principal por su simbolismo, pues no se trata más que de un proceso acumulativo que solo va aumentando, nuestras inmundicias.

El pueblo de Nicaragua, sus ciudadanos y ciudadanas, aquellos jóvenes imberbes, aquellas muchachas de rostros felices y frescos, alfabetizando, crecieron, envejecieron y de igual manera vieron, más rápidamente, no solo envejecer, sino perecer a esa revolución por la que estuvieron dispuestos a dar su vida y matar. Ahora, sus hijos, sus nietos, fumando crack, sirviendo de fuerzas de choque de los nuevos ricos, muestran el grado de frustración y encierro social a la que ha llevado a todo un país, esa vuelta en redondo, ese circular el mismo lago de inmundicias.

Un poco más de tres décadas, intensas y contradictorias, arrastrado todo un pueblo por los carroñeros del poder, que unas veces como dictadores, otras como héroes redentores-nunca crucificados-, otras como “ladrón”…” pero de corazones”, como llama frente a la masa seguidora, la esposa de Arnoldo Alemán, a su esposo, líder político liberal, otras como empresarios de nuevo cuño, gracias al dinero del petróleo  venezolano, llenan sus  panzas frente a los eternos ”pobres del mundo” cuya función es dar el  voto, no importa que sus papeletas terminen, literalmente, en el vertedero de basura de la ciudad.

Crisis moral de la nueva élite, enfatiza Mercedes, donde el líder Don José Ortega, a pesar de la fuerte acusación de su hijastra, de haber sido violada y abusada por este singular “dirigente revolucionario”, recoge ahora, no una segunda, sino una tercera vez, el voto del pueblo.

Un gato negro famélico, solitario y maltrecho, pero obstinado, camina en medio de esa basura y el humo del vertedero, hacia la pandilla de zopilotes carroñeros que pululan por allí. Esa imagen sirve para explicar el pacto político entre el líder ex-sandinista y ese Arnoldo Alemán, que se reparten armónicamente, el botín.

El relato de Mercedes se potencia con la magnífica  fotografía de Carlos F. Rossini y Leoncio Villarías que logran captar esos dos mundos en Nicaragua; el cielo azul y blanco, nítido y bello, mancillado por esas volutas de humo del vertedero y las sombras oscuras de sus zopilotes.

¿Es poesía el texto del documental cuando dice la narradora:“La muerte dejó de ser heroica y fecunda; sólo es muerte”?, recordando a tantos jóvenes sacrificados, realmente, de manera inútil y donde madres que visitan a sus hijos que combaten, hacen un llamado a las madres de los jóvenes desertores del Servicio Militar, que se esfuercen por hacer regresar a sus hijos, a la guerra.

Lo de Mercedes no es propiamente una declaración de resentimientos. Ni tampoco un manifiesto de la frustración acumulada, descubrirse lago y no río. Ni tampoco es una denuncia por haber sido engañada, o arrastrada por la historia nicaragüense.

Es la descripción del crisol en el que nos vemos forjados los y las nicaragüenses, contradictorio, revolucionario, pero conservador al mismo tiempo, del que no parecemos querer salir. Como condenados a ser como el lago de Managua.

Catarsis. Eso es. Un ejercicio de liberación, de plena libertad para un espíritu que se resiste a aceptar esa especie de sino fatal en Nicaragua, el círculo del infierno, como el del Volcán Masaya, donde estamos atrapados, quien sabe hasta cuándo. Es reconocer que: “cuando el humo se disipó y finalmente pude ver, ya no éramos los mismos”.

Es temer que las cenizas de Sandino, echadas al Lago de Managua por sus verdugos, nos caigan a todos en la cabeza, ahora que los volcanes a su alrededor, se agitan, tiemblan y nos están haciendo temblar.

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Ver trailer del documental “Palabras mágicas (Para romper un encantamiento): http://shelby.tv/video/vimeo/58134844/palabras-m-gicas-para-romper-un-encantamiento-trailer

NOTA: Gracias a Mercedes, por la oportunidad de ver su película.