Triunvirato VenezuelaTres liderazgos del lado del oficialismo venezolano:

Maduro, como el oficial, pero imberbe delfín ideológico que heredó de pronto del chavismo, ya en su lecho de muerte, su liderazgo.  Controla el poder Ejecutivo y el impacto mediático del poder chavista.

Diosdado Cabello, ex militar, compañero de aventura en el golpe de estado de Chávez el 4 de febrero de 1992, contra el entonces Presidente Carlos Andrés Pérez. No estuvo preso, como Chávez, pero solicitó su baja del ejército. Controla  la Asamblea Nacional y es el que mejor ha clonado el estilo del discurso, la labia, tono de voz, retruécanos  y la dialéctica del difunto Chávez. En eso, Maduro se le queda chiquito. Como Presidente Provisional luego  del golpe de Estado contra Chávez en abril 2002, le tocó rescatar a su amigo de su exilio temporal en Isla La Orchila. Todo ello le ha hecho pensar que tiene derechos especiales en la sucesión del poder.

Rafael Ramírez, Ministro de Petróleo y Minas, controla toda la cadena petrolera venezolana, desde la cual se distribuyen tanto los ingresos para el gobierno, como la dotación de divisas, que se ha convertido en un punto de alta corrupción y malos manejos de estratosféricas proporciones. Es el administrador y casi dueño de la renta petrolera venezolana.

Este es el triunvirato del poder en Venezuela. Los tres se vigilan mutuamente y no sueltan prenda en el control político, legislativo y económico del post chavismo.

Triunvirato oposicion VenezuelaTres liderazgos del lado de la oposición venezolana:

Henrique Capriles: salió derrotado en las últimas elecciones, superado por Maduro por un escaso margen de votos, algo no visto en vida de Chávez. Maneja una línea de oposición moderada, sin cuestionar el marco legal o constitucional. Ha sido por años, el rostro mediático de la oposición venezolana.

Leopoldo López: cercano a Capriles, pero con una visión y enfoque político más cercano a la lucha de calle y a la movilización de presión contra el gobierno, llamó en las últimas jornadas, a acciones más directas contra el gobierno chavista. Su línea política alerto al oficialismo, quien lo retiene en la cárcel acusándolo de sedicioso y violento.

María Corina Machado: desde su curul de diputada ha ejercido la oposición parlamentaria y formal contra el chavismo, cobrando más notoriedad luego de su intento de  comparecencia ante la OEA, ocupando la representación de Panamá.

En el reciente e inédito dialogo del gobierno post chavista con la oposición, se nota el ejercicio de las contradicciones a lo interior de los sendos triunviratos:  en primer lugar, el mismo hecho de la aceptación del dialogo con la intermediación del Vaticano y de cancilleres del Mercosur, marca un hito nuevo para el chavismo tradicional: aceptar que hay interlocutores en la oposición, es de hecho, reconocer la existencia de su peso político respecto al ejercicio del poder chavista. Aceptar que hay en Venezuela una especie de contención al poder “socialista”.

Es claro que en  la primera sesión de dialogo se notó a un Maduro más flexible, a un casi amenazante Cabello (quien estando frente a Maduro, twiteó que Capriles es “un asesino fascista”). Y a un Ramírez defensivo en su línea económica.

Pero Capriles decidió acudir sólo al dialogo, sin la presencia del liderazgo estudiantil y de los barrios que se han movilizado en las calles. Igualmente, sin la necesaria presencia de Leopoldo López y sin la presencia de la defenestrada de su curul, María Corina Machado, quien no ha avalado que Capriles acuda al diálogo con el gobierno.

En el diálogo, Capriles no denunció el  hecho político represivo de las cárceles contra Leopoldo López y los alcaldes Scarano y Ceballos. Ni planteó  la demanda de su inmediata e incondicional liberación, sino que  extrañamente, solicitó en sus intervenciones, una  Ley de Amnistía para esos presos políticos, como si  tal fuesen reos sentenciados por sus delitos a los que cabe la misericordia y perdón del monarca[1].  Y consciente que es el gobierno venezolano el que objetivamente ha cometido un delito al atropellar y negar a esos detenidos, su condición de electos por el voto popular.

El triunvirato oficialista, al celebrar la primera sesión de diálogo, está comprando tiempo para poder respirar de las presiones de calle. Capriles se ha prestado a ello, también apostando que con ello debilita el liderazgo más combativo de Leopoldo López y recupera el suyo propio. Debilitar la opción de calle ha sido la convergencia básica, real aunque no explícita,  entre Capriles y el triunvirato de poder, con la que se hizo posible esta sesión de “diálogo”.

Pero indudablemente, la posibilidad del dialogo, al menos teóricamente podría llevar  a la discusión de una salida constitucional a la crisis, lo que no interesa a la radicalidad chavista representada por Cabello, ni al poder rentista representado por Ramírez, de PDVSA, quienes podrían llamar a una acción masiva del chavismo contra la supuesta blandenguería de Maduro, al que visualizan como negociando el legado chavista. Y esa es una perspectiva preocupante, donde por la dispersión de intereses dentro de los respectivos triunviratos, el dialogo podría mas bien conducir a una agudización de la crisis y a una mayor violencia de la polarización.

El diálogo trae sus propios afanes.

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[1] Más de 400 detenidos. 162 ciudadanos  a la orden de la Fiscalía del Ministerio Público y 161 en libertad con medidas cautelares.