El Estado en Nicaragua está cambiando de giro y naturaleza: de una especie de almácigo para la nueva clase social parasitaria generada y sostenida por el subsidio petrolero venezolano, hacia una función clasista más clara como un mero  aparato del orden y como su caja negra a través de los tributos e impuestos.

Orden e impuestos será el nuevo lenguaje del aparato de poder en Nicaragua.

Estas dos tenazas apretarán por un lado a las clases empresariales y a las clases trabajadoras, según la coyuntura y el bamboleo del equilibrio del poder, lo que indica que se inicia el desgaste político del poder actual, como modelo populista: ya no hay nada que redistribuir y propagandizar.

Se estará cerrando más la transferencia de excedentes desde el modelo venezolano, que vive su propio proceso de desgaste, a  la manera de esos castillos de arena a la orilla de la mar. Modelo que se caracterizó a su vez por la construcción de una especie de socialismo mental o de catarsis seudoreligiosa, sin sentar las bases de la transformación y modernización objetiva de la base de producción. El atribulado Maduro, que no sabe para dónde ir ni cómo, es el designado por la historia, a despecho del designio del desaparecido fundador del modelo, para cerrar ese capítulo.

Viendo por el lado de Cuba[1], vemos que Raúl Castro llegó a una sabia conclusión, como dice alguien, luego de casi 50 años del aprendizaje de las primeras letras de las primeras líneas de la primera lección del marxismo: “Antes de distribuir riquezas, primero hay que producirlas”[2].

En Nicaragua, la clase parasitaria incrustada en el aparato del Estado, cuenta, al parecer, con una baza: mientras le ha tratado de abrir un caminito de miel a China con la concesión canalera FSLN-Wang Jing[3], puede recurrir al financiamiento y al apoyo militar de Rusia, interesada en darle el vuelto a Estados Unidos, creando con Cuba, Nicaragua y Venezuela, un triángulo caribeño de avance estratégico en el propio traspatio usaamericano. Una especie de Ucrania-caribeña para Estados Unidos. Esto nos pone, otra vez, en las patas de los mismos caballos. Más de lo mismo, cuesta que produzca algo diferente.

RaftingLo que es indudable es lo afirmado: estas coyunturas están conduciendo a un giro en la naturaleza del Estado en Nicaragua, presentando al desnudo el verdadero perfil o naturaleza del poder: un aparato de fuerza, orden y recolección de tributos e impuestos para seguir amamantando a la clase social parasitaria incrustrada en dicho aparato.

Prepárese Nicaragua al rafting de represión (policía, fuerzas de choque, ejército) y de impuestos que ya se ha inaugurado. La divisa ya no será:”Patria Libre o Morir”, ni: “socialismo, solidaridad, cristianismo”. Se trata de eso simple: Represión e impuestos.