Estamos en una era, al menos en la América negra y morena, en la que el autoritarismo, el despotismo y el pensamiento reaccionario a las grandes necesidades sociales, tiene al menos que disfrazarse de populismo para poder competir en el mercado de votos electorales.

Pero esta verdad pragmática no parece ser evidente en el caso del Partido Arena de El Salvador y en su candidato para la otra vuelta, Norman Quijano, que al parecer no han oído hablar ni siquiera de responsabilidad social o ni siquiera de algo todavía menos de izquierda, como Cáritas, a la que seguramente consideran, subversiva. Parecieran ver comunismo y socialismo en cada gesto de reinvindicación de las necesidades de los sectores más postergados de la población salvadoreña. Oyen “social” y traducen “socialista”.

El candidato de Arena, Norman Quijano. El Salvador.
El candidato de Arena, Norman Quijano. El Salvador.

Dándole la espalda a los problemas centrales de las mayorías salvadoreñas, su rostro de coronel o como surgido de foto en cepia, le  ayuda a ser contundente al redefinir uno de sus ejes centrales de cara a la segunda vuelta del 9 de marzo próximo “no negociamos con delincuentes”, refiriéndose a los polémicos intentos entre el Estado salvadoreño y las pandillas de marginales, de buscar vías alternas a la violencia que quita tantas vidas en el país.

La conservación de la vida no la mira como el primer paso de cualquier intento de pacificación social. Al contrario, se ofrece al estilo de esos parlantes chillones de nuestros mercados: “No tenemos que dejar que el FMLN siga experimentando con ideas fracasadas del comunismo (El FMLN, ¿comunista?, ¿con ideas?)…”Tengo la capacidad de gobernar”, dice seguro, aclarando: “Yo estoy dispuesto a usar de una manera más inteligente las instituciones de seguridad y el ejército para traer más seguridad”, amenazando con un gobierno basado estrictamente en la fuerza represiva, en el uso interno de la fuerza militar, sin plantear ninguna posibilidad de considerar otras vías de inclusión, neutralización y pacificación en el caso grave de las pandillas.

Pareciera que no es capaz de ver los resultados de la primera vuelta: un fuerte ausentismo (47%), que , en segunda vuelta, vuelve cruciales los votos duros de cada opción y en especial, los del segmento de Saca-Unidad, (propietario de un bolsón de más de 300 mil votos).

Quijano tendría que remontar muy duro, tomando en cuenta ese 50% del voto para el FMLN, su 39 % para Arena, y casi el 12 % para Saca-Unidad. Este último, por las razones pragmáticas apuntadas antes, sí le ha dado alguna pincelada de populismo a sus planteamientos, lo que de hecho lo perfila como un aliado táctico más cercano a Sánchez Ceren-FMLN, que al propio y feroz Quijano-Arena. Esto, al margen de lo posible, que es el apoyo dividido de Unidad a uno y otro contrincante en la segunda vuelta.

La citada frase de posicionamiento en la segunda vuelta electoral de  Norman Quijano de “yo no negocio con delincuentes” en este breve y decisivo periodo electoral, puede resultar tan lapidaria como la afirmación igual de soberbia y de espaldas a la realidad que hizo Ortega ante su rival electoral, Violeta Chamorro, en las elecciones de 1989 en Nicaragua, de no suspender el Servicio Militar Obligatorio, cuando el pueblo estaba cansado de la violencia y de la muerte en su vida cotidiana.

Así, Arena se constituye en la mano derecha que se degolla a sí misma. !Buen provecho!