Miguelón, el mejor cráneo conservado en el planeta de nuestros antepasados hace 500.000 años. Fue encontrado en la Sima de los Huesos de Atapuerca

Luego del viaje a las pirámides mayas, Avis Cana no se quiso perder la charla del Dr. Eudal Carbonell, ese meticuloso paleontólogo especialista en los estudios de Atapuerca, que se celebraba en el Museo de Antropología de México.

Avis Cana escuchó todos los argumentos alrededor de los cambios tecnológicos y culturales que fueron perfilando la evolución humana. Hizo un par de preguntas y luego al terminar la conferencia, al ir a tomar un bocadillo y unas frías  en un bar cercano, le pregunté que le había parecido la exposición. Esto dijo:

Los biólogos y especialistas denominan al humano actual como Homo sapiens y alegan es  el producto de miles de años de evolución desde antepasados simiescos. Puede ser que nuestro origen esté muy atrás en los siglos y hasta que podamos pensar que nos hemos venido perfeccionando: ya no vivimos en cuevas  oscuras en las altas montañas; lo hacemos en iluminados apartamentos,  bellos espacios inmersos en altas moles de concreto y hierro. Antes salíamos de caza por noches y hasta lunas enteras; hoy salimos en busca de los alimentos en la mañana y llegamos a casa justo antes que anochezca. Mientras pasábamos agitados corriendo y espiando al búfalo  o a la nerviosa trucha para poder capturar su carne y sangre coagulada, hoy vamos a las tiendas y supermercados donde otros han cazado o criado para nuestro gusto la carne animal que querramos: de vacunos, caprinos, peces, cerdos, aves, hasta de búfalos, todo tipo de animal marino. Igual con las frutas, hierbas, vegetales que tenían nuestras mujeres que colectar cerca de nuestras viviendas. Mucho progreso. Hemos evolucionado, ¿no?

Puede ser que nuestra dentadura, nuestras manos, nuestras piernas ya no sean las mismas de antes, habituadas a la conquista, al arrebato, a la fuerza, a mantenerse vivos a mazazo limpio en aquellas condiciones. Hoy eso ha quedado atrás, hemos evolucionado e incluso ya no nos vestimos como antes: nuestros sombreros de piel los hemos sustituido por elegantes sombreros de filtro; los rústicos zapatos de grueso cuero los hemos convertido en una miríada de variantes versiones, incluso usamos tacones para caminar mas orondos. Nuestros mantos raídos los hemos cambiado por trajes elegantes de casimir (aunque no hemos podido dejar de ponerles bolsas por esa atávica manía de ir cargando cosas allí por donde andamos). Nos hemos civilizado, ¿no?

Somos el Homo sapiens, esa evolución biológica que domina al mundo, que ha henchido la tierra. Pero en realidad, ¿hemos cambiado desde nuestro pasado salvaje?

Es seguro que no, porque aun llevamos en el interior ese lobo de Gubbio, que una y otra vez suelta sus garras y sus fauces para matar, robar, herir. Vimos en las noticias recientes como un joven árbitro de futbol (20 años) de Brasil, expulsa a un jugador, éste protesta y le agrede, el joven se defiende y saca un puñal, matando al jugador, luego la turba lincha, descuartiza al joven y su cabeza aparece ensartada en una estaca. No es una escena de la época del descubrimiento del fuego, es una escena más de 500 mil años después y que se repite en los más de 20 asesinatos diarios en Guatemala (de los cuales al menos uno de los asesinados es un conductor de bus), las más de una mujer asesinada diario en Honduras, los asesinatos de niños y mujeres con los drones-Obama en Afganistán y Pakistán, etc.

El Homo sapiens es una idealización vulgar de las ciencias naturales y sociales: Es Homo simplemente; el sapiens…o murió o nunca ha existido. Marx se ha equivocado, al estilo de los hinduístas y rosacruces, que suponen una evolución en ascenso espiral desde lo material hasta lo sublime, de lo priitivo a lo excelso: en realidad nos pasa lo de la hormiga, que se cansa de darle vueltas y vueltas a la naranja, más que segura de caminar en línea recta y asombrarse por qué siempre, a pesar de ello, vuelve al punto de partida.

Por más que socialmente se desarrolla el cerebro humano, nunca parece suficiente para emanciparse de su estado de naturaleza, como ya señalaba Hobbes.

La verdad, es que puede ser que nos hayamos vuelto, en esa línea evolutiva, cada vez más homínidos, que hayamos sufrido una “hominización”, pero no una humanización, afirmó preocupado Avis Cana

“Respecto a lo humano, me corresponde ser pesimista”, concluyó.