No solamente los individuos alucinan, tienen visiones y arrebatos, se alienan de su realidad, sino las colectividades: En las comunidades mísquitas de la costa caribe nicaragüense, de tiempo en tiempo, la conciencia de la pobreza, del aislamiento, de la condena a vivir de la misma manera miserable por generaciones, sin solución al frente, lleva a un paroxismo de desesperación, especialmente entre las mujeres jóvenes y este estado histérico se propaga de uno a otro como si fuese un catarro. Se le llama Grisis Siknis. Esta histeria que se colectiviza, es una forma violenta de tratar de escapar de la realidad opresiva y represiva. La colectividad afectada se desintoxica de la realidad, mediante una catarsis de furia y carreras y defensa contra imaginados ataques incluso sexuales, de enemigos invisibles.

Realmente el enemigo es invisible y “espiritual”: es el sistema socio económico que los mantiene relegados, apartados, a la vez invisibles. Pero la razón aún no ha dado en la comunidad con una explicación de su marginalidad y a eso intangible que les asfixia, le llaman “demonios” y por eso mismo, los medicamentos modernos no hacen mella en los enajenados. En el caso del Grisis Siknis, el Ministerio de Salud nicaragüense ha recurrido  a pagar a curanderos locales, para revertir esa epidemia de desesperación.

La pérdida de la conexión entre la conciencia y la realidad hace aflorar los miedos, temores, ansiedades más profundas, aunque no toda enajenación se expresa en estados activos o incluso violentos. La pasividad, la depresión, la inactividad también son manifestaciones de esa enajenación.

Siendo la razón lo único que le da sentido a la existencia humana, perderla, es perder esa esencia, al hacer posible que otra persona o fuerza literalmente se posesione de la conciencia, de la razón de ser humana.

Allí es donde brotan los más negativos y fuertes “demonios” de la enajenación que se posesionan de las conciencias de los desesperados que huyen de sus realidades, y de cierta forma, ver robadas sus energías e incluso, destruidas. El más fuerte de esos “demonios”, es el poder, esa fuerza que requiere la entrega de la razón de los sometidos, su irracionalidad, su enajenación, para someterlos a su razón y a su lógica de dominación.

Este mecanismo de enajenación es el que permite a los que controlan el poder del capital, de la espada y de la cruz, reproducir, institucionalizar y santificar la histeria colectiva, logrando estados de pasividad, obediencia, indiferencia, haciendo de la irracionalidad el estado natural del colectivo.

Arboles de hojalata
Alamedas de árboles de hojalata

Mantener árboles de Navidad hechos de alambre y luces, adefesios de día, brillantes en las noches; abrir Parques de los Niños Felices pero condenados a ser pobres ellos y sus futuros hijos; llamar a “vivir bonito” barriendo el polvo de los pisos de tierra por generaciones; traer pistas de hielo donde niños, jóvenes, adultos que pasan la mayor parte de su vida, descalzos, puedan una  vez al año, meterse en patines de hielo en un medio a 38 grados centígrados; prometer un canal interoceánico de 40 mil millones de dólares en el País del Desempleo, una Refinería condenada a seguir siendo por siglos, el “Supremo Sueño de Bolívar”, un satélite que llevaría el nombre azuliblanco de Nicaragua al espacio; montar en Managua alamedas de árboles de hojalata que unen, simbólicamente, las avenidas de “Bolívar”, el paso peatonal ”Sandino”, el puerto turístico ”Salvador Allende”, la “Plaza de la Fe”; defender esos “derechos y conquistas sociales” garroteando, insultando e hiriendo a los que disienten y a los que razonan de manera diferente, ha generado en Nicaragua un Grisis Siknis, un estado catatónico de enajenación que se ha venido institucionalizando y profundizando.

SUEÑOHay una obra de Francisco de Goya, donde fieras, vampiros, lechuzas salen de todos lados aprovechando que la Razón, duerme. Y un llamado que dice:”El sueño de la razón, produce monstruos”.

Quizás aún haya tiempo de salirnos de ese enajenante mundo de los árboles de hojalata.

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©Carlos A. Lucas Aráuz. Ciudad de León, Nicaragua.26 octubre 2013.