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Y ante la insistencia de muchos que le habían escuchado absortos y luego curiosos, más que sobre lo que le habían oído, sobre quien era él, de donde venía, donde había estado, por qué pensaba y se expresaba así,  Avis Cana respondió por primera vez a tantas preguntas.

Dijo: “Me he liberado del calabozo; mis cadenas son mis huesos;  mi oscuridad es mi luz. Grito de terror ante lo profundo del movimiento y sonido del misterioso péndulo; me apesta el olor de la carne de los cadáveres que ustedes comen con tanta avidez. Mi manjar es el pan negro, y agua. Soy el regreso de Kaspar Hauser”.