Lo dijo Avis Cana: El fracaso del cristianismo es que tratándose de convertir en la esencia de todas las virtudes, tuvo que aferrarse a lo mas odioso de los vicios: la hipocresía. Esa enemiga de lo verídico, de lo auténtico.

Eso ha originado la doble moral: la que sirve para justificar nuestras propias satisfacciones, sobre la base de reprimir y condenar las de los demás. La hipocresía reprime, castiga las autenticidades, nos hace negar nuestra verdadera naturaleza.

La falta de autenticidad, de interés por  lo propio, nos hunde en un colectivismo abyecto, donde la racionalidad se presenta como una disonancia, olvidando la sentencia del poeta: “ser sincero es ser potente”.