La agonía y la dura existencia de la prensa impresa

The Washington Post (WP), diario impreso estadounidense fundado en 1877, y con mas de 2 mil empleados, Imageha sido vendido en la suma ridícula de $250 millones de dólares a uno de los magnates de Internet, el dueño de Amazon, empresa de comercio electrónico, a su vez, valorada en mas de $25,000 millones de dólares.

En materia de prensa impresa (al margen de sus negocios colaterales) el diario estadounidense Washington Post llegó a constituirse en un icono de las corrientes liberales de su pais y en una especie de demo del ejercicio del periodismo investigativo, propositivo y cuestionador de las aristas viciosas del sistema en el que actuaba. No era un periodico revolucionario, pero revolucionó algunos aspectos de la vida estadounidense.

Naturalmente que la venta del WP preanuncia un cambio de línea editorial y un giro hacia el  uso más comercial de las noticias como bien de consumo mas que como producto o servicio formativo/informativo para la ciudadanía. Dificilmente el nuevo WP va a lograr el impacto histórico, por ejemplo, logrado con el caso Nixon-Watergate, que obligó a la renuncia de un presidente enfrascado en ese momento en varias guerras en la península indochina.

El remate de este diario impreso es solamente la expresión de las nuevas condiciones de comunicación, donde la sostenibilidad financiera de la prensa escrita, basada en ratings de venta, en venta de anuncios publicitarios y en índices de lectura, sucumbe ante la inundación de medios alternativos en Internet y todas sus expresiones de comunicación, información, mercadeo, etc. Todo conduce al consumo rápido y efímero, sin grandes secuelas en las mentes y actitudes de los lectores, mas que esa misma tendencia a consumir y desechar. Es la cultura electrónica mediante la cual, como en Twitter, mas de 140 caracteres ya hacen bostezar al lector o lectora o a buscar otros temas menos espinosos.

El caso del WP es una muestra de lo que sucede en todas las latitudes del mundo con la prensa impresa: sus ventas bajan, pierde lectores, suben sus costos operativos, pierde anunciantes y los ajustes como despidos de personal, rebajas de condiciones laborales y salarios, no son suficientes para compensar este lento hundimiento. Terminan sucumbiendo, cual Titanic en medio del frío de la opinión publica y ciudadana.

Y este destino parece amenazar no solamente a la prensa impresa, sino a las revistas, boletines y otros impresos, al igual que a misma televisión.

Quizás sea cierto que todo Titanic termina chocando con la realidad, aunque esta no sea muy visible. Y como en el caso de los dinosaurios, la baja capacidad del modelo empresarial de la prensa impresa para adaptarse a las cambiantes condiciones ambientales, le vaya condenando a desaparecer. Y colateralmente, habrá que repensar el tipo de periodismo, periodista, comunicador, con el que habría que contar en las nuevas condiciones, donde el ciudadano sustituye esas funciones y donde esas funciones hacen aflorar al ciudadano, especialmente en las expresiones digitales, donde confluyen las herramientas de la lectura, la escritura, la voz y la imagen. Las limitaciones que hacen agonizar a la prensa escrita, o televisiva.

Pero toda crisis anuncia a su vez, un mundo nuevo: El mundo de las comunicaciones a través de Internet, ofrece millones de opciones y variantes que podrán compensar el declive de la prensa de papel, si igualmente se ejerce la interacción entre periodistas y comunicadores, con la ciudadanía, con los usuarios de esa información y formación y si estas herramientas mas flexibles, se llegan a democratizar y a ser parte del derecho de los pueblos a conocer y aprender de sus propias acciones, de su propia historia y a actuar en consecuencia.