León, 16 julio 2013

 La guerra y la violencia  forman ese  imprescindible cordón umbilical que nos mantiene unidos a nuestros orígenes primitivos y salvajes. Por eso son transversales a todas las épocas, a  todos los sistemas económicos y sociales, a todas las culturas y pueblos. Son muy humanas.

No podemos ser humanos sin ese cordón umbilical. Como humanos, nos construimos en base a ese principio: no renunciar al origen natural. Somos hijos y padres de la violencia y las guerras. Es nuestro verdadero pecado original: matar y violentar al semejante.

La guerra y la violencia son a la vez, en consecuencia,  las parteras y las sepultureras de lo humano. Nacemos y morimos a lo humano, por ellas.

Quien logra romper ese cordón umbilical, trasciende más allá de los dictados naturales. Entonces, triunfaría la capacidad de pensamiento.

Por lo tanto, romper con la violencia  y la guerra nos resulta tan  anti natural. Pero sería el comienzo de otra era histórica. Nos haríamos sobrehumanos, un nuevo reino de existencia, un oasis de la noosfera.

 

Imagen en: http://factoriahistorica.wordpress.com/2011/09/20/el-simbolismo-2/

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