Imagen en:http://www.guiageo-artico.com/mapa.htm

En agosto de 2007, y luego en el verano boreal del 2011, algunos grandes barcos pudieron cruzar desde el Océano Pacífico hacia el Atlántico, cruzando por el Océano Ártico. Esa posibilidad, que se va concretando a medida que el calentamiento global sigue avanzando, resolvería enormemente los costos y tiempos de traslados de mercancías entre los continentes y reduciría la demanda de los servicios de los canales de Suez y de Panamá. Obviamente, en el mediano plazo, volvería obsoleto y costoso el hipotético funcionamiento del Canal de Nicaragua que entraría en funcionamiento para el 2020, como de manera irresponsable, anuncian sus propagandistas.

Esto realmente no es nuevo. Rusia, como heredera de la URSS y algunos de sus proyectos expansivos, maneja poderosos buques atómicos rompehielos que hacen las rutas de comercio a través de la zona. La llamada “Ruta del Mar del Norte” recorre la costa norte de Rusia, uniendo a Europa y Asia, mientras que el “Paso del Noroeste” pasa por Alaska, y se enrumba hacia Groenlandia, a través de un conjunto de archipiélagos.

La búsqueda de esta ruta es vieja y desde fines del siglo XVI se hablaba de ella como  la ruta o el estrecho de Anian.

Los negocios son los mejores alicientes de las exploraciones: La división rusa de Gazprom (consorcio que maneja el 78% de la producción y venta de gas natural en Rusia y el 15% del mercado mundial), ya utiliza el Paso del Noreste para exportar gas natural licuado (LNG) a Japón. O sea, el Artico ya no es virgen, desde hace rato, ni del transporte mundial, ni de la sed compulsiva de energéticos, del mundo.

Puede decirse, sin muchas dudas, que a este importante potencial del Ártico como zona de paso para el comercio y logística entre los grandes mercados estadounidense, europeo, chino, se suma la certeza de las grandes riquezas naturales que esta zona encierra en reservas energéticas, unos 90,000 millones de barriles de petróleo, y otros 1,669 miles de millones de pies cúbicos de gas natural, 13% y 30% de las reservas sin descubrir en el mundo, de acuerdo a estimaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos.

Con esos factores, más las estrategias y pretensiones militares y nucleares de las potencias en la zona, muchos analistas señalan que el Ártico tiene entonces todas las características para convertirse en la próxima zona de disputa territorial.

Como puede verse en el mapa adjunto, allí convergen intereses de un grupo importante de países como Canadá, Estados Unidos, Finlandia, Suecia, Islandia, Dinamarca, Noruega, Rusia (El Consejo del Ártico; 1996), Gran Bretaña, y naturalmente China, junto a  varias antiguas repúblicas soviéticas con costas al Océano Ártico, todos con pretensiones de lograr dominio sobre su plataforma continental, su mar territorial, de explotación energética o de control del derecho de paso.

Este volumen de intereses representados en la disputa (por el momento soft),  de este grupo de países, representa de hecho, la mayor parte del comercio de mercancías del mundo. Así que será de manera natural, que se siga desarrollando el paso del noroeste por el Ártico, como la futura gran alternativa, perversamente favorecida por el hecho que “el deshielo del Artico aumenta la actividad económica en la zona”.

Con esa perspectiva, no solamente el Canal de Suez y el de Panamá verían reducida su importancia relativa, como se mencionó al inicio, sino que también, el hipotético Canal Interoceánico de Nicaragua deberá considerar su viabilidad financiera con este otro escenario. Se esperaría que al menos uno de los 4,000 técnicos que dice la empresa china concesionaria ya han empezado los estudios de factibilidad de este proyecto, debería considerar el hallazgo de la Ruta de Anian. Con eso, pondríamos los pies en la tierra…digo,! en el hielo!

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