Hacen falta palabras para describir el mundo bizarro[1] que se vive en Nicaragua. Es todo un complejo fenómeno que debería ser estudiado por un equipo de especialistas en sicología de masas, filósofos, políticos.

penduloYo le llamaría el Efecto Péndulo, muy difícil de revertir. Como cuando un atleta se entrena para una meta superior, asume un reto, abre expectativas a los demás…y al momento decisivo no lo logra, por diversas razones. Viene entonces un reflejo fatal producto de esa frustración, una reacción contraria en la que la autoestima se viene al suelo y brota un pensamiento reactivo de pragmatismo, acomodamiento a la nueva situación, una especie de “poner los pies en la tierra”.

A nivel del pueblo, después del ambiente de heroicidad con que se empapó en los años 80, vivimos actualmente una era de mundo bizarro.  Nada queda casi en pie de aquellos valores revolucionarios. Hoy, efecto péndulo, nos hemos ido al otro extremo, al mundo bizarro: Nicaragua tiene un sindicalismo zombie; Nicaragua tiene un cooperativismo acomodaticio y pasivo; Nicaragua tiene un movimiento comunal domesticado y acrítico; Nicaragua tiene partidos políticos anodinos, sin color ni sabor; Nicaragua tiene una iglesia “dan-darán”, como sus campanas; Nicaragua tiene movimientos ambientalistas que aplauden las concesiones mineras de cielo abierto, y porque sí, los proyectos del Canal; Nicaragua tiene movimientos de mujeres que se oponen al aborto, al aborto terapéutico, a la Ley 779,  incluso; Nicaragua tiene jueces, pero no justicia; abogados, pero no juristas; Presidentes, pero no estadistas; Nicaragua tiene jóvenes, pero no juventud.

Todavía podemos recordar aquellas homilías “revolucionarias”de los 80 sobre el “hombre nuevo”, tan “claro como la luz del día”, decía un slogan televisivo de la época. ¿Qué fue de ese “hombre nuevo”

Como respuesta, digamos que el efecto pendular, la llegada al otro extremo del mundo bizarro no puede ser más gráfico entre aquel relato del guerrillero sandinista relatando sus hazañas y pruebas revolucionarias en la montaña, en la cúspide de la cual, como premio a su ascenso iniciático,  esperaba ese “hombre nuevo”, y la caricaturesca, cantinflesca,  figura actual del mismo relator, como “Procurador de los Derechos Humanos”. ¿Ese era el “hombre nuevo”?

La derrota electoral de los 90 les hizo “poner los pies en la tierra” a esta generación de “revolucionarios”. Y el regreso al poder en 2007, después de esos sinsabores de la lucha cotidiana, les ha hecho discípulos del lema lumpen: ”Al baboso ni Dios lo quiere”.

El pueblo, sensible a estos “Reality show” y transformaciones, reacciona también pragmáticamente y reproduce la nueva ideología en todos los aspectos de la vida cotidiana, lográndose el efecto de aceptar y acomodarse a su nueva enajenación: usted no puede hablar de un sindicalismo beligerante y clasista; no puede plantear un cooperativismo expansivo, un comunalismo crítico y creativo, ni nada que recuerde a la “época heroica” de los 80, so pena de ser visto como iluso o desfasado…y aislado.

Pero si bien la ley del péndulo nos ha llevado, por reacción, a esta situación, esa misma ley nos dice que tiene que haber un momento donde la saturación del pragmatismo y del oportunismo le haga retomar el pueblo, la rienda de las cosas en sus manos e iniciemos en Nicaragua, esta vez con más experiencia y conocimiento sobre esos dos extremos, un nuevo periodo de progresismo, transformaciones y avance, que nos aleje del mundo bizarro que estamos viviendo.


[1] “Mundo bizarro”en las historietas del personaje estadounidense de “Superman”, es la reproducción frustrante del mundo, donde todo sale al revés: los héroes, son villanos, los villanos, héroes, lo bello es feo y lo  feo, admirado. Es la inversión de visiones y valores.

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