Esta es una verdad de peso en el caso del fenómeno de los gobiernos demagogo-populistas que han surgido en esta parte del Siglo XXI, los cuales son expertos en el arte de combinar la atención a algunas reivindicaciones sociales y políticas de las grandes mayorías, históricamente postergadas, oprimidas y excluidas, con esquemas de autoritarismo y centralismo anti democrático, al que tienden a llamar “poder popular” o “poder de los pobres” y que ejercen, a veces violentamente incluso en el seno de esos mismos sectores populares o “pobres” que disienten políticamente de ese poder.

El poder demagogo-populista se ha constituido como un bloque pluriclasista donde coexisten grandes empresarios”socialistas” y “pro-socialistas” (siempre que se compartan las rentas estatales), junto a sectores medios prensados entre el afán de ascender en la escala de los propietarios y el pánico del empobrecimiento, junto a sectores obreros, urbanos y rurales y a sectores desempleados, en pobreza extrema y en los límites lumpen. En este bloque de poder, se potencian las reivindicaciones económicas y materiales, justas, y se ocultan o incluso reprimen las reivindicaciones democráticas.

Como reacción a este bloque en el poder, se genera a su vez, como oposición, otro bloque pluriclasista donde coexisten esos mismos sectores y segmentos sociales, un efecto espejo en el bloque de oposición. De esa manera, también en la oposición coexisten el millonario, el sector gran empresario, junto a los pequeños y medianos propietarios, sectores medios, etc. Con la diferencia que en el bloque de oposición no se juega en el filo de la navaja con las reivindicaciones objetivamente populares y es una gran mala palabra hablar de políticas redistributivas de la renta, menos de la gran propiedad. En el bloque de oposición se ocultan las reivindicaciones económicas justas y se potencian las reivindicaciones democráticas.

Los sectores sociales desposeídos, no solo de propiedad, sino de las condiciones y medios de vida básicos tienen así dos alternativas: sobrevivir, comer, pasarla regular, pero sin derechos democráticos ni Estado de Derecho, sometidos al caudillo demagogo-populista-empresario, o apretarse la faja, seguir sufriendo estrecheces, falta de oportunidades y de protagonismo social, sometidos a los grandes empresarios, pero con la ilusión de contar con derechos y libertades democráticos.

Ese es el dilema en los países donde reina el demagogo-populismo y donde se abren procesos electorales en los que la oposición suda por formular un programa de gobierno alternativo. ¿Qué tipo de reivindicaciones económicas y materiales  pueden ofrecer oligarquías atrasadas, parasitarias y retrógradas como la mayoría de las clases gran propietarias en nuestros países latinoamericanos y que conforman las direcciones de los bloques de oposición en los países del socialismo del siglo XXI?

Por eso recurren a la ideología, al canto de las libertades, de la democracia en abstracto, eludiendo a las cosas concretas de techo, salud, educación, nutrición, seguridad social, que es lo que antes que cualquier cosa, interesa resolver a las grandes mayorías, haciendo a un lado “el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.” (Engel).

Estos fenómenos son evidentes, por ejemplo, en las próximas elecciones en Venezuela, donde comparando los programas de gobierno del movimiento chavista con los del bloque opositor de Capriles, se prueba la enorme diferencia de enfoque entre la justicia social del oficialismo (estrangulando los derechos democrático populares y con ausencia total de medidas de control obrero, por ejemplo) y la desfachatez y carácter profundamente reaccionario y anti justicia social del bloque opositor de Capriles. Por ello, no basta oponerse al “malo”, sino que hay que ser mejor. Pero ese paso progresista en estos segmentos, es de hecho, imposible.

Eso explica que los bloques opositores en esta situación se muestren incapaces de perfilarse como una alternativa a tomar en cuenta por los votantes, que sea una oposición pasmada y quede encerrada en sus propios límites anti progresistas y reaccionarios.

Pero ojo, en el bloque de poder demagogo populista, siguen haciendo de las suyas, segmentos del gran capital y la gran propiedad, ayuntados con los advenedizos que rentan de las riquezas del Estado y se van conformando en sus semejantes. El bloque de poder demagogo-populista tiene sus propios capitalistas.

Pero esa es la historia que continuará.

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