BergoglioQuizás la solemnidad del reciente nombramiento del Ché-Papa del Vaticano, Jorge Mario Bergoglio, la rompió el Presidente Encargado de Venezuela, afirmando en una comparecencia, que el alma del  Presidente Chávez, que seguramente estaba frente a Cristo, habría influido para nombrar Papa a este argentino, añadiendo que no era remoto que Chávez armara un infanzón  allí arriba, y organizara una Constituyente Celestial!

Si este malhadado chiste lo hubiese dicho María Corina Machado o Capriles, opositores venezolanos, seguramente ya estarían en juicio y hecho presos, no por irrespetuosos, sino por simples y toscos. Lo inusitado es que esta lerda ocurrencia fue aplaudida hasta de pie por la audiencia del Presidente Encargado Maduro.

Pero también más de 1,200 millones de personas de la Iglesia Católica (casi el 40% de ellos, del mundo de habla hispana), siguen aplaudiendo por su lado, el nombramiento de ese nuevo Papa, Jorge Mario Bergoglio, felices de contar con un nuevo pastor.

Una organización mundial con esa suma de personas seguidoras no puede pasar desapercibida. Como institución, esta Iglesia tiene tanta antigüedad como el ejército y por algo son ambos la fuente de las ciencias administrativas y del ejercicio del poder. Muy difícilmente  en latitudes como las nuestras, donde la religión fue introducida violentamente por extraños invasores, podríamos pasarla sin curas y sin chafarotes.

Al respecto, hay que anotar que el nombramiento como Papa católico de un latinoamericano ya era un rumor sentido entre las posibilidades, mencionándose un cardenal mexicano, un hondureño, un brasileño, etc. Y si usted ha asistido a algunas de las iglesias católicas europeas, pasa como en Cuba: notará que la feligresía es fundamentalmente de edad avanzada, poca juventud (España, una ligera excepción).

La feligresía católica en esas sociedades, crece muy lentamente o mas bien, decrece. No es el caso del ámbito latinoamericano, donde todavía hay una relevante presencia de la juventud, incluso en las respectivas órdenes sacerdotales. El peso de la masa de feligreses es un factor a tomar en cuenta, pues se refiere como respuesta a cualquier pregunta de marketing: ¿dónde su ubican sus clientes estratégicos? Obviamente, no en Europa, Asia o Africa, en este caso.

Por el otro lado, las revelaciones de los papeles secretos de Benedicto XVI (Vatileaks) del cual se acusó y enjuició a su mayordomo, Paolo Gabriele, reflejaron un sórdido mundo de intrigas, corrupción y juego de influencias, que trajeron a la memoria los escándalos  de los años 80 entre el IOR, banco del Vaticano y el Banco Ambrosiano, con el capítulo fatal, en 1982, del cuerpo de su Presidente, Roberto Calvi, colgado del puente Blackfriars en Londres, con cinco kilos de piedras y ladrillos en sus bolsillos y 11, 700 dólares.

La renuncia de Benedicto XVI definitivamente está ligada a esas revelaciones, hechas por poderosas manos invisibles, pues como en las novelas de detectives, no siempre el mayordomo es el criminal. El “no tengo fuerzas” de Benedicto XVI es muy descriptivo y refleja la lucha intestina tras los altares del Vaticano. La correlación de fuerzas en el seno cardenalicio, sin embargo, era tal, que en una especie de armisticio, las votaciones por un nuevo Papa, se decidieron rápidamente, en cinco votaciones, por alguien quizás no ligado directamente al entorno meramente italiano o europeo de ese mundo de intereses, poder e intrigas. “Me han ido a buscar al fin del mundo”, se expresa el ahora Francisco I, quizás con cierto deje irónico o de ingenuidad.

La ventaja de Jorge Mario, es que siendo nacido en Argentina, es de padre y madre italianos, lo que le da un vínculo importante a la red de poder en Roma, al tiempo que se logra afianzar una base social de casi el 40% de la feligresía.

Consciente de esa base social y de los fenómenos particulares que se vienen en su sub continente de origen, don Jorge Mario ha escogido el nombre de FRANCISCO para tipificar claramente su línea de acción. Viniendo de la orden Jesuita, con amplia experiencia administrativa, de disciplina y de esprit de corps, el nombre es un golpe fuerte de posicionamiento y publicidad, por su doble simbolismo: por Francisco de Asís (orden franciscana) y Francisco Javier (orden de la Compañía de Jesús) . Ningún Papa había escogido ese nombre antes, porque el perfil franciscano de Asís,  de estricto voto de pobreza, podría resultar contraproducente y comprometedor en el boato de un Estado religioso como el Vaticano. Por su lado, Francisco Javier, de la orden fundada por Ignacio de Loyola, se distinguió como misionero por su trabajo febril en  las zonas africanas y asiáticas mas remotas. En honor a este último, Francisco I acudió a rezar el 14 de marzo a la Basílica Santa María la Mayor en Roma, no tanto porque allí se venera, ante la estatua de Pío IX,  un pedazo de la cuna de Belén, sino porque allí oficio su primera misa como sacerdote, Francisco Javier.

Llevar la bandera de la pobreza y la redención de los pobres al Vaticano, de alguna manera no sola la revitalizaría como institución, sino que le daría un sentido más misionero a la iglesia que en América Latina se enfrenta no sólo a los avances de las multi corrientes evangélicas, sino al sincretismo mágico religioso que ha traído al continente el brote de “Socialismo Siglo XXI”, del cual las expresiones citadas del Presidente de Venezuela sobre el alma de Chávez ante Cristo nombrando a Jorge Mario como Papa, son solamente una pequeña muestra.

La Iglesia viene a disputar sus derechos de paternidad sobre la masa de gentes pobres, hambrientas, con sed de justicia social de América Latina, que están abrevando y de hecho, mostrando signos de devoción y veneración a dirigentes de carne y hueso que dicen estarles construyendo el reino de Dios, el Paraíso, aquí en la tierra, en sus tierras.

Aguando un poco la fiesta, el Presidente Obama se apresuró a llamar a don Jorge Mario, el “abogado de los pobres y más vulnerables entre nosotros”, algo aliviado de una ayudita contra el movimiento populista-religioso mágico, precisamente, en su traspatio, dejando en evidencia el plan de marketing que se está iniciando desde el Vaticano.

Francisco I será de esa manera, un Papa ad- hoc para el Socialismo Siglo XXI en la región. Atrás van a ir quedando en el olvido, por ejemplo, su complacencia con las dictaduras argentinas de entre los años 70 y 80,  con las razzia de desaparecidos, torturados, secuestrados y niños robados, de lo que declaró en un juicio no haberse dado cuenta, de sus posturas radicales y casi violentas en contra del aborto, de los matrimonios no tradicionales, de la homosexualidad,  reinvindicciones de diversos sectores sociales de Argentina, y de sus encontronazos con los Kitchner desde su posición de Cardenal y Presidente de la Conferencia Episcopal de Argentina.

Pero esa es otra historia, que vendrá conversándose poco a poco.

…mientras la crisis capitalista sigue pariendo mas pobres….

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