Hugo Chávez hizo un intento de golpe militar el 4 de febrero de 1992, contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, dando la cara ante el país y lanzando su liderazgo.

Más que la lucha por aferrarse a la vida de parte del Presidente Chávez, en este prácticamente deslucido y deplorable espectáculo alrededor de su padecimiento, agonía y muerte, lo que ha sido evidente es la agitación que han estado padeciendo los segmentos que le rodearon en el ejercicio del poder al tres veces Presidente de Venezuela, confundidos ante la ausencia de un líder carismático y centralista como Chávez,  y su probable futuro como grupo en el poder.

Esto se refleja en las afirmaciones del vicepresidente venezolano, Nicolás Maduro, quien en  declaraciones recientes y en su discurso de anuncio de la muerte de Chávez, mencionaba en el Palacio de Miraflores, la reunión  y unidad de la “dirección político militar de la revolución”.

¿Cuál es esa ”dirección político militar de la revolución venezolana” de la que habla Maduro? ¿En qué parte de la  Constitución Bolivariana se habla de la existencia y la jerarquía de ese ente?

Incluso, el propio Presidente Chávez, informado al detalle de sus escenarios ante el diagnóstico de su enfermedad y en su último viaje para tratarse en Cuba, el 8 de diciembre de 2012, dejó bien definido el camino constitucional a seguir ante la posibilidad de su ausencia y no mencionó ni de lejos ningún papel para algo extra constitucional como esa pretendida dirección político militar de la revolución.

Chávez ha sido el parte aguas de Venezuela, eso es indiscutible. Quizás perdió la perspectiva lanzándose de candidato en las elecciones de octubre del 2012, donde obtuvo un estrecho 54,4% de los votos frente al 44% del candidato Capriles, ya con los síntomas avanzados de su enfermedad. No se planteó un escenario dando lugar a otros lideres, por ejemplo, su escogido de última hora, Nicolás Maduro, lo cual quizás pudiese haberle dado la posibilidad de enfrentar de mejor manera su enfermedad y conservar su liderazgo moral y político para asegurar, a la manera de Fidel Castro o el Papa Ratzinger, su influencia sobre el proceso que había venido liderando, aunque sin el protagonismo de antaño.

Sin embargo, a pesar de aquellas alusiones de Maduro a una pretendida dirección político militar de la revolución, es evidente que no hay más camino que la celebración de nuevas elecciones, no solamente porque así está establecido en la Constitución Bolivariana de Venezuela, sino porque el gobierno surgido en las últimas elecciones nunca pudo asumir legalmente, a nivel presidencial.

Estas elecciones, obligatorias en 30 días después del anuncio de la muerte oficial del Presidente electo, son  un reto político y organizacional para la institucionalidad, para el modelo político venezolano, claro en su definición Constitucional.  Por esa razón, el duelo nacional en Venezuela, por la pérdida de su Presidente electo, no debería utilizarse para escamotear o diferir el deber de reforzar su democracia, a la manera ya señalada en su Constitución.

Esta perspectiva, enfrenta a Venezuela ante el reto de darle continuidad a los más popular y lo más revolucionario de ese modelo, junto con el fortalecimiento de lo democrático, de las libertades políticas, los derechos ciudadanos y humanos.

Quizás, en ese sentido, no sería utópico  esperar  un acuerdo mediante el cual, en ese proceso electoral de plazo tan críticamente corto, se lograse un gobierno de unidad nacional bajo ese marco de concertación, de paz social, de reconciliación nacional, ante los grandes objetivos señalados en la Constitución venezolana, calcada del pensamiento y la  visión del propio Presidente Chávez, y atendiendo las demandas democráticas y participativas de casi la otra mitad del pueblo venezolano.

Pero ni el andamiaje chavista en el control del Estado, ni la oposición venezolana, a veces visceral y sin planteamientos, deben dar lugar a ningún pensamiento destructivo de lo progresista logrado bajo la guía, quiérase o no de Chávez,  ni obstructiva de las demandas y avances democráticos aún pendientes en Venezuela.

Mientras hay que expresar la solidaridad con la familia, amigos y simpatizantes del Presidente Chávez en esta tragedia humana, asimismo hay que expresar votos a favor del pueblo venezolano, para que pueda transitar a nuevos estadios de su vida como nación, en perfecta paz social, concentrándose en la atención de las necesidades populares de pan, trabajo y libertad, las mínimas conquistas democráticas de todo pueblo digno.

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