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José María Vargas Vila (1860-1933) fue un furibundo precursor de la pluma combatiente frente a las sanguinarias dictaduras “hispano americanas” de su época. Sus panfletos nunca fueron reconocidos por las academias de las lenguas viperinas, ardidas  por ese verbo que como lejía pura sobre piel, carbonizaba todas las apariencias del despotismo. Pero sus escritos circularon –y todavía lo hacen-por debajo, entre las clases populares casi iletradas pero viviendo en carne propia, las torturas y golpes de las tiranías, los curas y los serviles.

 Un nicaragüense le hizo honores, afirmando que detrás de sus escritos y proclamas, condenadas por los déspotas, los literatos oficiales, las sotanas, había un poeta: Rubén Darío. Darío le llamó amigo y Vargas Vila le dedicó  un pequeño escrito a su muerte en 1918, a pesar de su odio inicial cuando Darío aceptó-en sus penurias en Europa-servir de cónsul al gobierno del cuatro veces presidente colombiano Rafael Nuñez, fustigado implacablemente por Vargas Vilas.

Sobre su amistad con Darío, cuenta Vargas Vila, espartano en costumbres, como cedía y condescendía con los desesperados llamados de Darío en sus noches de desvelo y alcohol:   ¿Dormir en Roma?, ¿en esta divina noche?”, le decía Darío repitiendo su martirizada frase de sufrido redentor: “Tengo sed”… arrastrándolo de bar en bar hasta el amanecer.

Una extraña amistad entre el colombiano, radical panfletario y abstemio y el poeta, aparente cantor de cisnes y  cabriolés, sediento de vino y cervezas.

Y más extraña la representación otorgada por el Presidente liberal de Nicaragua, José Santos Zelaya a estos dos amigos, Darío y Vargas Vila, en 1904, como representantes de Nicaragua ante el Rey de España en un conflicto de límites con Honduras referente a la demarcación entre Teotecacinte y el Mar Caribe.

Para hacerse una idea del verbo panfletario  e incendiario de Vargas Vila, a quien por su fuerte amistad con José Martí los cubanos llaman “anti imperialista”, citemos un fragmento de su libro “”Los Césares de la decadencia”, fustas también extrañamente, actualizadas contra la sensible piel del despotismo contemporáneo:

Vargas Vila.  Extractos de “Los Césares de la Decadencia”-1907:

¿Qué nos da la Tiranía?;

miseria y podredumbre

tiranos sin grandeza y pueblos sin honor;

los déspotas, se multiplican, y, los esclavos, fecundan;

estos últimos, carecen hasta de la dignidad

del elefante, que no se reproduce en la servidumbre;

en esos pueblos, el honor, ha descendido tanto, que sufrir el poder, es menos mengua que ejercerlo;

ellos han olvidado, que la Rebelión, es una Virtud, allí donde la Libertad, es un Crimen;

que, frente al despotismo, no hay sino un delito: el de servirlo;

que, contra la Tiranía personal, toda acción, se  hace un Derecho Social;

que, frente á la Omnipotencia de un hombre, se impone la Omnipotencia de Todos;

que toda violencia, adquiere las formas del derecho, allí, donde la Libertad, no es un hecho;

que nada, ni el amor sagrado de la Patria, debe sobreponerse al amor sagrado de la Libertad;

que, quien no tiene patria libre, no tiene patria;

que una patria esclava, no es una patria, es una vergüenza;

que donde la Libertad no existe, la Paz, no es un hecho, sino un sofisma : el sofisma de que se sirven todos los aventureros sin honor : los unos para ejercer la Tiranía, los otros para servirla;

que no hay Legitimidad, fuera de la Libertad;

que, el Despotismo, matando todas las leyes, no puede ampararse bajo ninguna;

que al colocarse contra la Ley, queda fuera de la Ley;

que, todo es permitido frente al despotismo ; todo : menos, servirlo;

que frente á la Tiranía, no hay lugar á la vacilación;

porque todo el que la ejerce es cruel, y, todo el que la sirve es vil;

la Tiranía, que mata todos los derechos, no cría

sino un deber: el de combatirla;

todo el que combate la Tiranía, sin suceso, es un Mártir, cualquiera que haya sido la grandeza de su intento;

todo el que vence la Tiranía, es un Héroe, cualquiera que haya sido el gesto de su brazo. Cuando los pueblos en hartazgo, han llegado á este caso miserable, de no tener por la cadena sino el temor de perderla;

cuando han llegado á mirar el Despotismo, como una cosa sin la cual serían desgraciados de vivir… cuando han bajado á ese Infinito de la Infamia… ¿de dónde puede venir la salvación?…

¿de dónde?… …

No desconfiéis;

el Bien, es más poderoso de lo que se cree;

la Libertad, tiene, como la Providencia de los creyentes, caminos ocultos para mostrarle;

cuando una Tiranía, ha dejado de tener enemigos, es cuando comienza á tener peligros; cuando ha llegado al apogeo de su triunfo, es cuando está a dos dedos de su fracaso;

al hacerse omnipotente, se hace ciega;

¿qué mano ha de empujarla á la sombra?

… no os  preocupéis… esa mano, cualquiera que ella sea, no tiene sino un nombre: la Libertad;

ella, tiene, como el sol, una hora fija, para aparecer en el horizonte de los pueblos: esperemos en la Libertad ; entretanto… trabajemos por Ella.

(…)

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