Botero. "Bañistas"
Botero. “Bañistas”

Venía en la playa, aquel atardecer, esa mujer corpulenta, medianamente madura, en vestido de baño de una pieza, con vuelitos al estilo de los años 30, pero con un caminar desenfadado y seguro, sin complejo en sus “llantitas” de varios ángulos y lo generoso de sus pechos, su vientre, sus nalgas, sus piernas.

Al encontrarnos con ella, Avis Cana se detuvo, como embelesado al verla, la saludó animado, como si la conociera y haciendo primero una pequeña reverencia, extendiéndole su mano en saludo, se acercó a ella y dándole confiadamente un beso en la mejilla, le dijo:

“Mujer, te saludo respetuoso y gozándome de ver cómo luces el resultado logrado de un millón de años de evolución! Sales, Venus, de las espumas del mar, como diosa natural, sin maquillaje, sin adornos, sin peinados, semi desnuda, en todo tu esplendor. Eres perfecta en todas tus partes: tu pelo, tus ojos, tus pechos, tu vientre generoso, tus anchas caderas. Y tienes allí, entre las piernas, la más buscada y deseada de las entradas al Paraíso, a esa Arca de la Alianza que cargas, dueña absoluta; la que nos transporta a los confines del Universo, nos hace invocar desesperados a lo Alto y nos hace oír la música celeste de todas las esferas.

Mira: ovulas y nadie se da cuenta de tus estros, sólo tú y por eso llevas siempre, ventaja. Eres privilegiada entre todo tipo de hembra viviente en este planeta. Llevas tu placer al máximo  de los máximos posibles, lo cual quiere decir que mientras las hembras de todo lo viviente copulan, tú haces el amor: orgasmas.

Aquellas se reproducen en el acto: Tú te re-creas a tí misma, como corresponde a las diosas.

Por eso te saludo, respetuoso y gozándome de ver cómo luces y con qué desenfado y seguridad caminas sobre estas arenas húmedas y calientes. Te amo”.

Dicho esto, Avis Cana se separó de nuevo, volvió a darle un beso en la mejilla y proseguimos, azorados, nuestro camino por la playa, aquel atardecer.

Anuncios