Palestina ha conquistado con sangre su derecho a existir como Estado

Es un paso histórico, después de tres generaciones enfrentadas y miles de muertos palestinos y cienes de israelitas, la votación de la Asamblea General de Naciones Unidas, de este 29 de noviembre de 2012, el primer reconocimiento del estado palestino, al menos como “Estado observador no miembro” en las Naciones Unidas.

Aunque es un status similar al del Vaticano, Palestina podrá al fin integrarse a muchas de las tareas y actividades de las Naciones Unidas e incluso celebrar tratados internacionales. El pueblo palestino podrá dar así un respiro en la vida de parias al que se ha visto sometido por la desproporcionada violencia del sionismo contra sus derechos territoriales políticos, económicos, humanos y culturales, con la plena complicidad de prácticamente todo el mundo occidental, los progenitores de este problema en el Medio Oriente.

Estados Unidos e Israel se opusieron ferozmente a esta votación en la Asamblea General, junto a otros 7 países miembros, contra 138 votos a favor. Fue un resultado abrumador, aun con las 41 abstenciones.

El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, dijo en esta ocasión que quiere dar “nueva vida” a los esfuerzos para alcanzar un acuerdo con Israel, pero que los miembros de la ONU deben “dar un certificado de nacimiento a la realidad del estado palestino”.

Pero en este punto Mahmud Abbas, se equivoca: la partida de nacimiento del estado palestino, igual que la de Israel se dio, simbólicamente, en la misma fecha, con la decisión de la “Partición de Palestina”, un 29 de noviembre de 1947, inmediatamente concluida la Segunda Guerra Mundial.

Esta decisión, recomendada por una comisión formada en esa fecha por Bolivia, Checoslovaquia, Dinamarca, Panamá y Filipinas recomendó la división del territorio de Palestina en dos áreas: una para un “Estado Árabe” y otra para un “Estado Judío”. Los palestinos rechazaron tajantemente la posibilidad de ver partido en dos su territorio y compartir con el sionismo que ya lideraba entre el pueblo judío, las demandas de constituirse como Estado-Religión-Ejército de ocupación. Casi de inmediato, con el apoyo de Estados Unidos y gran parte de Europa (donde por 2,000 años fueron humillados y maltratados los judíos, tratados como parias), el sionismo se armó hasta los dientes  y estalló la guerra entre palestinos y judíos que ya lleva 65 años de derramamiento de sangre, violencia y odio de ambas partes.

Pero históricamente, es innegable que la Resolución 181-II de ese 29 de noviembre de 1947, establecía la partida de nacimiento de dos estados, incluso mandatando el establecimiento de una Unión Económica, un sistema monetario común, Unión aduanera entre ambos, compartiendo infraestructura como carreteras, ferrocarriles, servicios postales y telegráficos, puertos y aeropuertos. Y dándole un status de ciudad internacional a Jerusalén, decisión que Israel ha irrespetado ocupándola  militarmente.

Todo esto, realmente, sin tomar en cuenta el parecer del pueblo palestino ni el plan estratégico diseñado desde décadas atrás, por el sionismo, para la conquista de todo el territorio palestino, para el establecimiento de su utopía talmudiana, el “Gran Israel”. Esto, a costa de la reguera de cadáveres que el sionismo, de uno y otro lado, ha venido dejando como secuela de sus enfoques y planes fundamentalistas.

Con esta decisión, que alivia en algo la carga de la violencia contra Palestina, estamos viviendo un gran momento histórico.

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