Me pierdo.

No me dejan respirar, apenas suspirar

cuando los tomo.

Tus pechos.

Me agita y enerva.

ver esos poros extendiéndose

abiertos, tensos, turgentes.

En tus pechos.

Me maravilla.

Sentir la textura,

deslizarme raudo, lento

pero  incrédulo

totalmente incrédulo.

Del repaso de tu piel.

Por tus pechos.

Me obliga.

Esto me obliga

una y otra vez

a regresar

a preguntarle a mi boca, a  mis dedos,

a mi piel,

qué contiene, qué exuda,

qué  es,  ese mundo que encierras.

En tus pechos.

©Carlos A. Lucas Aráuz. Octubre 2012

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