Managua: Misa Papal de marzo 1983 en tarima politizada, muestra del enfrentamiento de los 80.

En los años 80, el FSLN difundió, a su manera, su enfoque sobre el papel de la religión, especialmente la católica-protestante. Este partido propuso una especie de corriente alternativa y confrontativa  dentro de esas creencias cristianas, imbuida de cierta dosis de un agresivo ateísmo ingenuo, que chocaron de inmediato con las de ciertos sectores del pueblo. Por ejemplo, muchos de los cuadros cubanos traídos a Nicaragua, también a su manera, quisieron enfrentarse a las creencias populares basadas en la fe religiosa. Hubo casos de esos “cuadros”, sandinistas, cubanos y de otras nacionalidades afines en esos momentos al modelo del FSLN, que se paraban en medio de una tormenta eléctrica y delante de grupos de “alumnos” a los que adoctrinaban, gritaban a los cielos: “Si Dios existe, que me parta un rayo”. Y nadie resultó partido con lo que concluían:” ¿Ven? Dios no existe”.

Ateísmo también de fe, no científico

Este ateísmo de pacotilla, burdo y ramplón, no científico, sino a su vez manipulador, fue una tónica del régimen de los 80. Llegaron los 90 y al perder el poder político, y sufrir su propia crisis existencial, recomposición, fuga de militancia, en 16 años de espera, la metamorfosis ideológica del FSLN y de su dirección,  devino desde ese ateísmo ramplón y de pacotilla, en una especie contraria, llena de fe, misticismo, biblismo y frases huecas de paz, amor y solidaridad que nada tienen que ver con su práctica de poder.

Mientras, durante esos 16 años, las administraciones reaccionarias y conservadoras nicaragüenses que reemplazaron al FSLN en el gobierno y en algunas alcaldías,   mangonearon,  también con cierto beneplácito pasivo de parte de la jerarquía católica, los prejuicios religiosos del pueblo, llenando, por ejemplo, de cristos y vírgenes, las cuatro rotondas de la capital. Exorcismos contra exorcismos, disputándose la visibilidad de los cielos.

Hoy en día, en la práctica, con el apoyo de los recursos de gobierno, en la capital se hicieron eternos en las rotondas los árboles navideños de alambre y luces, acompañando a los cristos y vírgenes, atiborrados a la par de los rótulos y slogans que propagandizan la eternidad del partido en el poder, en la mismas líneas de las consignas y mantras religiosas tipo: “Cristo ayer, Cristo hoy, Cristo Siempre”.

Comulgando para la foto: la reconversión de un dirigente fue la reconversión de todo un partido. La teología sigue siendo una melcocha maleable según circunstancias.

El partido en el poder en Nicaragua también ha confiscado para sí, no sólo esas escalas de tiempo para el ejercicio de su poder, sino que en contraposición a aquel ateísmo ramplón de los 80, hoy desborda en todos sus poros una especie de nueva teología, donde al contrario que en los mitos, el redentor no es crucificado, sino que crucifica, donde no es señalado acusatoriamente por el procónsul, sino que éste le aporta toneladas de petróleo, donde sus discípulos son todos los Judas que renegaron del “reino de los cielos “ con que originalmente se había concebido  una revolución en este país.

La oposición reza y la jerarquía, hace política

La jerarquía católica, al contrario de los 80, esta vez se encuentra a la defensiva y trata de enfrentar al FSLN en su terreno, en el político, cuestionando las elecciones, denunciando los afanes continuistas y opresivos, pero en descampado, porque las cámaras empresariales se refocilan repartiéndose las ganancias posibles en convivencia con el nuevo grupo económico, capitalista como ellos, que ha surgido desde aquellos barriles de petróleo, mientras que por el lado de los gremios de trabajadores, en su mayoría, o los reclamos de los pobladores, están absorbidos y controlados por el gobierno. La nicaragüense es una jerarquía religiosa que no se atreve a enfrentarse al poder desde el punto de vista de su propia teología.

Y es que ambos, Gobierno y jerarquía católica en este caso,  utilizan las mismas herramientas, los mismos iconos, los mismos símbolos y argumentaciones sobre el “Bien Común”. Y la iglesia no puede enfrentarse al discurso también teológico del partido en el poder, en primer lugar por la cooptación de todo un Cardenal y otros curas en sus filas, lo cual podría parecer un cisma y enfrentamiento interno y porque correría el riesgo de que el pueblo descubra el mecanismo de cómo funcionan las manipulaciones de esas creencias, como ya se vio desde el poder entre 1990 y 2007.

Así, a nivel político, no teológico, la iglesia cuestiona fuertemente al poder establecido en Nicaragua, lo cual no hace, no quiere ni puede hacer la “oposición” laica, al tiempo que no es raro escuchar a la oposición , repetir una y otra vez, imitando a los usaamericanos e ingleses: ”Dios Salve a Nicaragua”.

En la última declaración de la Dirección Nacional de la Iglesia Católica se señalan los cuestionamientos políticos más relevantes; dicen ellos:

  • Hay una autoridad autocrática y abusiva
  • Concentración de poder
  • Deseo desmedido de perpetuarse en el poder
  • Manipulación de la ley y de las instituciones
  • Destrucción de las bases del Estado de Derecho”.
  • Oposición se debate en luchas internas
  • Lo que buscan son mayores espacios de poder
  • Se basan en  ambiciones personales.
  • No interpretan  el sentir de la población
  • No renuevan a sus líderes
  • No ofrecen estrategias políticas alternativas claras que conduzcan a la elaboración de un proyecto de nación
  • Hay que replantear urgentemente  el funcionamiento integral del sistema político. (subrayado mío).
  • Hay que liberarse de la resignación, del indiferentismo y del conformismo
  • No dejarse llevar por el odio y de la violencia.

Para enfatizar, son conclusiones y líneas de fondo que la misma oposición política, a la que le correspondería, no quiere ni considerar y que reflejan, por parte de la jerarquía,  cierto derrotismo de enfrentarse a la ecléctica teología del gobierno.

La iglesia nicaragüense así está supliendo el vacío de alternativas políticas, pero  dándole largas al enfrentamiento o disputa por la teología de las masas, una disputa que cualquier partido o fuerza político ya tiene perdida de antemano, por el grado de permeabilidad y sensibilidad de buena parte del pueblo nicaragüense

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