Las visitas familiares y conyugales en las cárceles, son unos de los factores

Es la mejor noticia que pueda darse en uno de los países más violentos del mundo, que los homicidios se hayan reducido en 200 días de tregua, ¡de 14 a 5 homicidios por día! Aun esta última cifra es demasiado, habrá que ponerse la meta de cero homicidios.

Este esfuerzo de El Salvador (sin especificar que sea gracias a la actitud de las pandillas y sus líderes, de algunos miembros del gobierno, de la iglesia, de tal o cual gremio o barrio), es de enorme significancia: demuestra que sí es posible entonces, es viable, detener el flujo de sangre que azota, como en las etapas más primitivas de la humanidad, a nuestras sociedades.

Muchos razonan, al mencionar la necesidad de negociar la paz entre los responsables de estar infringiendo muertos y heridos de uno y otro bando en un conflicto, en que hay que llamar victoriosa a una parte y derrotada a la otra, que hay que llamar criminales a unos y victimas a los otros. Pero se equivocan, pues las guerras, la violencia solo produce víctimas, sean de uno u otro lado.

Y hay que añadir: negociar la paz no es negociar la pasividad o el sometimiento. Una guerrilla, como la colombiana, que se ha sostenido por más de 50 años, por más fuerte que haya sido su proceso político degenerativo (su política de secuestros, trato a la población civil, tratos con el narcotráfico local), es la contraparte natural de un proceso de paz en ese país. Unas pandillas, como las maras salvadoreñas, que han llegado a los extremos de violencia y barbarie al que han llegado, son la contraparte natural de un proceso de paz social en El Salvador.

La guerra tiene retorno, si hay voluntad politica

Claro que personal o individualmente podremos llamar criminales a las fuerzas derechistas colombianas que han militarizado la vida y la institucionalidad del país o a elementos de las guerrillas que han atropellado los derechos de la población civil, no beligerante; claro que personalmente podremos llamar delincuentes y criminales a los miembros de las pandillas de El Salvador, quienes en abundancia, han dado muestras hasta de violencia primitiva, de barbarie.

Pero en ambos casos, no podemos negar la fuerte raíz social, política, ideológica que ha dado viabilidad de manifestación, existencia objetiva a una guerrilla, a una pandilla.

Y lo precioso que resulta para la sociedad, para el pueblo de países con guerrillas o pandillas, poder lograr, poder alcanzar un estado en sus contradicciones, que no signifique la muerte de unos y otros, las mutilaciones, segamientos de vidas valiosas.

¿Cuántas de las, en estos momentos, personas vivas en Colombia o El Salvador pueden estar seguros de no ser alcanzados, no ser victimizados por un estado de guerra y violencia social? ¿Cuántos y quiénes tienen garantías de vivir sus vidas completas, como corresponde y no verlas sesgadas por balas, puñales, garrotes, secuestros, golpes de uno y otro contendientes en estos enfrentamientos sociales?

Quizás pueda resultar inédita esta especie de pacto social entre pandilleros y guerrilleros con las fuerzas que supuestamente los combaten, a fuego y candela, a través del cual, sin renunciar a los planteamientos de reivindicaciones sociales y morales de ambas partes, se pueda desarrollar esta lucha, sin recurrir al fuego y candela que muchos pregonan. Es una esperanza para todos y sería una genuina conquista de estos pueblos. Un paso alejándose de la barbarie.

No vamos a desmovilizar a la pandilla 18, seguiremos siendo pandilleros, pero vamos a ir renunciando a los delitos conforme encontremos espacios de reinserción y trabajo en la sociedad”, señaló García, uno de los líderes pandilleros, desde una prisión en Quezaltepeque, El Salvador, en la que cumple una condena de 28 años.

Igual han declarado los guerrilleros de las FARC, en el sentido que no se abandona el reclamo de reivindicaciones sociales (en su caso, el acceso y posesión a tierras por el campesinado, la desmilitarización del campo, etc.).

Sin embargo, la paz debe ser sostenible, viabilizada, a través de manifestaciones concretas, alimentada con pasos concretos. “No se puede sostener una tregua sin tener un plan integral” que involucre a todos los sectores, “porque no pueden haber ni atajos ni milagros“, opinó el coordinador del Sistema de las Naciones Unidas, Roberto Valent sobre el caso de la tregua en El Salvador. En ese sentido, la pacificación exige un pensamiento pragmático en ambas partes, pero con un sentido de rumbo estratégico para sostenerla.

Aunque hay que reconocer que siempre hay sectores y personas no solamente escépticos, sino reaccionarios a la idea de una pacificación. Por ejemplo, la opinión del  viceministro de Seguridad de Gobernación de Guatemala, Julio Rivera:” “Es algo muy utópico lo que hacen en El Salvador. Primero, porque no es cierto, pues las pandillas se pusieron de acuerdo para distribuirse el territorio (…) Es un mal precedente, no les va a funcionar”, añadió sobre el pacto de no agresión que en El Salvador iniciaron en marzo 2012 los cabecillas de la mara Salvatrucha y el Barrio 18, bajo la mediación de monseñor Fabio Colindres y el ex guerrillero salvadoreño Raúl Mijango.

Es difícil que autoridades conversen con delincuentes, porque lo que les corresponde es la aplicación de la ley“, dijo por su parte Eduardo Villanueva, jefe de la dirección de investigación policial de Honduras, como parte del mismo eco de algunas opiniones escépticas o incluso opuestas a los procesos de pacificación.

Realmente en un proceso de paz no hay derrotados ni vencedores, hay simplemente, gente valiente en cortar de raíz esa cadena de violencia, muerte y destrucción. Ese tipo de reacciones y actitudes, demuestran que definitivamente es más difícil pasar de un estado de guerra y violencia a uno de paz, que al contrario.

La pacificación puede exigir más sacrificios, más dedicación, más concesiones mutuas, que la guerra, comenzando por derrotar ese escepticismo y esa actitud reaccionaria frente a las inmensas posibilidades de la paz.

©Carlos A. Lucas Arauz. Septiembre 2012

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