En 1803, Haití fue el primer Estado, incluso negro, en abolir la esclavitud en Las Américas.

Centroamérica, como Republica Federal,  decretó  en  su Constitución  de 1824: “Articulo 13. Todo hombre es libre en la Republica. No puede ser esclavo el que se acoja a sus leyes, ni ciudadano el que trafique en esclavos”.

Mas adelante, Estados Unidos de America la abolió oficialmente, bajo el mandato de Abraham Lincoln (hasta  1862).

Sin embargo, desde esas fechas, aun hoy en dia, especialmente en nuestra región latino-caribe-centroamericana, siguen habiendo diversas expresiones de  esclavismo, formas de sometimiento por la fuerza, la intimidación o la coerción, de los cuerpos y voluntades de las personas, especialmente contra la niñez y las mujeres: la trata de personas.

Este 23 de septiembre se celebra el Dia Internacional contra la Trata de Personas, contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños.

Según la OIT, la trata de personas y el comercio sexual de opresión contra las mujeres y la niñez, incluido el tráfico de órganos, es el tercer negocio “ilícito” más lucrativo del mundo, después del mercado de drogas y el de armas, moviendo sumas inimaginables de capitales.

No es raro que los tres mercados se entrelazen, a veces en las mismas manos criminales, asi como  no es raro que sean los más lucrativos, a pesar de su naturaleza ilícita: pueden funcionar gracias a la cobertura de gobiernos, autoridades, funcionarios, entidades, negocios, que obtienen rentas por la permisibilidad.

Ya me he referido a la necesidad de visualizar el problema del comercio sexual en toda su cadena, incluida (igual que en las drogas y las armas), la demanda, la compra, uso y consumo de los sectores que pagan por este tipo de ilícitos.

No estamos acostumbrados a visualizar que la compra-venta sexual es un claro acto de lesión a los derechos humanos de las mujeres, por ejemplo, que se agrava cuando está  la niñez de por medio, ni a darnos cuenta que al momento de esclavizar sexualmente de esa manera a otro ser humano, estamos generando mas daño al empujar la demanda, de nuevo, al inicio de la cadena, propiciando nuevos reclutamientos, secuestros, extorsiones, engaños, chantajes, corrupción, etc., contra nuevas camadas de nuevos esclavos, mujeres, niñas, niños.

Esta situación se complementa con el efecto de la violencia social contra mujeres y niños, que les van cerrando espacios y oportunidades. Afirma Ana Hidalgo, Responsable Regional del Proyecto contra Trata de la Organización Internacional para las Migraciones-OIM,  que la única vía eficiente de prevenir la trata de mujeres es atacar todas las formas de violencia de género. “El tráfico de mujeres sólo puede entenderse como el proceso acumulativo de violencia diaria que afrontan miles de mujeres y las coloca en escenarios de alto riesgo cuando intentan escapar de ese ciclo”.

Por esa razón, la trata de personas se nutre grandemente de los flujos migratorios donde mujeres y niños son aun mas vulnerables.

Por su lado, la Directora Ejecutiva de ONU- Mujeres, señora Michelle Bachelet, en el diálogo interactivo de la Asamblea General de la ONU sobre “Lucha contra la trata de personas: asociaciones e innovación para poner fin a la violencia contra las mujeres y los niños”, celebrado el 3 de abril de 2012, afirmó: “En la actualidad, se presta mucha atención a la soberanía nacional, la seguridad nacional, la moralidad, la ley y otros paradigmas que penalizan a las víctimas y a las supervivientes de la trata de personas, en lugar de penalizar a los traficantes y a sus clientes. Es hora de atacar a los grandes sindicatos y redes de trata de personas y ofrecer protección, justicia y servicios reales a las supervivientes”.

Y una de las maneras de empezar en ese sentido, según la misma  señora Bachelet, “es prestar más atención a la prevención, la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y tener una tolerancia cero para la violencia contra las mujeres, incluyendo para la trata de mujeres. Los factores de prevención incluyen una mayor educación para las mujeres y las niñas, la creación de más empleos decentes para las mujeres, la oferta de servicios y protección social y el fomento de una cultura de respeto por los derechos humanos y la igualdad de género. 

Tolerancia cero es un buen punto de partida, de efecto inmediato, mientras la sociedad va conformando el resto de respuestas a esta forma de  esclavitud del siglo XXI.

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