LAS CORTES DE CÁDIZ Y LA CONSTITUCIÓN DE 1812

Ubicándonos a comienzos del siglo 19, hemos visto el tema de cómo América se independizó de España al independizarse España de Francia y la forma como Napoleón Bonaparte luchaba contra el sistema monárquico feudal en Europa, implantando… el sistema monárquico feudal bajo su control; y en ese juego, el peso que sus decisiones tuvieron respecto a la monarquía española y la desgracia de los Borbones, secuestrados por Bonaparte, que ayudó a alentar el  levantamiento independentista de  las colonias españolas en las Américas ante el vacío de poder y la imposición por la fuerza[1], de un emperador francés a la España, a su vez, imperial y colonialista.

España, seis años sin Borbones

El interregno de seis años en los cuales España, entre 1808 y 1814, sobrevivió sin sus monarcas borbones, sin su derrocado Carlos IV y su hijo complotista el Príncipe de Asturias, Fernando VII (“El Deseado”), originó un vacío de poder que ni  el francés José Bonaparte, coronado por su hermano Napoleón como monarca de España, ni los alzados españoles contra los invasores franceses, pudieron llenar a cabalidad.

Primero las Juntas Provinciales, luego la Junta Central, organizada para el resguardo de la soberanía de los monarcas, en su ausencia, y para dirigir y controlar la insurrección popular anti francesa y luego las Cortes de Cádiz, como primera manifestación Constitucional, surgieron en España (Septiembre 1810) como un intento de llenar ese vacío, pero manteniéndose en un estado intermedio entre el impulso de resguardar las formas monárquicas y el pujo de las incipientes fuerzas protorepublicanas que surgían en esa contradicción.

La Constitución de Cádiz (19 marzo 1812; “la Pepa”) es una muestra de la crisis de la monarquía, pero también de la insuficiencias de las nuevas formas democrático-burguesas de organización del Estado (en especial, el principio de soberanía, ya no tanto en el monarca, como en la misma nación o  pueblo, la  separación de poderes, la separación Iglesia-Estado, la clausura de la Inquisición, la libertad de prensa y de organización, sufragio universal (pero masculino, indirecto), etc.

Pero he aquí que las cosas no le salen a Napoleón Bonaparte como eran sus propósitos: abriendo su campaña en el frente ruso, debilita su presión en la península española-portuguesa contra Inglaterra, tiene que enfrentar la resistencia anti francesa en España, necesita retirar tropas para fortalecer su frente ruso, donde es derrotado estrepitosamente. Los españoles anti franceses encuentran la manera de aliarse con los ingleses y esta situación decide a Napoleón por jugarse la carta de liberar y restaurar a Fernando VII, retirar a su hermano José Bonaparte y sus tropas de España, lo cual persigue a través del Tratado de  Valençay (diciembre 1813).

Regresa Fernando VII-El Deseado. Humillado, pero Rey

Fernando VII, a su regreso, se  siente ovacionado por las multitudes a medida que va recorriendo pueblos y ciudades hasta Madrid, se niega a firmar o refrendar la Constitucionalidad de Cádiz en la propia frontera de ingreso y se impresiona con el grito multitudinario con el cual es recibido.

Dos hechos pueden ilustrar este surrealista comportamiento y explicar la falta de sentido y tacto político[2] de Fernando VII, que lleva a descomunales consecuencias históricas:

El primero: Un grupo de 69 diputados de las Cortes, reciben a Fernando VII con el así llamado Manifiesto Persa pidiendo anule la Constitución de 1812 y restaure plenamente la forma monárquica.

Iniciaba así el Articulo 1 de dicho manifiesto

Era costumbre en los antiguos Persas pasar cinco días en anarquía después del fallecimiento de su Rey, a fin de que la experiencia de los asesinatos, robos y otras desgracias les obligase a ser más fieles a su sucesor”

Así interpretaban estos 69 ilustrados, el periodo protorepublicano de los seis años sin monarca y así caracterizaban como “anarquía” el surgimiento de las fuerzas históricas democrático-burguesas abiertas claramente en Europa desde el inicio de  la Revolución Francesa (1789), rogándole a “El Deseado”, una plena restauración del poder monárquico.

El segundo hecho: A la música, gritos estentóreos de jubilo, “flores derramadas por los caminos, arcos de triunfo, engalanadas comparsas de doncellas y mancebos, corridas de toro, el coche real donde iba Fernando VII, jalado por caballos, fue detenido por el pueblo, liberados los caballos y el mismo pueblo, haciendo sus veces para llevar el coche, gritaban, eufóricos: “!Vivan las cadenas! ¡Vivan las cadenas!”

Y con ese grito de servilismo- surrealista[3]-inició su proceso de restauración monárquica, el fementido Fernando VII, testigo del desmoronamiento abrupto del otrora poderoso imperio español.

¿Y hoy en día?

No es tampoco raro comprobar (que aún hoy en día, hay sectores, grupos, partidos políticos, individuos, personas en sus cuatro cabales, capaces y convencidos de gritar en cada momento: “Dirección Nacional (FSLN), ¡ordene!…o del otro lado ”Viva Somoza”…”Somoza for Ever” …u “Ortega ayer, Ortega hoy, Ortega for Ever, para la eternidad, como expresó la señora Rosario Murillo en la Asamblea de la Esperanza NICARAGUA TRIUNFA 2006:

“(…) Y por eso mismo (…) este pueblo brillará; brillará como nunca, y sabrá gobernar con luz de eternidad”[4]

Será,  como  dice un analista español, en el diario ABC: “Y el pueblo, el mismo pueblo que lincha a quienes quisieron liberarlo, recibe el carruaje del rey con la liturgia vieja”…

¿¿¿¿¿Vivan las cadenas?????


[1] “Por la fuerza” es relativo, porque ambos Borbones y en especial Fernando VII, emitieron instrucciones para que sus súbditos se sometieran a Jose “Botella” Bonaparte.

[2] Esta falta de sentido de algunos elementos, puede tener consecuencias descomunales, como por ejemplo, en el caso de Nicaragua (1979), la decisión del nombrado Presidente Provisional,” un tal Urcuyo” de no entregar el cargo a Monseñor Obando y este a la Junta de Gobierno sandinista, como se había pactado, intentando de ultima hora un somocismo sin Somoza.  La surrealista, también, decisión del tal Urcuyo, rompió ese entendimiento, cuando los restos de la dictadura no estaban en condiciones de especular con la correlación de fuerzas.

[3] El grito de “Vivan las cadenas, abajo la libertad” es el inicio y final del film de Luis Buñuel “el fantasma de la libertad”. El inicio muestra los fusilamientos de Toledo, previo recordatorio de la imagen de Goya, de las tropas francesas contra los españoles que la resistían. Uno de los que están a punto de ser fusilado, aun con la muerte inminente, grita: “Vivan las cadenas”, aludiendo a su deseo de regreso de la monarquía española.

[4] Recomendable ver al respecto el comentario en Nuevo Diario “La Gran Profecía”, del 20 de noviembre de 2006.