Estábamos viendo el partido de fútbol, al Real Madrid, por televisión, con Avis Cana y miramos que en un movimiento de uno de los jugadores, se le zafó la zapatilla, pero eso no lo amilanó, siguió en el control del balón, logrando hacer un buen pase a otro compañero, que a su vez, siguió en la jugada hasta conectar un preciso disparo a la meta.

Todos comentamos el incidente y Avis Cana, en el intermedio, nos relató lo siguiente:

Tuve un amigo, Jorge, con el que intercambiaba mucho y era acomodado, pero medio snob: compró una finca de 3 manzanas en la carretera vieja a León y allí se fue a vivir con su compañera y un pequeño hijo, buscando la autarquía. Sembraban sus propias hortalizas, matando los gusanos indeseables a zapatazos, como le decíamos. Tenían varios cajones de abeja, donde llegaba a cosechar su propia miel.

Con suerte, encontró un ojo de agua allí cerca y con varios troncos de bambú perforados para convertirlos en una especie de tubo o canal, por gravedad, traía el agua cristalina hasta la propia casa. Instaló su par de paneles solares y un molinito de viento que le alimentaban unos acumuladores, para lograr energía eléctrica y mantener una vieja refrigeradora y trabajar en otra no menos vieja, computadora. “No escribo en las máquinas de escribir de cinta rojinegra como las que Sandino usaba en las montañas, porque no soy un anti consumista radical”, decía.

Tenía un hijo que rondaba los 10-11 años…y lo tenía en el colegio alemán, allá por el kilometro 10 de la carreta sur de Managua….no le quedaba largo y decía: “quiero que aprenda el amor al trabajo y al orden, de los alemanes”, nos explicaba cuando le criticábamos eso.

Pues el niño, Jorgito, entusiasmado, entró al equipo de fútbol del colegio y todos los sábados pasaban practicando y jugando hasta tarde. El niño jugaba con sus zapatos tenis de deportes. Le dijo una vez a su papá: “Papi, estoy jugando futbol y necesito zapatos apropiados, me los podes comprar? Inmediatamente el papá le dijo que sí y en la siguiente semana ya el niño jugaba con sus zapatos de fútbol.

Pasó el tiempo y Jorge, su padre, una vez decidió irlo a ver jugar, y me invitó, pues ya el niño era parte del equipo oficial del colegio. El profesor de deportes le decía que tenía excelentes cualidades para jugar de delantero. Pero ambos nos llevamos la sorpresa, esa vez, de ver al niño jugando con zapatos tenis, mientras el resto de sus compañeritos lo hacían con sus zapatillas especiales para fútbol.

Cuando vino el descanso del intermedio, ya entrada la tarde, y después de recibir las felicitaciones de los entrenadores y del profesor de deportes por el juego del niño, Jorge le dijo al pequeño: “Decime, estás jugando sin tus zapatillas de fútbol, que pasó con ellas, se dañaron, las olvidaste, las perdiste, te las robaron, no te quedan?

El niño agachó la cabeza unos instantes, preocupado de qué responder y le dice: “Papa, es que prefiero jugar con las zapatillas deportivas, porque todos los otros niños del equipo ocupan zapatillas Adidas de fútbol y las que vos me compraste ni marca tienen y ellos se burlan”.

Él se quedó un poco azorado por esa respuesta. ¿Cómo? ¿Su propio hijo, el hijo de un militante anti consumista, razonando como los demás masificados, como un niño consumista? ¿Reclamando por una marca? ¡Era el colmo, era irónico!

Vi como Jorge iba perdiendo la paciencia y como iba subiendo el tono de su voz reclamándole al pequeño. Pero le di una palmadita en la espalda y como que volvió en sí, e inmediatamente, recuperó su paciencia y su rostro siempre alegre.

Y llama a su pequeño hijo y le dice: “Jorgito, vení aquí. ¿Vos que tal jugador te considerás? ¿Hay alguno mejor que vos?

–          Soy bueno, papá, soy mejor que cualquiera de ellos, en verdad.

–          Entonces, si sos y te consideras el mejor, vamos a ver. ¿Hay alguno que juegue pésimo, muy mal?

–          Si papa, Andrés no juega bien, casi no le gusta moverse, no arma jugadas, no responde.

–          Y él, con que zapatillas juega?

–          Con Adidas, papa, de las mejores, incluso.

–          Y aun con las mejores zapatillas, ¿no es mejor que vos, verdad, que estás jugando con tenis?

–          No papá, no me supera.

–          Entonces, mi amor, no depende de las zapatillas, depende de lo que vos sos, querés ser, te sentís ser, estés de tenis, descalzo o estés de zapatillas. El buen jugador, el excelente, va a ser siempre el mejor, porque es el juego que hace, la forma como se mueve, la forma como saca lo mejor de los otros para lograr el gane, lo que realmente importa.

El pequeño se quedó unos segundos pensando, levantó sonriente e iluminado su rostro y corrió hacia su mochila, a ponerse las zapatillas de fútbol sin marca que su padre le había comprado, incorporándose, alegre y entusiasmado, al juego.

Avis Cana dijo esto en el exacto momento para ver el siguiente tiempo con el Real Madrid en la televisión.

©Carlos A. Lucas Aráuz. Agosto 2012

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