SERIE: !VIVA LA MATRIA!

En la historia, su registro, trasmisión y aprendizaje, se sigue de alguna manera la ley física del menor esfuerzo. Eso es patente cuando abordamos en nuestro continente  los antecedentes del proceso de independencia de España, con hitos que van desde 1805, 1808, 1810, 1821, etc.

Poco se menciona o se cita el hecho clave, que el movimiento de independencia de las Américas, de alguna manera siguen el ritmo de la propia lucha de independencia de España, contra Francia, en esos mismos hitos.

En efecto, aun en la época actual, España conmemora su lucha independentista contra la invasión, humillación y sometimiento que Napoleón Bonaparte de Francia  perpetró, fundamentalmente entre 1808-1813, contra España y que fue factor clave para alentar a su vez la lucha independista en las Americas, contra España.

Un imperio nunca visto

En:http://historicosocial-emsad201.blogspot.com/2010/08/division-territorial-de-la-nueva-espana.html

El imperio español construido a partir de 1492 no tiene parangón en la historia: todo un nuevo mundo a conquistar y someter para una sola potencia. España sin embargo, tuvo que competir desde entonces, más fuertemente, contra las pretensiones de Inglaterra, Francia, Portugal, Holanda y otros potentes reinos (alianzas y acuerdos de por medio), de disputarle su hegemonía mundial a partir del control de ese inmenso y rico nuevo mundo: Las Américas.

Francia, Inglaterra, se mueven más hacia el norte de Las Américas, mientras España y Portugal tienden a asentarse mas al sur. El Caribe insular viene a ser una especie de zona de transición entre als potencias de pretensiones coloniales. El dominio del arte y el poder de navegación y de fuego en los mares, era crucial para este surgir de potencias, graduándose ya en el terreno de lo global.

El pacto España-Francia

En medio de estas pugnas, las guerras son inevitables y a veces los descuidos se pagan caro: España debe lograr valer sus derechos arrebatados  por Inglaterra,  en el propio Peñon de Gibraltar, en el extremo Mediterráneo de su territorio europeo. España hace alianza con Francia para enfrentar a Inglaterra (de paso, reconquistar Portugal para sí), pero la  poderosa flota española es arrasada y humillada por los ingleses, en la batalla de Trafalgar (Cádiz) del 25 de octubre de 1805,  a un costo de mas de 5,000 vidas.

Las colonias españolas en el sur de las Américas, viendo esta estratégica derrota del poder imperial que las tiene sometidas,  se inquietan. Ya en 1776, las 13 colonias inglesas en el norte, habían logrado conquistar y declarar su independencia. Las proclamas de los “Derechos del Hombre”  en julio de 1789 en Francia y su revolución contra el absolutismo, fortalecieron las posibilidades y los ánimos independentistas en la América colonial y se sumaron a las raíces comerciales de la inconformidad. Y ya en Haití, en 1804, se había declarado la independencia de la Primera República Negra del mundo; así que la derrota de Trafalgar en 1805, tiene un efecto moral y de pensamiento, en la parte sur de Las Américas, la colonizada por la España Imperial.

En 1808, España, acuciada por sus necesidades, decide revertir la medida del libre comercio que había decretado con sus colonias, imponiéndoles  controles, cargas, tasas, impuestos extras, lo que se suma  a la marginalidad política que imponía en sus territorios.

Y en esas coyunturas, el antiguo pacto España-Francia era ya visiblemente un acta de sometimiento que se hace patente en el humillante secuestro que hace Napoleón Bonaparte contra el Emperador de España Carlos IV y de su hijo heredero el Principe de Asturias, Fernando VII, de la casa de Borbón, dejando, a  la manera de un ajedrez, sin monarcas a España y haciendo que los Borbones secuestrados  en territorio francés, abdiquen y entreguen la corona a  su hermano, José Bonaparte, Jose “Botella”.

La invasión napoleónica a España fue relativamente incruenta en sus inicios: el Tratado de San Ildefonso,  le permitia a Francia movilizar tropas por el territorio español, derecho que se consolida al lograrse el sometimiento posterior de Portugal. Las tropas francesas en el territorio español exigían avituallamiento y otros servicios, golpeando las finanzas de las localidades, bajo la pasividad del emperador Carlos IV y las tímidas protestas de  su hijo, Fernando VII.

¿Como fueron secuestrados por Napoleón los flamantes Borbones?

Fernando VII conspira contra su padre y emperador, Carlos IV. Se provoca el Motín de Aranjuez (19/03/1808) con lo cual Carlos IV se ve obligado a abdicar ante su propio hijo. Carlos IV acude entonces ante los oficios de su supuesto socio  Napoléon Bonaparte, tratando de recuperar su corona. Bonaparte ordena a sus tropas, con el general Murat al frente, avanzar contra Madrid y decide convocar a ambas cabezas de los  Borbones, junto al incansable Ministro Godoy, brazo de la ocupación francesa de España. Con el “auxilio” del propio general francés Murat, los tres monárquicos acuden hasta la ciudad francesa de Bayona, esperando cada uno ganarse el apoyo del  todopoderoso Emperador francés.

Bonaparte arma una solución en pocos días: Carlos IV perdona la intentona de su hijo. Fernando VII retrocede y reconoce a su padre, Carlos IV, como legítimo rey de España, regresándole la Corona. Pero obtenido este reconocimiento, Carlos IV abdica a favor de Napoleón, quien a su vez, nombra a su hermano Luis Bonaparte, quien declina a favor del otro hermano, José Bonaparte, el cual es ungido emperador de España y las Indias  y nombrado como “José I”, José Botella para el pueblo español.

Sucede así algo curioso: la potencia colonial que somete a los territorios del sur americano, es invadida y sometida por otra potencia mayor. ¿Un imperio que es colonizado, a su vez?

1808-1814: ¡Alguien tiene que rescatar a los Borbones afrancesados!

Los Borbones protagonizan entonces una rara experiencia: El emperador Carlos IV, le devuelve la traición a su hijo Fernando VV, perdonándolo por su rebelión, rescatando asi la  Corona, pero sólo para traspasarla al emperador extranjero invasor. Napoleón no se queda corto con ambos  ex emperadores, ofreciéndoles jugosas pensiones, castillos y sirvientes en Francia, donde se pueden hacer la ilusión que siguen reinando. Sólo que deben quedar retenidos en territorio francés, mientras Bonaparte hace de las suyas en España, a través de “José Botella”.

Igual que sus padres, Carlos IV y Maria Luisa de Parma, y que el inseparable ex ministro Godoy,  el heredero Fernando VII de España, pasa a ser una especie de “reo invitado” de los franceses y acepta un castillo en Valençay, a 300 kilómetros de París y una sustanciosa pensión que lo sostiene en un exilio-prisión… por seis años, donde no se cansa de mostrar sus afectos a Napoleón[1], mientras el pueblo español, libraba batallas por su independencia y libertad contra el invasor extranjero, lucha que se alargó desde aquel 1808, hasta 1814.

La Guerra de Independencia de España contra Francia

Fusilamientos del 8 mayo 1808, en Madrid por las tropas francesas. Obra de Francisco de Goya.

Así España, de una manera humillante, y la dinastía de los Borbones en particular, quedan totalmente sometidos a Francia y a Bonaparte, mientras se desata una lucha interna de resistencia y de verdadera guerra de independencia. ¿Guerra de independencia sostenida por quiénes? ¿Quién sale a luchar a pecho abierto contra los franceses, clamando por el regreso de los Borbones? – Pues la plebe, el pueblo, “ciego y furioso”, que al enternecerse (3 de mayo 1808)  de ver cómo lloran los pequeños delfines escoltados por tropas extranjeras rumbo a Francia (Napoleón no quería dejar herederos borbones que cuestionaran al emperador impuesto, su hermano), inicia una resistencia fiera contra los usurpadores de su monarquía.  Claro, con una pequeña ayuda de los amigos ingleses contra Napoleón, a quien solo le faltaba someter a Rusia e Inglaterra para declararse el rey del mundo europeo.

De hecho, la historiografía oficial de la España contemporánea denomina “Guerra de la Independencia” a estas gestas anti francesas.

Las colonias americanas de España, lógicamente, no podían aceptar, pasivamente,  tributar a un emperador francés, por más que España luciese una monarquía sin monarcas; así se inician las primeras alzadas de independencia en las Américas colonizadas por España.

Como se ve, con estos hechos, Fernando VII deviene en una especie de símbolo útil para las aspiraciones independentistas en América: da la oportunidad de pronunciarse contra la monarquía usurpadora de “José I”, apoyando a un monarca defenestrado por un invasor extranjero. Prácticamente a partir de 1810 se  intensifican las rebeliones y asonadas americanas contra la monarquía española, muchas de ellas alentando, contradictoriamente, como en el caso de México, la restauración monárquica de Fernando VII, a quien en su momento, al declarar la independencia, le ofrecerían regentar el nuevo imperio en la Nueva España.

La Guerra de la Independencia española contra Francia, alienta la guerra de la independencia de las colonias contra España. Lo que sentían las clases peninsulares y criollas americanas contra la metrópoli colonial, lo estaban sintiendo las clases monárquicas y populares españolas avasalladas ante el dominio francés.

¿Puedes sostener el yugo contra otros cuando otro te impone su yugo?

Obviamente, es imposible, como lo han señalado suficientemente muchos pensadores, que un pueblo pueda liberarse de un yugo que lo oprime, cuando a su vez es también opresor de otros pueblos. Soltarse de su propio yugo le hizo a España aflojar el propio sobre sus colonias.

En medio de la guerra contra Francia, se reúnen en España, en 1810, las  Cortes de Cádiz y se declara «único y legítimo rey de la nación española a don Fernando VII de Borbón», declarando nula la cesión de la Corona a Napoleón y por lo tanto, a “José I”. Más adelante, en 1812, las Cortes de Cádiz aprueban una Constitución, que reconociendo la monarquía y los derechos de los Borbones, introduce importantes cambios que limitan esos derechos. Este movimiento a la constitucionalidad también impacta en los cuatro Virreinatos de España en las Américas. La monarquía se desangraba de esa manera. La Iglesia también lo hacía, como rémora del imperio español.

Pero es hasta el 30 de octubre de 1813 que España, basada en la lucha popular, logra finalmente derrotar a las tropas francesas en Pamplona y el 11 de diciembre del mismo año, se firma el Tratado de Valençay, por medio del cual se restaura la Corona española a Fernando VII. Este es un movimiento político de Napoleón para no revertir su control estratégico de España en su lucha contra Inglaterra, mientras enfrentaba una guerra muy dura contra Rusia. Al fin y al cabo, Fernando VII había sido su huésped distinguido y cariñoso, en Valençay.

Sin embargo, ya para esta fecha, en las Américas, Bolívar, José de San Martin, Manuel Belgrano, combaten a las tropas españolas y el cura Miguel Hidalgo ha lanzado en México su “Grito de Dolores” (1810), llamando a la expulsión de los españoles., lo mismo que el cura Matias Delgado en El Salvador.

¡Regresan los Borbones!

Fernando,  en su retorno como emperador, desconoce las reformas constitucionales hechas en ausencia de los monarcas por las Cortes de Cádiz y decreta el 4 de mayo de 1814, la restauración absoluta de los derechos de la monarquía, que incluyeron la persecución a las fuerzas liberales surgidas en el interregno de esos seis años, a los españoles que colaboraron con el régimen de José Bonaparte, el cierre de la prensa de la época, la devolución de propiedades confiscadas a la iglesia, cierre de las universidades, juntas y ayuntamientos constitucionales.

Esta restauración del absolutismo tuvo una pausa a partir de 1820, cuando un militar, Rafael de Riego, da inicio a una serie de rebeliones, proclamas y pronunciamientos que obligan a Fernando VII a jurar la Constitución y a realizar algunas reformas a la monarquía. Esta etapa se conoce como el Trienio, pues dura hasta 1823, cuando Fernando VII recibe de nuevo el apoyo del ejército francés (los Cien Mil Hijos de San Luis), para continuar su obra de restauración monárquica, con formas altamente represivas. Este giro de absolutismo ya no puede impedir el desmoronamiento del imperio español ante las sucesivas declaraciones de independencia de sus antiguas colonias en las Américas. Fernando VII es el monarca que vive esta acelerada decadencia del imperio español y de la monarquía.


[1] Como por ejemplo, solicitar a Napoleón su venia para desposarse con la joven hija de “José I” a fin de “quitarle a un pueblo ciego y furioso el pretexto de continuar cubriendo de sangre la patria”.

©Carlos A. Lucas Aráuz. Agosto 2012