I

Néstor Javier López Martínez, de 38 años,  conducía esa noche su taxi Kia, crema,  placa ES 229; quería recoger unos ahorritos y sabiendo que  era domingo y que en la ciudad de Estelí, en una discoteca de las afueras, estaba una fiesta en lo fino, había decidido trabajar hasta más tarde y ya de madrugada, se estacionó a esperar pasajeros frente al local. No esperó mucho, salió un grupo de jovencitos y le preguntaron si los llevaba. Tres de ellos se quedaban a unas pocas cuadras y el último, Axel Pastor Rugama Munguía, de 19, era un vecinito cercano a su casa de habitación (Esteli no es tan grande), así que Nestor Javier dijo en voz alta: “Ok, con esto termino la noche, súbanse”.

Los chicos iban comentando los incidentes de la fiesta y dándose bromas entre ellos. Un poco mas adelante, los tres primeros jovencitos se bajaron, el  taxi arrancó y Axel Pastor, en el asiento delantero de pasajero, siguió conversando con el conductor. El taxi llegó a una esquina, dobló lentamente y tomó una calle de preferencia. Néstor Javier iba haciendo cálculos de cuanto iba a llevar a su casa, pensando si pasaba comprando una carnita asada y un cacao para dormir tranquilo, cuando de pronto, sólo alcanzando a ver un enorme resplandor encima del taxi, un ruido ensordecedor, lo trajo a la realidad.

II

Lenín Gerardo Avilés Hernández,  de 29 años, alegre, con sus buenos tragos y tres chicas acompañantes, a las 2:05 de la fría madrugada del domingo 4 de marzo del 2012,  conducía a toda velocidad un carro Honda, Acura, gris, placas M 058250, sobre el kilómetro 148 de la Carretera Panamericana Norte, Esteli, Nicaragua. No hay nada como sentir en las ventanas la frescura de la noche en el rostro, para despejar un poco la mente después de una buena noche de fiesta, pensaba, mientras sacaba la cabeza e iba cantando y diciendo chistes para su público  también alegre y cantando a los Tigres del Norte, mientras el Acura demostraba de qué estaba hecho.

De repente, una de las acompañantes le gritó:” no te tirés el alto” pero Lenin no escuchó o no pudo reaccionar y colisionó estrepitosamente un taxi crema salido de la nada. Fue espantoso el ruido y los gritos, el taxi viró violentamente por el golpe y al detenerse el Acura, vieron a dos personas seriamente lesionadas en el interior del taxi. Todos gritaban, pero nadie se bajaba a auxiliar a las víctimas y de repente, dos de las chicas comenzaron a gritarle al doblemente mareado conductor: ¡Lenin, Lenin, oí, reaccioná, vámonos, vámonos, salgamos ya de aquí!

Lenin no la pensó dos veces, el Acura se pudo encender de nuevo y partió a perderse en la bruma esteliana de la madrugada, confiado en la iluminación escasa de la zona, la hora, la posible  ausencia de testigos, que los pasajeros del taxi o estaban desmayados, o prensados, o muertos, así que decidió que lo mejor era, sí, salir lo más rápido de allí.

En el taxi Kia crema quedaban inertes, Néstor Javier y el jovencito Axel Pastor, que había recibido lo más fuerte del impacto.

III

El señor Ramírez solía quedarse de madrugada vendiendo en su puesto de frutas a la orilla de la carretera Panamericana, kilómetro 148 en Estelí.  Pero estaba en el puesto desde la mañana, había comido poco (era aburrido estar comiendo de las sandias, papayas, mangos, zapotes, mandarinas, bananos que vendía) y no se sentía bien: una muela lo había estado molestando, asi que comenzando la madrugada, cuando su hijito Everth Alexander Ramírez, de 15 años le llevó café y un par de “picos” de esos azucarados le dijo: ¡Papa, si quiere yo le cuido, váyase a dormir, allí llego yo más tarde, cuando venga mi mama. Solo déjeme sencillo por si acaso necesito vuelto”. El señor Ramírez, pensándola, al fin aceptó, sabiendo que en esas cosas su hijito era terco. “Así he sido yo, decidido pa´ el trabajo”, pensó orgulloso mientras se retiraba, no sin antes haberle dejado un sueter a Everth Alexander y recoger el termito del café.

“Estoy con suerte”, pensó contento Everth Alexander, cuando al poco tiempo se acercó un grupo de personas al puesto de frutas, a comprar tajadas de sandía, algunos bananos y mandarinas. Y también, una quería cigarrillos y la otra, una recarga para su celular y ese era su oficio de día en el puesto, mientras acompañaba a su mamá. “Pero a esta hora, a quién se le ocurre comer sandía”, se reía por dentro mientras preparaba las rojas y húmedas tajadas de sandía, pero feliz de estar vendiendo, cuando de pronto, sólo alcanzando a ver un enorme resplandor encima del puesto de frutas, un ruido ensordecedor, lo trajo a la realidad.

IX

Otilia Carolina Cruz Herrera, de 34 años, vivía cerca de aquel puesto de frutas que se divisaba apenas a media cuadra de su casa y que siempre se mantenía iluminado, lloviera, tronara o relampagueara,  con esas bujías tan brillantes, unidas por una trenza de alambres las unas con las otras. En la madrugada, Otilia asomó la cabeza por la puerta de su casa y viendo despejado y tranquilo, oyendo a lo lejos la música reagetonera de la discoteca, y volviendo a ver que sus cuatro hijos estaban bien dormidos, decidió salir porque no soportaba las ganas de fumar. Llegó y luego de comprar los ansiados cigarrillos, preguntó al jovencito que despachaba allí, si tenía fósforos para encender el primero.

Yáder Gutiérrez Gámez y Luis Adán Dávila Rocha, ambos de 22 años, habían salido de la fiesta, estaban comprando en el puesto de frutas y  los dos al unísono ofrecieron sus fósforos  a Otilia, quien les agradeció, pensando en sus adentros “bueno, todavía hay jovencitos amables”.

Yader observaba el corte de sandía que le había solicitado al chatelito del puesto; Luis Adan ya se había comido dos mandarinas de las tres que había pedido, y en ese momento,  todos oyeron algo extraño, chirridos, retumbos, quien sabe qué, voltearon a ver, sólo alcanzando a ver un enorme resplandor, que se acercó velozmente hacia ellos desde el otro lado de la calle y no supieron mas.

V

En las fiestas reagatoneras estelianas, a veces hay escándalos, pleitos, discusiones a gritos, ofensas, así que la camioneta-patrulla de la Policía,  Toyota,  placas PN 301, con el inspector de la Policía,  Juan José Gutiérrez Sánchez, de 34 años, Oficial Leonel Valenzuela, que estaban acompañados de los policías voluntarios Danilo Antonio Miranda, de 46; Marcio Antonio Laguna Guevara, de 40; Carlos Talavera Galeano, de 31; y Porfirio Arnulfo Molina, de 47 años, estaban en el puesto de control, haciendo su función literal a los conductores que observaban de lejos andaban muy tomados al abordar sus vehículos. El oficial Leonel Valenzuela estaba dentro de la patrulla, atento a las trasmisiones del aparato de radio con el que se comunicaban con la central. Estaban reportando un incidente en una dirección que él conocía bien y estaba escuchando las claves, para ver de qué se trataba e informarle al inspector Juan José al que acompañaba, se agachó un poco para subirle el volumen al aparato y apenas se estaba incorporando, sólo alcanzando a ver un enorme resplandor que se venía encima,oir los gritos de sus compañeros…y no supo mas.

VI

Lenín Gerardo Avilés Hernández, dejando atrás el taxi Kia crema y sus ocupantes lesionados, pisó como pudo el acelerador, las chicas amigas seguían gritando histéricas por lo que había sucedido con el taxi: sólo una de ella le gritaba,” detenete, volvamos alla, o bájame aquí! Las otras repetían lo contrario, mientras Lenin aceleraba cada vez mas, decidido. Pero no había recorrido unos 150 metros cuando el auto empezó a trastabillar, en parte porque sus piernas brincaban para arriba y abajo, sin control, de la agitación y en parte, estaba ahora consciente, estaba muy tomado de tragos y todo le parecía irreal, trágico y sencillo a la vez. Pero no pudo hacer nada para evitar ir en zigzag, a alta velocidad, de un lado de la carretera al otro, pensando que si aceleraba más, controlaría mejor el vehículo y a sí mismo. Tampoco pudo evitar ver como se pasaba llevando, con estrépito, sandias, papayas, mangos, zapotes, mandarinas, bananos, confundidos con rostros flotantes de personas que fumaban y lo quedaban viendo fijamente, rostros que hacían como que mordían extrañas mandarinas, rostros extraños hablando por celular, gritos, luces brillantes estallando como en fiesta patronal y mas allá, una luz roja intermitente y una puerta abierta que volaba mientras otro rostro se levantaba para verlo, también, con los ojos abiertos extrañamente. Intentó controlar esa fuerza que le arrastraba, viró, preguntándose qué hacia esa caseta llena de policías en su camino, oyendo como la derrumbaba su Acura indetenible, feroz e insaciable que no parecía querer detenerse e iba tirando su resplandor de muerte.

VII

La crónica del 5 de marzo del 2012,al día siguiente, decía: “Lenín Gerardo Avilés quedó prensado entre la chatarra, pero varios samaritanos lo extrajeron, mientras pobladores, amigos y familiares de las víctimas intentaban  lincharlo, por lo que una patrulla tuvo que trasladarlo de inmediato a la delegación departamental policial, para salvarlo”.

VIII

Tres meses después de esta carrera de la muerte piloteada por Lenin Gerardo Avilés, la crónica del diario del 6 de junio de 2012 dice: “La Juez de Distrito Penal de Juicio de Estelí, doctora Elízabeth Corea, condenó a ocho años de cárcel a Lenin Gerardo Avilés Hernández”  por haber provocado cinco muertes (1.Otilia Carolina Cruz Herrera, de 34 años (madre de cuatro niños); 2. Yáder Gutiérrez Gámez,  de 22;  3. Luis Adán Dávila Rocha, de 22 años;  4. Everth Alexander Ramírez, de 15, quien cuidaba un puesto de venta de frutas a orillas de la Carretera Panamericana; 5. Oficial de la Policía,  Leonel Valenzuela) y haber provocado lesiones graves a siete personas más (1. El inspector de la Policía,  Juan José Gutiérrez Sánchez, de 34 años: 2.Policía voluntario Danilo Antonio Miranda, de 46; 3. Policía voluntario Marcio Antonio Laguna Guevara, de 40; 4. Policía voluntario Carlos Talavera Galeano, de 31; 5.Policía voluntario Porfirio Arnulfo Molina, de 47 años; 6. Néstor Javier López Martínez, de 38 años,  conductor de taxi; 7. Axel Pastor Rugama Munguía, de 19, quien iba como  pasajero del taxista”.

IX

Un anuncio de Acura dice: “Acura es un fabricante automotriz conocido por ofrecer vehículos con altos niveles de lujo, accesorios y rendimiento. A pesar de no ser tan glamorosos u ostentosos como los autos de lujo europeos, no se les puede negar sus convincentes precios y valor total.

Pero aquella noche, sólo alcanzaba a verse como  un enorme resplandor a su paso de muerte.

 

Ver crónica del Nuevo Diario del 5 de marzo 2012: http://www.elnuevodiario.com.ni/sucesos/243819

Ver crónica del Nuevo Diario del 6 de junio 2012: http://www.elnuevodiario.com.ni/nacionales/253786-condenado-a-ocho-anos-autor-de-accidente-esteli

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