La poesía clama…no se declama.

El poema no se lee…se vive;

no se escribe…se encarna.

Lo poético no nos reconforta…nos agita.

La poesía tiene la magia de usar las mismas letras

con las que decimos cualquier cosa

y crear nuevos mundos, sacudir el nuestro,

hacerlos chocar.

Versos, hilados con fineza

para lograr el traje que nos desnuda

que nos viste de vida y sabiduría,

que nos trae el tiempo pasado

desde aquel lejano mañana,

ese efecto mariposa

que hace vibrar

a aquel extraño ser

del otro lado del universo

y que parece decir:

“Poesía, mujer, he aquí que tengo sed…

¡dame de beber!”

———

©Carlos A. Lucas A., 21 marzo 2012

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