No parecemos darnos cuenta, pero de vez en cuando sentimos sus aleteos, supuestas crisis y debacles. Me refiero al capitalismo de nuestro siglo XXI, un sistema económico-político que se ha ido expandiendo a sus anchas, a pesar que una y otra vez se han venido anunciando su agonía inminente, su muerte por colapso, sus espasmos finales y que más bien ha actuado como sepulturero de grandes sistemas supuestamente socialistas y como demiurgo haciéndose rebrotar a sí mismo de las cenizas de esos cadáveres, o de las propias.

Se muere…¿o es que nace?

El capitalismo, se hunde…y reflota, reflota…y se hunde, como esas ondulaciones percibidas por noctámbulos cerca del Logh Ness. ¿Su estado natural es el reflote o es el hundimiento?

En biología Darwin planteó en su teoría evolutiva de las especies, varias tácticas eficientes de sobrevivencia, entre ellas, la mutación (una adaptación definitiva a un cambio definitivo de las condiciones externas)…y el mimetismo, con el cual sobrevivir a las amenazas exteriores, haciendo cambios de apariencia, pero manteniéndose intrínsecamente igual.

Una de las esencias del capital es ésa, su capacidad de mutación y de mimetismo. El capital no tiene prejuicios si debe convertirse en una especie de travesti para lograr sobrevivir a un mal rato.

El socialismo “real” era irreal

El llamado socialismo real–un término acuñado por la cleptocracia soviética que oportunistamente se disfrazó de clase redentora de las clases mayoritarias— y que no era más que una especie de mutación o travestismo del capital en el mejor de los casos, terminó ahogándose en sus propias contradicciones y realmente sí colapsó,  dando a luz en toda su desnudez a las fuerzas del capitalismo que siempre siguieron allí, aunque bajo formas mimetizadas, como capitalismo del estado, fundamentalmente, el Mini-Me temporal que adoptó para sobrevivir a ese mal momento de grandes cambios.

Es el caso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y todo su sistema planetario (Yugoeslavia, Checoslovaquia, Bulgaria, Alemania Oriental, incluyendo Viet-Nam del Norte, Corea del Norte, Cuba, etc.). Un sistema económico-político e ideológico  que colapsó al estilo de los imperios de Gengis Kang, Nabucodonosor, Alejandro Magno, Bonaparte, al estilo de las clásicas escenas del hundimiento de un Titanic. Un hundimiento completo, e irreversible.

En cambio, el capitalismo, a pesar de sus crisis recurrentes, sale a los tres días del sepulcro, cuando la voz de las ganancias le dice: “levántate y anda!”, no importa qué tan vendado haya quedado en su sopor de muerte. Lo salva su travestismo, su capacidad de adquirir la forma corpórea que le sea mas conveniente para su sobrevivencia y permanencia.

¡Ornitorrinco!

El travestismo (mutación y mimetismo) del capital nos lleva hasta la fase actual, en la que sus fuerzas parecen haberse “espiritualizado” hasta hacerse incoloro, inodoro e insípido. Y es el caso de China, o Corea del Norte, Viet-Nam del Norte, o Cuba, en parte Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, donde tenemos un híbrido extraño que camina como capitalista, funciona como capitalista, se expande como capitalista, crece como capitalista, pero grazna como gobierno a favor del socialismo, del comunismo, de los pobres del mundo, de los esclavos sin pan. Es una especie de ornitorrinco de la historia y la economía.

Es el traje ridículo con el que el capitalismo se mimetiza para capear el vendaval del socialismo de charrateras, para protegerse preventivamente de las irresponsables conjuraciones de los magos de la demagogia, de los redentores sicológicos de los pobres y desheredados de la tierra.

El santo espíritu del capitalismo contemporáneo

La expresión mimética y mas “espiritual”, por lo incorpórea, del capital contemporáneo, es la del capital financiero, esencialmente especulativo. Es el espíritu supremo del siglo XXI, volátil, inatrapable, omnipresente, ubicuo. Sus expresiones físicas ya no se dan a través del burgués clásico metido en su oficina y vigilando (al estilo de la representación de “Tiempos modernos” de Charlie Chaplin), a los obreros que sudan abajo en las factorías o conspiran para organizar un sindicato.

Las relaciones sociales no sólo se han “sublimizado” y en cierta fase, también se han dotado de invisibilidad a nuestros ojos comunes, sino que también han variado su comportamiento: en las bolsas del mercado financiero de las grandes economías, se tranzan valores muy por arriba de los valores económicos reales. Es decir, valores que superan en muchas veces, el plusvalor que se ha venido generando en los procesos productivos reales. La fuente: el viejo deporte de los capitalistas, esquilmándose los unos a los otros para incrementar su dote.

El capital financiero es como una pandilla de hienas hambrientas: si pueden despojar a uno que otro feroz león de lo que estos cazadores con sus fauces y garras, depredaron, lo hacen sin titubeos…y en pandilla concertada.

Las crisis alentadas por el capital financiero moderno (como las del 2007-2008 y la actual persistentemente anunciada), son un simple movimiento de concentración y centralización del capital, que despoja a uno que otro leoncito del capital, de los suculentos valores cazados en sus correrías. Es más bien la crisis de algunos segmentos del capital, a costa de la prevalencia del capital financiero, que una crisis generalizada.

Sin embargo, de alguna manera, el capital financiero es una contradicción del sistema de propiedad privada en la que se basa el capitalismo: el dueño del capital financiero, de hecho renuncia a la compulsión de la propiedad sobre las cosas y las personas (medios de producción), no necesita ser propietario de activos, ni de  tierras, ni de licencias, ni de mano de obra, maquinaria o herramientas, lo que le permitiría  utilizar esa propiedad como derecho de extracción de valor en el proceso productivo.

Le basta ser propietario del capital puro y líquido, la quintaesencia, que a la manera alquimista, transforma todo lo que toca, en ganancias puras, en más y más capital, basado en la esencia especulativa de las transacciones de valor (más que en el intercambio de mercancías que reflejan ese valor).

¿Dueño de los medios de producción? -No; mejor de los de especulación

Con el capital financiero surge un propietario de nuevo tipo, es decir, un dueño de capital con un perfil y una lógica diferente: el no asiste a una sola reunión de junta directiva, no cambia gerentes en sus empresas, no busca la manera de esquilmar las demandas sindicales de sus obreros, trabajadores, empleados, no tiene la necesidad de llamar a la policía para reprimir una huelga reivindicativa, ni de discutir con sus obreros un convenio colectivo, ni de estar examinando mensualmente estados financieros, ni analizando con su contador cómo eludir al fisco y mantener contento a los agentes del gobierno. No. ¡Eso es ser burgués a la manera antigua!

Y ese capital financiero es la expresión mas concreta de esa ·”espiritualización” en la que pareciera que ese nuevo burgués, al estilo de San Francisco de Asís, renuncia a la angustia de la posesión de bienes, se emancipa de esa compulsión que lo lleva a sentirse propietario de “algo” como manera de encontrar, con esos valores en mano, su propio valor. ¡Ha brotado hoy en día, un capitalista que parece haber renunciado a la terrenalidad!

Aunque el dueño del capital financiero tiene la llave maestra del mundo y no necesita ser propietario de nada más que de esa forma de expresión del capital, no se ha ido de vacaciones ni mucho menos. Simplemente se posiciona para “pescar” como oso feliz, las truchas que saltan a montones por acá y por allá, en los mercados especulativos y en los pánicos de las crisis financieras y económicas que le alimentan. No lee estados financieros mensuales, ni siquiera cada día o cada hora. ¡Ni siquiera cada minuto ni aun segundos!: Para ello, se sirve de poderosas computadoras con poderosos programas que buscan recurrencias, ciclos, movimientos atípicos, algoritmos, en milésimas de segundos, realizando operaciones de compra, venta, retención, de manera incesante, en movimiento perpetuo, aunque infinitesimal.

HFT

Y así ubicamos a la única terrenalidad  que se permite este “espíritu de las bolsas” que agita las aguas de los valores: son las HTF (High Frequency Trading-Mercado de Alta Frecuencia),  usadas por agentes especulativos y captando micro ganancias en cada operación de fracciones de segundos con el uso de computadoras que pueden realizar miles de operaciones de intervención en los mercados de valores del mundo, en un lapso de parpadeo humano, mucho antes que pueda darse cuenta o reaccionar el más listo, inteligente o informado agente de bolsa del mundo: compran/venden en un momento de baja/alza, o compran especulativamente para provocar atención de otros especuladores, venden en el siguiente microsegundo, detectan otros productos, otros precios, otros márgenes, y van para alla, 24-365! Son nano ganancias, microscópicas ganancias…pero es el volumen acumulándose el que importa.

El Tapp Group, una de las firmas estadounidenses más poderosas en este tipo de operaciones, le llamó en un artículo la “Revolución algorítmica” de los mercados: Las HFT son como esos pollitos de granja: comen todo el dia y la noche (no se dan cuenta si ha salido o se ha ocultado el sol), granito por granito, con la diferencia en este caso, que nunca engordan, nunca es suficiente…pero van por el granero!

En Europa, las acciones especulativas aplicadas a través de computadoras que buscan patrones de comportamiento en bolsa, son el 35%. Mientras en ‎2005 las transacciones especulativas aplicadas por máquinas especializadas en EU, eran menos del 20%, en la actualidad, según el New York Times, significan mas del 60% de las transacciones y como ejemplo, menciona al caso de Golman Sachs, “que gobierna al mundo”, según la ya famosa frase de un corredor de bolsa inglés, y que basa gran parte de sus transacciones, en las HTF y menos en sus antiguos corredores.

¿Esto es libertad de empresa, es libre competencia, es  libertad de concurrencia, igualdad en información?…los ¿pilares o principios del capitalismo que creemos conocer? ¿El capitalismo socava al capitalismo?

La HFT han despertado ya la atención del Congreso de Estados Unidos, que a fines de enero 2012, conformó la Commodity Futures Trading Commission que deberá revisar e identificar estas operaciones de compra-venta de valores (Futuros, swaps, opciones) a gran velocidad y su impacto en la volatilidad de los mercados, que amenaza no solo a Estados Unidos, sino al mundo.

No deja de ser paradójico, que el agente del Tabb Group, E. Paul Rowady, quien precisamente había calificado la “revolución algorítmica” en los inicios de las HFT, refiriéndose a la actual disparidad entre los altos volúmenes de datos automatizados de los precios de los mercados y las regulaciones de competencia y transparencia de los años 70, la haya denominado “el circo de lo absurdo” criticando que se quieran aplicar esos criterios, pensados para humanos, a las operaciones con máquinas.

Pero “el circo de lo absurdo” es un buen nombre para caracterizar mas bien esa  volatibilidad y “espiritualización” del capital financiero, esencialmente especulativo: el capitalismo vive así su propio circo de lo absurdo, pero real, la manipulación de los factores de pánico financiero en las bolsas, del miedo de los inversionistas y consumidores.

Mencionemos, para concluir, que también paradójicamente, los efectos especulativos, en los que intervienen activamente las HFT, se miden en un índice bursátil llamado VIX (siglas en inglés), mejor conocido como Indice del Miedo.

Otro mundo nos gobierna y no nos damos cuenta.

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