Flor de col silvestre. José L. Hernández Zurdo. En:http://www.arteyfotografia.com.ar/11559/fotos/202631/

Tengo en mis manos ese breve cuento, “El nacimiento de la col”, en el cual Rubén Darío plantea el interesante tema de la dicotomía belleza-utilidad. Cuenta, en estilo de narrador para niños, sobre una bella flor del Edén que es abordada en su esplendidez, por el “maligno”, antes que lo hiciera en la primera tentación a Eva. Le susurra a la flor: “Eres bella”. Ella le contesta: “lo soy”, en un natural despliegue de auto suficiencia.

Pero de inmediato viene la primera tentación en el Paraíso en forma de pregunta: “¿Y eres útil?”.

Ese cuestionamiento del Tentador hace que la bella flor le pida al Creador, que pasea en su jardín, le conceda el beneficio de la utilidad. De esa aceptación, nace la col.

Hay múltiples lecturas de ese breve (170 palabras) pero sustancioso relato de Darío: Puede ser que se refiera a que no basta que el poeta, el filósofo, el pensador, el pintor, el músico, el genio creador, entregue, muestre, posea una obra perfecta y bella…pero si no resiste esa directa pregunta del Tentador: ¿Y eres útil?”, quizás habría que reconsiderar todo el plan creativo.

Darío suena pragmático y hasta como hombre de negocios: ¿Produces algo? ¿Y es útil lo que produces? La belleza no tendría entonces un fin en sí mismo. En La Canción del Oro y en el Rey Burgués, entre otros, ya está planteada en toda su esplendidez esa aparente contradicción daríaca entre belleza y utilidad, en realidad, entre Creador y Tentador, entre belleza y utilitarismo.

Aunque en el relato comentado, Darío rescata la necesidad de buscar una síntesis entre ambas fuerzas: la bella flor se convierte en un alimento preciado y en algunas partes, indispensable. Quizás una conclusión que nos sugiere, sea que la belleza debe ser consumada entonces, para que sea útil.

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 … Y esto es para ti: No sé qué pensaba o atormentaba a Darío al escribir así. Pero… contemplar la fiesta de tonos azulados, rosados, los jirones de nubes con ese anaranjado intenso que terminan en una línea de azul plateado donde el mar parece tragarse al horizonte y las nubes se erizan por el contacto, formando túmulos como piel, en este atardecer desde El Crucero, sentado y escribiendo en la misma grama verde y húmeda donde estuvimos, ¿no es todo esto, bello y útil por sí mismo?

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