Marcos 5:8-9 Entonces Jesús le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: “Legión; porque somos muchos”.

La espuria sentencia de la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua (http://www.elnuevodiario.com.ni/nacionales/108486-farinton-victima-de-de-arrebato), en el caso de Fátima Hernández contra Farington Reyes demuestra cómo la violencia, y la violencia sexual en particular, tienen simpatizantes, seguidores, justificadores, jueces, magistrados, magistradas, policías, periodistas, hombres, mujeres, curas y no curas y un largo etcétera de protagonistas sociales que minimizan la dimensión de la agresión y convierten a la víctima, en cooperadora necesaria de su propia humillación, sometimiento, victimización.

Si Fátima hubiese preguntado a los cuatro vientos, al iniciar su demanda como víctima de violencia sexual, los nombres de los que ya la habían condenado de antemano en Nicaragua, hubiese oído ese mismo rumor de oleaje:”Legión, porque somos muchos”.

Puede ser que Fátima nunca se imaginó, al plantear su demanda, lo que tenía que enfrentar al ir descubriendo ella, pero también para nosotros, que la ideología de la violencia y de la violencia sexual en particular en Nicaragua, tiene hojas, tiene ramas, tiene tronco, tiene frutos, pero principalmente tiene raíces profundas en nuestra manera de percibir, razonar, juzgar, valorar la violencia y especialmente, la violencia sexual.

La incansable Fátima Hernandez ha puesto al desnudo la misoginia del sistema judicial en Nicaragua

 

El agresor fue sentenciado y condenado en un largo proceso, a pesar de las complicidades de todo un aparato solidario que tejía y tejía las posibles salidas para minimizar la pena o incluso exonerarlo de ella.

Pero las evidencias eran tales, las pruebas eran tan irrefutables, el clamor de Fátima eran tan fuerte, que no hubo más remedio, para el aparato, que la condena a los 8 años de cárcel al acusado de violación.

Aunque resulta que esta condena era sólo una maniobra para distraer y calmar esa presión popular y en particular, de muchas organizaciones de mujeres y de anti violencia sexual: la estrategia era dejar transcurrir un tiempito, e ir reduciendo, de tanto en tanto, (primero fue de 8 a 6 años) el saldo de cárcel a purgar por el condenado:

Ahora, de un solo tajo, a la manera que actúan las pandillas o esa Legión de demonios, nuestra fementida Corte Suprema de Justicia de Nicaragua (conformada de paso por Magistrados de cargos vencidos), acaba de beneficiar al reo con una reducción de 6 a 4 años de cárcel. Pero eso es nada si leemos el razonamiento de estos señores y señoras de toga y birrete, para justificar la rebaja de la pena: (el reo, Farington)…actuó en estado de arrebato estimulado por la cerveza que había injerido en el bar Nonoy, dice la sentencia. Y para explicar mejor, añade: “ingirió cervezas, ingesta que produjo furor y enajenamiento relativo, causando excitación sexual y desenfreno, más el hecho que la víctima fue cooperadora…”.

Fátima entonces ¡¡cooperó con su propia violación!! El reo tiene culpa menor porque…es natural que un hombre quiera violar a cualquiera toda vez que entra en… ”un estado de arrebato estimulado por las cervezas que había ingerido en el Bar Nonoy” (sic.)…o sea, estado de arrebato, estado posesivo, enajenamiento “relativo”, que causa excitación sexual y hace que el pene del hombre ¡salga como esas mangueras que giran a todos lados cuando de pronto les entra una corriente de agua!

¡Pobre de la mujer, incluyendo alguna magistrada que esté cerca de alguien poseso, en estado de arrebato por las cervezas, porque si no sale corriendo, sino huye, será “cooperadora” del arrebatado violador que se les eche encima y a la fuerza!

Y aquí tendremos que decir que los fabricantes de las cervezas que causan esos efectos, son cómplices necesarios, y deben ser juzgados, pues en su propaganda no advierten de estos efectos dañinos, a la manera que lo hacen, por ejemplo, en las cajetillas de cigarros.

Ah! Y además, fijémonos que este efecto de la cerveza, por alguna extraña causa, sólo funciona para los hombres, pues hasta el momento, estos magistrados y magistradas que sentenciaron la rebaja por esa causal, no pueden tener noticias que las mujeres que beben cerveza salgan a violar hombres porque esa ”ingesta les produzca furor y enajenamiento relativo causándoles excitación sexual y desenfreno”.

Por ese estado ideológico, de valores y esa evidente fuerte recarga patriarcal y sexista en todo nuestro conjunto social, si las mujeres de Nicaragua lanzan su pregunta a los cuatro vientos, que cómo se llaman quienes las condenan de antemano a seguir y aceptar e institucionalizar su papel de víctimas pasivas y las condenan de previo por su manera de vestir, de andar, de hablar, de tomar cerveza, de bailar, de reír o carcajearse, de caminar solas, de ser coquetas (porque nada mejor para ellas que el despliegue porque sí de su autoestima), escucharán un rumor sordo, gigante, todavía que repetirá: “nuestro nombre es Legión, porque somos muchos”.

En el episodio de la parábola citada, se refiere que los demonios que poblaban el cuerpo del poseso, del arrebatado, pidieron a Jesús, les diese permiso de posesionarse de una piara de cerdos allí cercana. Les fue concedido, y se precipitaron de inmediato al mar.

No tenemos ese tipo de piarias; sólo contamos con las cárceles y la esperanza que la justicia a favor de las mujeres violentadas y violadas, se aplique como corresponda y de paso todos  y todas, nos vayamos educando, formando, convenciendo, que no podemos ser cómplices de estas situaciones, ni siquiera por omisión.

 

PD. Gracias, Gabriela Montiel, por incluirme en tu “Grupo en Rechazo de la Sentencia machista en el caso Farington R.-Fátima H.”

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