La Grilla de Amsler es una vieja prueba oftalmológica utilizada para valorar el funcionamiento de la visión y la existencia de “puntos ciegos” o escotomas. Los escotomas pueden hacer que muchos aspectos de la realidad no nos sean visibles, hasta que puede ser muy tarde. Lo hemos experimentado al manejar, detenernos en un cruce, arrancar creyendo que la vía está libre y asustarnos cuando de pronto aparece un coche, un motociclista, un transeúnte. Y nuestra disculpa: “No lo vimos” es real, aun cuando sea inconcebible que no nos hayamos percatado de eso real. Nuestra conciencia nos puede traicionar sobre la realidad.

Algo parecido sucede con pueblos, funcionarios, militares, subyugados y fascinados con líderes carismáticos como despóticos: El pueblo alemán se fascinó con Hitler, los argentinos con su Perón, los nicaragüenses con sus Somozas (asesinos de su líder nacional Sandino), sus alemanes y ortegas, los libios con sus Gaddafi, los españoles con sus príncipes y reyes Borbones, los sauditas con sus Abdulah, etc.

También sucede así en lo religioso, donde la humanidad está presta a postrarse ante cualquier cosa que sea incomprensible, inesperada, fuerte, desconocida.

Y no depende del nivel cultural o el desarrollo de un país o de una cultura: Por ejemplo, los católicos gustan de guardar pedazos de cadáveres o todo el cuerpo completo de santos, santas, monjes, curas, papas y demás y se postran reverente ante ellos y se han llegado a contabilizar en Europa hasta 60 dedos venerados de San Juan el Bautista, asi como curiosamente, hay al menos conservados tres prepucios de Cristo en Amberes, Hildesheim y Santiago de Compostela. La Catedral de Oviedo contiene un tesoro completo de reliquias: desde el Santo Sudario, pasando por muestras de la leche materna y de lágrimas recolectadas de Santa María y la famosa Hornacina de la Hidria, del siglo XV, donde se venera una de las 6 tinajas de las Bodas de Caná. El 21 de septiembre los creyentes con suerte, tienen el privilegio de beber una parte de sus 100 litros llenos de agua bendita.

Podemos encontrar lentejas y pan sobrantes de la Ultima Cena en el Santa Sanctorum de Roma, el Santo Grial está en la Catedral de Valencia. En Velilla del Ebro, España, está una campana con las 30 monedas fundidas de Judas en la traición a su maestro. Si hurgamos, podemos encontrar la cola del asno en el que entró Jesús a Jerusalén, ombligo del niño Jesús en la iglesia de Santamaría de Popolo, en Roma, etc.

Los escotomas de este tipo son infinitos; baste recordar cómo el brazo derechocercenado y momificado de Don Bosco recibió honores militares en el Aeropuerto Sandino de Managua y anduvo recibiendo veneraciones masivas en algunas iglesias.

Los que han andado en el monte o bosque húmedo, saben que algunas palmeras de coyol caídas por alguna causa, por rayo, por otro árbol o rama gruesa caída, forman con la lluvia y la humedad, una fermentación que atrae a animales del bosque, incluyendo a algunos monos que gustan embriagarse con ese regalo del cielo.

Nos gusta embriagarnos y eso nos pierde. En medio de la exuberancia de información y conocimientos, como en la selva los monos adictos, nos gusta llenarnos de escotomas, de fabricar una realidad a nuestro gusto y antojo, aunque el mundo concreto en el que vivimos no se parezca en nada. Huimos así de esa realidad, no la queremos conocer.

Por eso, cuando esa verdad estalla, como el video de la masacre de civiles, incluido seis niños y dos periodistas de Reuter, desde un helicóptero usaamericano en Irak y una de las primeras revelaciones de Wikileaks, nos hacemos los desatendidos, nos damos alguna explicación y justificación y seguimos con nuestras vidas, diciendo, como han dicho ya algunos presidentes latinamericanos: “Wikileaks es una colección de chismes de viejas, cuentos de camino”. Sin asombrarnos que son al menos 391,831 documentos extraídos de los sistemas de información e inteligencia de la todavía mayor potencia del planeta. Y ya.  No importa que esa información haya sido decisiva en el levantamiento de Túnez que ha desatado un lento pero demoledor tsunami político, en el mundo árabe, de momento.

Pero así, estamos observando un fenómeno interesante y es que el volumen masivo de información nos puede provocar un efecto contrario al esperado al chocar con una verdad: la indiferencia, el yoquepierdismo y hasta cierta dosis de cinismo y pragmatismo. Un cambio de eje de valores parecidos a los del eje de la tierra con los terremotos de Chile y Japón. Nos aferramos mejor, a las verdades viejas sabidas y no a procesar la nueva realidad.

Lo prueba el debate sobre la guerra civil en Libia, devenida a conflicto internacional. Unos quisiéramos una acción concertada para evitar la masacre de un gobierno contra su propio pueblo, otros llaman a eso “injerencismo extranjero”. ¿Cuál es la verdad? Mientras la dilucidamos, aun con todo el volumen de información, siguen “muriendo los mismos que mueren en todas las guerras”, al decir de Napoleón. Israel sale a bombardear como en pic- nic, a la Franja de Gaza y los que claman contra la exclusión aérea en Libia, no dicen una sola palabra contra Israel. ¿Cual es la verdad?

Israel atacó Gaza en diciembre de 2009 matando a 1,400 palestinos utilizando fósforo blanco Israel justificó ante el Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, el uso de fosforo blanco y la matanza. La ONU ni parpadeó, aunque en el incidente incluso afectó a la sede en Gaza de la ONU de Ayuda a los Refugiados Palestinos (UNRWA), eliminando toda la ayuda humanitaria que desde allí se proveía e hiriendo a tres de sus funcionarios.

 

La clasificación de información, el análisis frio, la racionalización, la fijación de valores que trasciendan nuestras limitaciones humanas, que nos alejen de la barbarie, es una manera de responder al diagnóstico de la Grilla de Amsler en nuestras conciencias, la esclavitud a nuestros propios puntos ciegos.

La Era de la Información nos pone de tarea, la investigación  de la verdad. Pero resulta que el principio de “La Verdad os hará libres” es una afirmación mentirosa o al menos, inexacta. Las verdades, el flujo interminable de las realidades que nos llega a a través de la Era de la Información, nos ata más bien a las zonas mas cómodas de nuestras conciencia, a ese “país de los escotomas”, el mundo de los puntos ciegos. Es una reacción primitiva, como la de los aburridos monos de la selva, felices en su rutina diaria y buscando su traguito de coyol fermentado para completar el paraíso llamado rutina.

La lucha contra nuestras propias reacciones de huida ante la realidad, el síndrome de fuga o conformismo, de pasividad, es en buena parte, al interior de nuestras conciencias. Tenemos que estar permanentemente usando una especie de Grilla de Amsler para verificar que nuestra visión, nuestra percepción y análisis de la realidad se vaya ajustando y eliminando esos puntos ciegos que nos pueden llevar a un choque inesperado, a una tragedia, por ignorarla. Pero hay que atreverse.

Anuncios