En esta vieja película (Dir. Peter Weir,1989) del mismo nombre, un profesor de literatura de una prestigiosa universidad estadounidense, logra estremecer la escala de valores y la vida personal de sus alumnos, a través de la poesía y de los reclamos de las generaciones anteriores, los alumnos poetas muertos, que les reclaman a estas generaciones nuevas sumidas en la comodidad y rutina de sus vidas, que no pierdan lo que es irrecuperable, el tiempo, al grito de “!Carpe diem!” (Del poeta latino Horacio: Carpe diem quam minimum credula postero – Vive el momento, aprovecha el día, no confíes en mañana).

Sin esta urgencia de hacer lo mejor hoy, no quedará legado en el futuro. El vivir el presente, Carpe diem, con los ejercicios poéticos, reflexiones y pequeñas rebeldías contra el status quo, que van creciendo, provoca una crisis y rebelión en los jóvenes y el choque natural contra las fuerzas establecidas.

El profesor de literatura también les enseña que ese grito de los poetas muertos, implica conocer las consecuencias de los actos de rebeldía, al enfrentarse a la situación opresora, que los condiciona permanentemente a la pasividad, al seguimiento mecánico de las instrucciones y a someterse mansamente a los mandatos del poder y sus empalagosos funcionarios.

¡Carpe diem! es un grito que resuena en Nicaragua desde las cuevas, catacumbas y lápidas de nuestra propia Sociedad de los Poetas Muertos, todos aquellos soñadores que nos antecedieron, que recitaron sus parlamentos en el momento oportuno, que tuvieron sus Carpe diem mirando fijamente hacia nosotros, las generaciones presentes; los y las que estuvieron en montañas, cerros, casas clandestinas, campamentos, combates de calle, manifestaciones, entrenamientos, comunicados, soledades, renunciaciones, manifiestos, huelgas, proclamas, casas de seguridad, boletines, noticias, agitación, luchando por una nueva nación, un hombre y mujer nuevos, por la libertad, la democracia, por el enterramiento de la represión, de la censura, de la dictadura de la mediocridad, de la corrupción, del compadrazgo, del amiguismo, del cinismo, del oportunismo, el carrerismo, de la violencia, de los golpes, de las turbas lumpen emborrachadas y compradas a la baja, del aprovechamiento del Estado para las empresas familiares y de los amigos y compinches. Todos ellos, nuestros poetas muertos.

Ellos dieron los días de su vida para heredarlos al futuro, que es ahora, cuando deberíamos mostrarles orgullosos el fruto de esa entrega. Pero, ¿qué tenemos?: Hemos regresado, en 360 grados, al punto de partida: insuficientes escuelas, insuficiente salud, insuficientes viviendas, insuficiente trabajo, insuficiente paz, insuficiente seguridad, insuficiente riqueza, insuficiente bienestar, insuficiente libertad y democracia, los leit motiv de nuestra Sociedad de los Poetas Muertos.

¿Qué les diremos a sus reclamos, que nos dicen ellos? ¡Qué tiempo el que se ha perdido, nos gritan desde sus huellas! Y nos reclaman que hagamos lo propio, como en su cueva de iniciación: levantar la frente, soñar, producir poesía como ejercicio de libertad. ¿Acaso no es poesía soñar desde ya con una Nicaragua nuestra, no la de los dictadores o testaferros de turno, no la Nicaragua que dictan unas veces los usaamericanos, otras los búlgaros, rusos, cubanos, venezolanos? (“Estamos construyendo una nación en Nicaragua”, dice un simple pero acaudalado gerente de fondos estatales venezolanos, que recuerda aquella cínica frase de T. Roosevel, “I took Panamá”, yo tome Panamá).

A Nicaragua la debemos construir nosotros, los nicaragüenses. Es lo que nos gritan aquellos luchadores, todos los luchadores que murieron en ese afán de construir una nación y que nos reclaman esta pasividad, yoquepierdismo, acomodamiento, desinterés, individualismo, conformismo, valores que asfixian a esa nueva nación que tenemos que hacer nacer. Organicemos nuestras Sociedades de los Poetas Muertos, porque tenemos que dejar un legado al futuro, consideremos el valor que tiene el tiempo en estas luchas y en estos logros, hagamos del día a día una cadena de logros en la construcción de la Nicaragua que soñamos y por la que debemos dar todos, lo mejor de cada uno.

Vayamos hilvanando ese concepto de nación y Plan de Nación con la que también hilvanaron su sueño, la Sociedad de los Poetas Muertos que nos han precedido y que no debemos defraudar. ¡CARPE DIEM!

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