El ejercito puede ser obligado a no disparar al pueblo.

Por la víspera, se saca el día: el elocuente Barack Obama, al pronunciarse oficialmente sobre los sucesos en Egipto, contra su costumbre, lo hizo leyendo un texto pre escrito y negándose a responder preguntas de los periodistas que cubrían su comparecencia.

Y es que el derrocamiento popular de Zine El Abidine Ben Ali en Tunes el pasado 14 de enero (con un fuerte peso de la capacidad organizativa y agitativa del movimiento sindical), deja un precedente de lo que pueda suceder en Egipto, donde más del 40% de la población se mantiene en la pobreza, con un régimen altamente autoritario, altos niveles de corrupción y una vida ostentosa de las élites, encabezadas por el General Hosni Mubarak.

EEUU no se inmuta ante un régimen de 30 años, al que se le ha llamado la “Dictadura Perfecta”. Sostenido y apoyado por EEUU, a pesar de los postulados usamericanos sobre democracia, elecciones libres, libertad de expresión y las persistentes acusaciones de fraudes electorales, el régimen está enfrentando una fuerte movilización popular, que ha cuestionado asi, el permanente estado de excepción en la que ha vivido el país durante estas tres décadas de continuismo.

Siendo Egipto un aliado estratégico de EEUU, ha sido utilizado como cuña del mismo palo contra otros países árabes no alineados directamente a los intereses de EEUU como Irak, Iran, Siria, Jordania, el Líbano, estableciendo un colchón a favor de Israel.

Asi, Egipto, después de la Guerra de los Seis Días en 1973, salió de  la esfera de influencia de la URSS y se convirtió en  bastión de EEUU, hasta el punto que Mubarak exporta cemento a Israel para que este pueda construir sus asentamientos en tierras palestinas. Igualmente, Mubarak mantiene cerrada a Rafah, la puerta de paso entre Egipto y la franja de Gaza, todas acciones con las cuales ha logrado mantener un régimen subvencionado por la masiva ayuda económica y militar, de EEUU.

La masiva ayuda económica, sin embargo, ha generado una elite parasitaria y ha producido niveles de corrupción insostenibles, trayendo por consecuencia bajos niveles de sanidad, educación, seguridad ciudadana. Todo esto, con el desarrollo de un régimen altamente represivo y violador de los derechos humanos, fenómeno invisible para Occidente, mientras Mubarak y su cohorte garantizaban su alineamiento a la geopolítica de EEUU en el Medio Oriente.

La respuesta del anciano y enfermo Mubarak a las manifestaciones populares, está siendo brutal. Como referencia de esto, en los cambios de gabinete que está propiciando como forma de neutralizar las protestas (una de las demandas del tímido Obama), ha nombrado al Jefe de Inteligencia a Omar Suleiman, como su vicepresidente. Ante una eventual renuncia de Mubarak, no queda duda de cuál es la salida de control que le seguiría. Suleiman es reconocido como hombre de confianza de la OTAN, el mismo EEUU e Israel. Es el primer vicepresidente nombrado en los 30 años de poder de Mubarak, quien supuestamente arreglaba su sucesión con su hijo, Gamal.

Treinta años de Mubarak se alargarian con la sucesion en su hiho Gamal Hosni

Con todo, la movilización de masas en Egipto puede resultar engañosa. Los semi proscritos Hermanos Musulmanes, que son una fuerza que propugna por la implantación de un Estado más genuinamente islámico, a través de Kamel El Helbawy, uno de sus líderes, a pesar de haberse distanciado de las movilizaciones populares, declaró en una entrevista con Reuters “que el grupo no es una amenaza para Occidente, ya que, en caso de llegar al poder, actuarían de manera “más democrática” de lo que lo ha hecho Mubarak”.

También se ha ofrecido para liderar una transición post Mubarak, el premio Nobel de la Paz Mohamed el Baradei, ex Director General del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).Baradei cobró notoriedad junto a Hans Blix, por haber sido enviados de las Naciones Unidas a Irak a certificar la existencia de armas de destrucción masiva, terminando por contradecir y cuestionar las afirmaciones tajantes del gobierno de Bush que llevaron a la invasión de Irak.

Y en perspectiva, no hay que descartar la posibilidad que Mubarak, al estilo de Noriega o Somoza en su oportunidad, si perciben un abandono del apoyo de EEUU en medio de sus crisis de poder, se alce con un discurso pro islámico, pro palestino y anti estadounidense como un último y desesperado intento de sobrevivencia.

La movilizacion popular en Egipto ha sido desbordante

Esa posibilidad explica el cuidado de Obama de ceñirse a la lectura de su declaración sobre la situación de Egipto y su renuencia a contestar a los periodistas presentes.

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